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Una violencia sin tregua se vive en las goteras de Bogotá

Una violencia sin tregua se vive en las goteras de Bogotá

Escasas oportunidades laborales y el aumento de las pandillas se arraigan en el municipio de Soacha.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de enero 2014 , 06:11 p. m.

“Los viernes, sábados y días de quincena llegan cientos de heridos a la sala de urgencias. Algunos hasta con 30 puñaladas. El suelo parece una carnicería”, cuenta un funcionario del Hospital Mario Gaitán Yanguas, de Soacha, el vecino más populoso de Bogotá que en los últimos años ha visto cómo se instala en sus calles una violencia que no da tregua.

En este municipio cundinamarqués, de unos 800.000 habitantes, los niveles de criminalidad –en contraste con la capital, donde la situación tiende a revertirse– se han disparado tanto que en los últimos seis años los homicidios se duplicaron. De los 102 casos registrados en el 2008 se pasó a 221 en el 2013. Aunque el primer dato es de Medicina Legal y el segundo de la Policía, el informe de 2012 entregado por el instituto forense (197) ya evidencia ese acelerado crecimiento.

Pero hay más: la cifra de homicidios en Soacha representa el 43,8 por ciento del total de asesinatos ocurridos en Cundinamarca (504) el año pasado.

Las autoridades aseguran que gran parte del problema tiene que ver con casos de intolerancia, algo que reflejan las cifras: el 92 por ciento de los asesinatos registrados en el 2013 se dieron en medio de riñas, mientras que un 8 por ciento de muertes fueron producto de atracos. Según la Policía, la ingesta de licor estaría dificultando la convivencia, pues 9 de cada 10 casos de violencia están relacionados directamente con su consumo. “La gente aquí no se puede tomar un trago. Sacan machete, cuchillo y hasta pistola si uno pone problema por algo”, contó una joven que reside en Altos de Cazucá.

A la intolerancia se suma el número insuficiente de uniformados en las calles. Mientras en Soacha hay 740, es decir, un uniformado por cada 1.081 personas, Bogotá cuenta con cerca de 18.000 hombres (un policía por cada 429).

El crecimiento acelerado de la población tiene mucho que ver en la dura realidad del municipio, dicen las autoridades. El número de habitantes, según la administración, supera en 344.000 la proyección hecha por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) para el 2010. En esta región se ubica el 31 por ciento de la población total del departamento.

Muchos de quienes residen aquí son víctimas del desplazamiento que habitan en zonas de alta complejidad, donde se levantan casas con madera y latas de zinc, vías sin pavimentar y un peligro latente de deslizamiento. De acuerdo con la Personería municipal, 40.000 desplazados se han instalado en Soacha. Solo en los últimos siete meses del año pasado, 3.000 personas provenientes, en su mayoría, de la región pacífica llegaron a la zona, según cifras oficiales.

Algunos trabajan en el municipio, mientras otros salen a Bogotá en busca de oportunidades laborales. Se dedican a oficios domésticos y de vigilancia o al rebusque.

El alcalde de Soacha, Juan Carlos Nemocón, reconoce que son varias las necesidades insatisfechas en esta zona que afectan directamente a la capital. “El vecindario tiene que protegerse integralmente; de nada sirve darle mucha seguridad a Bogotá si en su propia frontera tiene conflictos sociales, como es el caso de Soacha. Esto incrementa la inseguridad tanto en el municipio como en el mismo Distrito (...). Necesitamos recuperarnos del atraso y nivelar las condiciones de vida entre Soacha y Bogotá”, explicó.

Violencia y reclutamiento

Las localidades de Ciudad Bolívar y Bosa, ubicadas en la frontera, no son ajenas a esas condiciones de marginalidad. Allí también reina la intolerancia y, en algunos sectores, se fortalece la criminalidad.

El año pasado, por citar solo un caso, los hermanos Lendys, Alexis y Jeisson Alfaro, de 20, 21 y 26 años, respectivamente, y quienes vivían en el barrio Cazucá (Soacha) fueron asesinados en una calle del barrio Caracolí (Ciudad Bolívar). Todo indica que el crimen fue producto de un ajuste de cuentas relacionado con el microtráfico.

La venta de estupefacientes y el hurto hacen parte del día a día en Soacha. El año pasado, por ejemplo, 37 bandas –la mayoría de ellas usaba a niños y adolescentes para delinquir– fueron desarticuladas. “Nosotros sabemos que después de las 8 de la noche salir de la casa es un peligro. No nos atrevemos. Nos quedamos encerrados, cuidando a los nietos, porque uno ve pasar para arriba y para abajo a muchos chinos jóvenes drogados y que atracan”, contó una habitante del barrio Eugenio Díaz.

Mejorar la seguridad
Estrategias de la Policía para este año

Para el 2014, la Policía de Soacha pondrá en marcha una estrategia con el ánimo de mejorar la seguridad. De acuerdo con el coronel Carlos Rojas, comandante de Policía del municipio, se fortalecerán la seguridad y la convivencia social; el bienestar integral de las familias y la prevención y educación. Así mismo, los uniformados empezaron a hacer operativos en los buses de servicio público –a raíz de la cantidad de robos en los buses que se han reportado en los últimos días–. Actualmente también se trabaja con una escuela de seguridad ciudadana integrada por unos 100 presidentes de juntas de acción comunal para hacer un diagnóstico en cada uno de los barrios y determinar soluciones generales para el municipio.

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora de EL TIEMPO

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