Vigilia por el artista que Petro vinculó con una 'muerte política'

Vigilia por el artista que Petro vinculó con una 'muerte política'

Con música, grupos de hip hop le han rendido homenaje durante nueve días al líder de San Cristóbal.

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16 de enero 2014 , 11:59 p.m.

A Gerson Martínez, a ‘Totti-beat’, no lo van olvidar. No van a dejar que se imponga su ausencia; que, por culpa de la muerte, se extravíen sus enseñanzas. Por eso están aquí, de nuevo, en el mirador del barrio Horacio Orjuela: para que ese líder, asesinado el pasado 5 de enero, sobreviva a los males de la memoria; sobreviva como un verdadero artista y no como el promotor de marchas que nunca fue.

Porque él, claro, sí simpatizaba con Petro, pero su presencia en manifestaciones se limitó a ser justamente eso: unas esporádicas apariciones que —dicen sus amigos— no fueron más de tres desde que la Procuraduría General anunció la destitución. Por ello, aunque una bandera con el eslogan de la Bogotá Humana levante suspicacias, resulta difícil creer, como lo dijo el Alcalde, que haya sido un “asesinato político”.

“‘Totti’, más que eso —recuerda ‘Beto’ Gallego, el ‘poeta’, miembro del colectivo de hip hop Pazur—, era un promotor del arte y un amante de la música”.

Y ese es el único motivo por el que, desde el pasado miércoles 8 de enero, cerca de treinta jóvenes invaden este mirador, este —como ellos lo llaman— ‘Parque del sol’. Porque Martínez —de 29 años, tez morena, menudo y fibroso— empezó desde hace un buen tiempo a levantarse como una figura paternal.

Son las 8:30 p.m. y la punta de este gran balcón de la localidad de San Cristóbal ya está repleta. Poco a poco, desde las siete, han empezado a llegar amigos, conocidos y admiradores de ‘Totti-beat’. Las edades varían: algunos sobrepasan los 30 y otros apenas alcanzan los 18. Hace frío de luna llena y ellos, para conjurar el hielo, se apuran grandes tragos de aguapanela.

La llameante fogata sobre la que está puesta la olla alumbra esos cuerpos de pantalones anchos. De vez en vez se mueven al ritmo de las pausadas melodías que salen de dos inmensos parlantes. Si no hubiese habido un homicidio, el silencio, quizás, se pasearía, como siempre, plácido, tranquilo.

Pero hoy hay motivos de sobra para espantar aquella rutina que no a pocos se les antoja miedosa. Miedo que después del primer domingo del 2014 es difícil de disipar porque “eso de que queramos hacer paz, de que queramos hacer proyectos para ayudar a los muchachos que tienen problemas de drogadicción y, de repente, nos reciban con tiros, genera miedo, decepción. Esa es la razón por la que el domingo vamos a subir a la Ciudadela Santa Rosa y los vamos a invadir de pura cultura”.

Las palabras son del ‘Poeta’. Él, de pelo al ras y mentón pronunciado, se para en medio de esa especie de ritual que se hace frente a una Bogotá inmensa, alumbrada, negra, majestuosa. Da las gracias, antes de que un grupo repita y repita las rimas con las que homenajearán a su compañero; antes de que empiece a sonar ‘Ciudad elástica’, el disco que hace un año grabó Martínez.

Están parados dándole la espalda a uno de los últimos graffitis que pintó ‘Totti-beat’. Es un ser de cabeza abombada, cuerpo pequeño, dientes puntudos, ojos rojos y lengua larga, que hace una mueca aviesa. Ese es justo el lugar donde aquel domingo estuvo Gerson Martínez antes de subir con tres amigos a los cerros surorientales de Zuque, donde cinco personas armadas lo tiraron al piso y le dispararon en dos ocasiones.

Y aun así, sus amigos, que lo admiran, lo respetan y se lamentan, están cantando. Dan la impresión, pese a tener el corazón ulcerado, de un triunfo permanente de la vida sobre la muerte.

Versiones de un asesinato confuso

Aquella mañana de domingo, según cuentan sus compañeros, Gerson Martínez, admirable jugador de básquet y trabajador de una empresa de aire acondicionado, llegó al mirador y, antes de las 10 a.m., subió a lo más alto del cerro, un lugar “sagrado, ancestral”, en el que solían ir a cantar, comer y tomar cerveza.

Su recorrido habría tardado entre diez y quince minutos. Y, luego, a eso de las 10:30 a.m. ocurrió el asesinato. Sus compañeros lograron escapar y llegaron al CAI.

“Uno de ellos —relatan— se fue en una patrulla hacia el hospital y otro, en otro vehículo de la Policía, subió al lugar donde los habían atacado. Sin embargo, aseguran que los agentes, pese a que el cuerpo se alcanzaba a ver, no permitió el ingreso porque dizque no tenían permiso para entrar a ese lugar. Así que ‘Totti-beat’, según ellos, duró 24 horas tirado en el pasto”.

Efraín Sánchez, comandante de la cuarta estación de policía de San Cristóbal, desmiente esa versión. “Aquí no hay territorio vedado para nosotros. Eso es solo un falso rumor. A la Ciudadela Santa Rosa entramos de forma permanente. Lo que pasó es que cuando subimos no encontramos el cadáver y todos creíamos que también se había escapado. Pero al día siguiente un señor llamó y nos informó del hallazgo”, asegura.

“Lo cierto —dice Sergio Paipa Martínez, primo de la víctima— es que no fue un robo como —en principio— habían afirmado las autoridades. A él lo encontramos con su cámara, su billetera y su celular”.

“Pero tampoco —asevera el ‘Poeta’— fue una ‘vendetta’ (venganza). ‘Totti’ era un hombre de paz que no tenía problemas con nadie. ¿Usted cree que si así hubiese sido, tantas personas vendríamos a hacerle este homenaje?”.

De acuerdo al relato de los habitantes de la zona, una situación similar ya se había presentado en otra ocasión. “En 2011, por ejemplo, un pequeño grupo subió a la misma zona y cuatro o cinco hombres llegaron armados, les pidieron que se desnudaran y les quitaron sus pertenencias. Nadie murió. Y en 2002, cerca al lugar de los hechos, asesinaron a cuatro jóvenes y sus cuerpos se encontraron en sitios lejanos”.

Y es por eso, para que nada de esto se vuelva a repetir, que este domingo 19 de enero varios serán los cantantes de hip hop que subirán a los cerros y harán que la población firme un plebiscito de paz. “Porque —dice uno— estamos en época preelectoral y la situación, a veces, tiende a empeorar”.

REDACCIÓN ELTIEMPO.COM
sersil@eltiempo.com

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