¿Está Bogotá sometida a un choque ideológico? Solo entre telones

¿Está Bogotá sometida a un choque ideológico? Solo entre telones

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17 de enero 2014 , 03:54 p.m.

En algún texto Daniel Bell afirmó que las ideologías son “palancas sociales”. Puestas a actuar, añadió Sartori, “las ideas no son tratadas lógicamente, sino persuasivamente”. No hay nada más impermeable a una discusión que pretenda llegar a una suerte de verdad, en el marco de algunos supuestos previos, que los argumentos que estamos escuchando transmitidos desde nuestra Plaza de Bolívar nutrida por unos seguidores llamados puebloquemeescucháis.

¿Está Bogotá sometida a un enfrentamiento ideológico? Sólo entre telones. En el escenario lo que tenemos, en cambio, es una lucha de interesados políticos y sus simpatizantes. Eso explica la predilección de algunos “técnicos de la jurisprudencia” hacia unos u otros argumentos, especialmente en aquellos casos en el que además el enfoque hace racionales las inconsistencias, por qué hoy quienes se desgañitan con su “aquí estoy y aquí me quedo” antes aprobaron e incluso aplaudieron el uso de unos instrumentos jurídicos.

Esa es la mirada inevitable del principio realista. A algunos los tranquiliza: calma, que así son las cosas. No a todos, precisamente porque nuestras instituciones fueron diseñadas en la constituyente desde el velo de la ignorancia: ¿qué sería lo más justo, sin saber de qué lado voy a estar en un futuro? El pacto resulta frágil cuando ya encarnadas las instituciones en personas las aplaudimos cuando nos gustan y las saboteamos cuando nos disgustan. Es decir, terminan en una aparente confrontación jurídica que esconde afinidades políticas.

La gobernadora de Cundinamarca fue destituida de su cargo y luego la justicia falló a su favor. ¿Por qué no se armó el escándalo que hoy tenemos? Primero, porque se trata de la alcaldía de Bogotá, no de la gobernación de Cundinamarca. La primera es un cargo político sui generis, porque la ciudad tiene el 16% de la población del país (cabe el “no más”), porque resulta ser la ciudad sede de todas las cabezas institucionales del gobierno central y porque desde ella se emiten noticieros que le dan una visibilidad nacional permanente al alcalde. Segundo, y es lo más importante, por la personalidad misma del alcalde: un ser megalo-thymótico, esto es, con ansia desmesurada de poder, como Álvaro Uribe y Alberto Fujimori, con una diferencia específica: una tradición de militancia en la vieja izquierda según la cual todos los que están contra mí están contra el pueblo. Su discurso público es parte de la conquista de un nicho electoral bajo un discurso con tradición de siglos: los que menos tienen son los más; si yo soy su único representante, quien está contra mí está contra el pueblo. “Solo circunstancialmente o por fraude yo puedo perder las elecciones”.

Esa es toda la ideología que está presente, con todo y sus consecuencias.

Paul Bromberg
Escuela de Arquitectura y Urbanismo, UN
Exalcalde de Bogotá

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