Mitú, la puerta a los raudales y el tapete amazónico

Mitú, la puerta a los raudales y el tapete amazónico

El turismo en el Vaupés es casi nulo, pero su diversidad étnica y natural son verdaderos tesoros.

16 de enero 2014 , 12:12 a.m.

Llegar a Mitú no es fácil. La única manera de aterrizar en la capital del Vaupés es por vía aérea desde Villavicencio, aunque existen caminos fluviales que podrían utilizarse desde San José del Guaviare, pero es una travesía que requiere tiempo y varios trasbordos.

Por su difícil acceso Mitú es como una isla remota clavada en la Amazonía, que depende de los víveres y provisiones que lleguen en los aviones de carga. En las últimas décadas su progreso ha estado sujeto al movimiento de su pista aérea. Tal vez por eso el turismo en la zona es muy poco, a pesar de ser una región con todas las credenciales para ello por su riqueza natural y etnográfica. (Vea también la galería de fotos con los paisajes del Vaupés)

En el Vaupés no hay una secretaría de turismo o un despacho dedicado exclusivamente a este fin, pero la idea es que eso cambie en el futuro. Indira Milena Velásquez, gestora social del departamento del Vaupés, afirma que el turismo podría crecer de manera significativa cuando haya una estación de gasolina en el aeropuerto, lo que permitiría que más aerolíneas aterricen con facilidad en este destino.

De momento, Satena es la única empresa que lleva vuelos comerciales a esta capital. El horario de su único vuelo diario varía tanto como el precio de cada trayecto, que oscila entre los 270 y 456 mil pesos por trayecto, un alto costo para un lugar que todavía no cuenta con una infraestructura hotelera desarrollada.

Otras opciones para llegar aquí son algunos ‘taxis’ en aviones Cessna o subirse en un expreso de carga como un DC-3, una aeronave que sigue operando en los llanos orientales y la Amazonía casi un siglo después de conquistar la aviación de pasajeros en el mundo.

El departamento cuenta con una población estimada de 35.000 habitantes en sus 54.135 kilómetros cuadrados, una extensión de tierra que duplica la del Valle del Cauca. Según la gobernación, tan solo el 20 por ciento de sus habitantes son mestizos y blancos, y se preservan 27 etnias indígenas entre las que se incluyen cubeos, guananos, desanos y tukanos, entre otros.

Diversidad y naturaleza, los grandes atractivos

A escasos ocho kilómetros desde la orilla del río Vaupés que pasa por el casco urbano de Mitú, se encuentra la comunidad Ceima Cachivera, una etnia que poco a poco le abre las puertas a un turismo no convencional y acorde a sus tradiciones.

En Ceima Cachivera el visitante podrá ser partícipe de la vida cotidiana de los indígenas. Conseguir y cocinar su propio alimento, bañarse en un caño de agua natural en la madrugada –aun cuando no ha salido el sol- y dormir tal como lo hacen los miembros de esta comunidad, en maloca y hamaca.

No es precisamente la noción de unas vacaciones de puro relax, pero vivir por unos días con las costumbres de una etnia como esta puede ser una lección única de cómo convivir de manera sostenible con el entorno, en una actitud de respeto hacia la naturaleza.

Para visitar la mayoría de lugares de interés en el Vaupés hay que contar siempre con la autorización de cada comunidad. Para ello no se necesita hacer un extenso papeleo, simplemente hablar con el líder o representante y acatar las normas. Esto aplica incluso para conocer el maravilloso raudal del Jirijirimo, un exuberante paisaje sobre el río Apaporis, y tal vez el lugar más famoso del departamento. Para llegar hasta aquí es necesario un breve vuelo en avioneta desde Mitú; un viaje exclusivo para aventureros.

Navegando con la corriente a favor por el río Vaupés, a 20 minutos del pueblo, está ubicada la comunidad de Mituseño. Aquí se puede ver las inmensas cuevas de piedra y la morada del dios de los cubeos, así como el cerro de Urania y su inigualable vista sobre el tapete amazónico.

La maloca Ipanoré, instalada en la zona urbana de Mitú, es un sitio de reunión donde los indígenas en determinados eventos del año comparten conocimientos, bailes y otras expresiones típicas. Es considerada como la maloca más grande de la Amazonía colombiana.

Por otra parte, el Vaupés le está apostando a ser un destino para la ornitología. Numerosas especies de aves -varias endémicas- son la materia prima de un nicho turístico que puede crecer exponencialmente si se logra trabajar de la mano con las comunidades en sus territorios. El Sena ha adelantado algunos proyectos para la creación de guías turísticos indígenas que sepan reconocer las aves, conocer su nombre científico y en dialecto, y recrear el sonido del animal. Este plan podría atraer una cuota interesante de extranjeros a este hermoso pulmón del planeta.

* Viaje por invitación de Fontur

Luis E. Quintana Barney
quilui@eltiempo.com
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM

 

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