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'Ni todo el dinero del mundo me devolvería a mi hija'

'Ni todo el dinero del mundo me devolvería a mi hija'

Wilson Galindo recuerda lo que compartió con su hija Anyelen, antes de que cayera a la alcantarilla.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de enero 2014 , 09:57 p. m.

Tres semanas después de perder a su hija, Anyelen Galindo Martínez, la menor de 3 años que murió luego de caer en una alcantarilla sin tapa en la localidad de Usme, el pasado 30 de diciembre, su padre, Wilson Galindo, sigue extrañándola como el primer día.

El viernes, justo cuando Anyelen cumpliría 4 años de vida, Wilson quería bautizarla. “Tenía pensado celebrarle el bautizo y su cumpleaños, pero ella ya no está y tenemos que seguir adelante. Los planes no se dieron”, afirmó Galindo con los ojos vidriosos y conteniendo el llanto.

Sentado frente al computador, en su casa, comenzó a ver –como casi a diario lo hace– una a una las fotos que orgullosamente le tomó a su hija durante sus primeros y únicos tres años; la mayoría, cerca de su casa, en parques del barrio Bellavista, de la misma localidad.

Cuando está en la calle y la recuerda, se conecta a internet y revisa su correo electrónico, en el que tiene guardadas las imágenes. No tarda más de dos minutos, porque teme deprimirse. Asiste a terapias con un sicólogo y espera recordar a su hija sin dolor, así como también intenta hacerlo su esposa, y madre de Anyelen, María Janeth Martínez. “No veo sus fotos todo el tiempo, pero cuando la recuerdo le echo una miradita al correo para ver a mi niña, a ese ángel que ahora nos acompaña desde el cielo”, comenta.

Anyelen perdura en su memoria como una inquieta, juguetona y sonriente niña. Le encantaba divertirse con su hermana Zulley, de 7 años, y siempre que su papá llegaba de trabajar, le abría la puerta y lo abrazaba.

Estudiaba en el jardín infantil Tejares, ubicado en la zona, por lo que cada mañana salía y recorría, de la mano de su mamá, su papá o su hermana, las empinadas calles del barrio.

Wilson no deja de decirse a sí mismo que debe salir adelante por su familia, y le ora a su hija para que le dé valor. “Ella ya no está y perderla me dejó un dolor muy grande, pero ahora tengo que ser el bastón de mi familia”, insiste en repetir con tristeza.

Aunque no culpa al Distrito por la caída de su hija en una alcantarilla a la que le habían hurtado la tapa, no descarta presentar una demanda.

Asegura que está recibiendo asesoría. “Ni todo el dinero del mundo compra un hijo, pero no quiero que esto quede en la impunidad”, explica.

Y agrega: “No quiero culpar a nadie; Dios tiene segundos y minutos para cada persona. Y ese día era el de mi niña (...), pero lo que se fue en esa alcantarilla por no tener tapa no fue un animalito ni un papel, fue un ser humano”.

Otra vida perdida

El 30 de diciembre del año pasado, que parecía ser un día como cualquier otro para la familia Galindo Martínez, Wilson salió con sus dos hijas a comprar unos repuestos para su bicicleta, sin pensar que la vida de una de ellas se iba a perder en segundos.

Anyelen fue la segunda niña en poco más de dos meses que murió tras caer en una alcantarilla sin tapa. “Ella iba cogida de la mano de su hermanita; cuando me acomodé para ayudarla a cruzar en una zona que estaba destapada, la niña se cayó. Creí que se había ido a un hueco y fui sacarla, pero ya no estaba. Quedé en shock. Le decía a mi otra hija que gritara, que pidiera ayuda. Yo comencé a buscarla, pero fue imposible”, recuerda.

Cuando Anyelen cayó a esa alcantarilla, su hermana se aferró a los brazos de su padre, en ese momento inmóvil. Ahora ella también recibe asesoría médica para superar lo ocurrido.

Pese a que desde ese día los socorristas recorrieron alrededor de cuatro kilómetros de cloacas, encontraron su cuerpo sin vida un día más tarde en las aguas del río Tunjuelo.

Ese 31 de diciembre, Wilson recibió la llamada de su hermano. “Su niña está muerta y está detrás del Apogeo”, le anunció.

A poco de cumplir un mes de fallecida, la casa de Anyelen permanece en silencio; sus cosas reposan en el cuarto de sus padres y la cama donde dormía, en el mismo cuarto de su hermana, ya no está.“Cuando pasó, yo no me sentía bien para hablar. Me fui de viaje para calmarme y pasar el dolor. Por eso evite tener contacto con la gente”, dice.

La familia se empeña en recordarla como la niña alegre que fue y no como la víctima de la mafia por el robo de tapas.

Trampas mortales
Las autoridades permanecen alertas

El hurto de las tapas de alcantarilla en la ciudad sigue siendo uno de los temas en la agenda de las autoridades. Esta semana, la Policía logró recuperar 100 de ellas, que habían sido hurtadas, y la Secretaría de Gobierno ofreció hasta 5 millones de pesos por información que contribuya a desmantelar a las organizaciones delictivas que se dedican a este negocio.

A ‘Citynoticias’ les fueron denunciados más de 120 puntos de la ciudad donde permanecen estas trampas mortales.

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora EL TIEMPO

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