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Tras seis días sin metro al sur de Medellín, aún sigue la pesadilla

Tras seis días sin metro al sur de Medellín, aún sigue la pesadilla

El cierre cambió la cotidianidad de los usuarios. Dicen que el plan de contingencia no funciona.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de enero 2014 , 09:14 a. m.

 Miles de cuerpos pegados unos a otros en los vagones, cabezas gachas, charlas improvisadas y música que sale por los audífonos de colores para mitigar el tedio.

Las primeras personas en traspasar la puerta de los vagones arrancan una carrera en busca de la salida. Pasan el torniquete con un brinco, esquivan los obstáculos, bajan las escaleras y se precipitan al primer bus integrado que ven con su ruta, la que no pueden continuar en el tren desde que la operación fue suspendida por el daño en un muro de contención del río Medellín.

Quienes lo toman con paciencia son sorprendidos con empujones. Tienen que correr o son arrasados, el estrés se contagia.

Parece que van tarde, algo los incomoda o ha infringido su cotidianidad. Todos llevan preocupación y ansiedad en sus rostros.

Con los bolsos o carteras abrazados, para evitar un robo, los usuarios del metro tratan de llegar a tiempo a sus trabajo. Por estos días a muchos les queda difícil, casi imposible. El viaje se ha convertido en una odisea.

Las quejas de los usuarios son constantes por las dificultades en el transporte –filas, tumulto, aglomeración y tardanza en las rutas– pero lo que más les afecta es no poder llegar temprano a sus casas a comer y descansar. Los que tienen hijos corren por verlos; los que no, solo desean encontrarse con su pareja, algún amigo, o relajarse en su casa viendo televisión o cocinando. Nadie quiere pasar por el metro.

Esta situación, generada por el intenso invierno que socavó la base de un muro en el río, ha afectado la tranquilidad de miles de ciudadanos cada minuto. Solo el martes, primer día de la clausura de las seis estaciones del sur, 80.000 personas fueron las afectadas.

“Me ha tocado levantarme a las 4:00 a.m. –antes lo hacía a las 5:00 a.m.– porque hay mucha fila en la estación. Además gasto tiempo mientras me bajo del metro y cojo el integrado (…) Después de todo un día de vaya y venga termino rendida”, dijo María Fanny Gómez, quien, vive en la Aguacatala y trabaja en Envigado.

Fanny, además de trabajar durante más de ocho horas al día, tiene que atender a su madre de 85 años, quien sufre de múltiples enfermedades y no puede realizar ninguna actividad. Por eso, quiere llegar temprano a su casa y dejarle listo el almuerzo para otro día.

Algunos, como Edwin Olaya, quien labora en una fábrica en Caldas y vive en el barrio Juan XXIII, en la comuna 13, noroccidente de Medellín, dijo haber llegado tarde al trabajo toda la semana pasada. Esto –anotó– por los trancones que se han formado en la Regional.

“Voy para el trabajo. Ya son las 5:40 p.m. y entro a las 6:00 p.m.”, agregó, mientras esperaba el integrado en El Poblado. “Trabajo por la noche, así que levantarme tan temprano a veces es imposible, me gana el sueño y el cansancio”, señaló Olaya.

Otras queja de los usuarios tiene que ver con las filas a la hora de comprar los tiquetes. En hora pico son hasta 30 o 40 personas esperando afanados porque la mayoría están retardados para llegar a tiempo a su lugar de destino.

“Me estoy demorando dos horas y media para llegar, casi siempre me toma hora y media. Paso hasta 20 minutos haciendo filas”, señaló Juan Camilo Sánchez, quien vive en San Cristóbal y trabaja en una empresa de alimentos en Envigado.

Siente estrés. Mira el reloj, preocupado, por la hora en que llegará a su trabajo. Piensa en el regreso: debe llegar a hacerse la comida.

“El poco tiempo libre que tengo es solo para levantarme, comer y volver a trabajar”, agregó.

Contingencia en marcha

Jorge Mario Tobón, Gerente Social y de Servicio al Cliente de El Metro, admitió que la suspensión genera un incremento en sus tiempos de desplazamiento. Confesó que el primer día fue caótico porque nadie sabía que se estaba presentando este evento y llegaban a la estación de El Poblado sin saber que hacer (...) “Ahora, después de algunos días, se dirigen a la estación que debe ser para la integración”.

El plan de contingencia cuenta con más de 40 guías, perifoneo, acompañamiento policial y más de 300 buses alimentadores en la estación El Poblado. Además de 50 personas adicionales que cooperan en la organización del flujo y las rutas, dan información y apoyan las ventas en las taquillas.

Después de todo es tan grande el cariño de Fanny, Juan y Edwin hacia el metro, que a pesar de las quejas esperan con paciencia que el sistema vuelva a su normalidad y agradecen que por una decisión oportuna les salvaran sus vidas.

PAOLA MORALES ESCOBAR
REDACTORA DE EL TIEMPO
MEDELLÍN

 

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