Los días de José Carmona, tras el dramático combate

Los días de José Carmona, tras el dramático combate

El boxeador colombiano sigue internado en una clínica de Cartagena sin poder hablar ni moverse.

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15 de enero 2014 , 07:49 p.m.

Antes de viajar a San Luis Potosí, México, José Carmona le prometió a su papá que, con el dinero que iba a ganarse en la pelea, terminaría de construir el apartamento para mudarse a vivir allí con su esposa y sus tres hijos. Sin embargo, el rumbo que las cosas tomaron en el ring fue otro. Carmona volvió a su tierra con un trauma craneoencefálico, efecto de la golpiza que recibió de parte del mexicano Jorge Travieso Arce, el pasado 16 de noviembre.

Por dedicarse al boxeo, con la complacencia de la familia, Carmona nunca había vivido en casa distinta a la de sus padres, quienes se han encargado, además, de la crianza de los tres niños del deportista, apoyados por su esposa. “Esos pelaos son míos –dice el papá del boxeador, también llamado José–. Los quiero tanto, que mientras Dios me dé fuerzas voy a seguirlos cuidando”.

Carmona padre está sentado en un muro en las afueras del Hostal Medical Home, un espacio de rehabilitación donde su hijo recibe las terapias y los cuidados para ayudarlo en su recuperación. Tiene la mirada triste, pero su palabra es de optimismo. “Estoy seguro de que se recuperará. Está alimentado a punta de pescado y eso tiene que ayudarle”, dice con una seguridad que asombra.

Lo de la alimentación a base de pescado es una realidad innegable. Tanto él, como Josefina Núñez, su esposa, se han dedicado toda la vida a vender pescado en el mercado de Bazurto, y su alimentación básica diaria ha sido, como es obvio, bocachicos, mojarras, sierra, cojinúas, y de vez en cuando camarones y langostinos. “El día que José viajó, le pidió a la mamá que le preparara un sancocho de bocachico y ella se lo hizo con tantas ganas y sabor que no dejó nada en el plato”, cuenta el papá, ahora con los ojos vidriosos.

Tanto para él como para la mamá, la suerte corrida por su hijo en la pelea de noviembre ha sido un golpe muy duro. Son una familia de escasos recursos que siembre ha vivido en las laderas del cerro de La Popa, en el barrio La María, en plena loma del Peyé. En su hijo, en el éxito que tuviera en el cuadrilátero, estaban cifradas las esperanzas de la familia de salir, no del barrio, porque allí están sembradas sus semillas, sino de la arraigada pobreza que no ha permitido que ninguno de ellos se forme como profesional.

Nacido para el boxeo

El primero que dio el consentimiento para que el niño José Carmona, de 8 años de edad, se uniera al grupo de niños para practicar boxeo, a instancias del entrenador buscatalentos Marcos Ortega, fue su propio padre. “De los diez niños que se fueron con Marcos, solamente quedó José, porque desde niño dijo que sería campeón mundial”, recuerda su papá.

Eran tantas las ganas de ser boxeador, que no se perdía ninguna pelea por la televisión; peleaba con la sombra y hasta dormido lanzaba puñetazos al aire. Su papá cuenta que, en realidad, él quería que su hijo fuera beisbolista, pero cuando lo veía practicar en la lona sabía que era alguien que había nacido para el boxeo. Y así fue. De la mano de Ortega, primero, y de los entrenadores de Cartagena y la selección Bolívar, José Carmona disputó y ganó medallas de bronce, plata y oro en varios campeonatos nacionales y departamentales, convirtiéndose en una de las promesas del deporte de las narices chatas en la ciudad.

Y antes de que lo buscaran para pelear en eliminatorias para los Olímpicos, decidió dar el salto al profesionalismo por una razón: como aficionado solo se ganaban los viajes, pero los bolsillos venían vacíos. Desde entonces, han sido 23 peleas como profesional, de los cuales 20 había ganado. Solo tenía tres reveses, hasta que llegó el 16 de noviembre pasado.

De los familiares de José Carmona, la única que no estaba muy de acuerdo con que se dedicara al boxeo era su esposa, Nohelis Salinas.Ella, nacida en Barranquilla con ancestros palenqueros, quería que su marido dejara el boxeo lo más pronto posible. Él le respondía que ese retiro llegaría después de ganar el título mundial.

Nohelis supo que algo andaba mal la misma noche del combate, porque su marido no la llamó como otras veces para decirle cómo le había ido. Fue el mánager de Carmona, al día siguiente de la pelea, quien se comunicó con ella para darle la mala noticia. Desde entonces, comenzó el drama para la familia. Uno de los mayores contratiempos fue el traslado de Carmona de México a Colombia, pues nadie tenía los 70 millones que costaba el viaje en un avión ambulancia. Optaron, entonces, en vista de la ligera recuperación que tuvo el boxeador, por trasladarlo en un vuelo comercial.

Fueron siete horas de vuelo durante las cuales el boxeador estuvo sentado entre su mánager y una enfermera, prácticamente sostenido por ellos. “El viaje fue muy fuerte, pero mi hijo lo fue más”, dice su padre.

A la espera

La pelea del 16 de noviembre se hizo en México porque la que estaba pactada con un boxeador dominicano, y que iba a ser en República Dominicana, se cayó.

José Carmona padre cuenta que lo único que supo de esa pelea fue que la iba a hacer en las 128 libras, es decir superpluma, y no en las 126 libras (pluma) en las que habitualmente lo hacía. “No creo que eso haya incidido en lo que pasó. Mi hijo estaba muy bien preparado. Fueron cosas del destino”, agrega su papá, que no ha querido ver la pelea.

Algunos dicen que fue un golpe con el codo que Carmona recibió en la sien. Otros, como el médico internista Adlai Martínez, que trabaja en la recuperación del boxeador, señalan que fueron los múltiples golpes recibidos en la cabeza lo que produjo su trauma. Según Martínez, el cartagenero presentó un hematoma subdural agudo secundario que pasó a trauma craneoencefálico por los múltiples golpes recibidos.

El tratamiento que se le hizo en México fue el adecuado, afirma, y gracias a eso se ha visto alguna evolución en el paciente. “Tiene un daño cerebral que puede dejar secuelas fuertes, y que requiere un tratamiento largo. No se puede vaticinar nada sobre su futuro. Por el momento solo responde con movimiento en una mano y una pierna, pero no reacciona cuando uno le amaga para tocarle la cara”, señaló.

El médico repasó varios casos ocurridos con deportistas, como el del boxeador bolivarense Román Tijera, a quien le ocurrió algo parecido a lo de Carmona, y quien actualmente puede caminar y hablar con alguna dificultad. Justamente, el neurocirujano que atendió a Tijera, Rubén Sabogal, dijo que en estos casos la clave está en la atención en los primeros seis meses para poder tener alguna recuperación real.

Hasta el momento, según los allegados, la atención brindada a Carmona ha sido óptima. Pero los días pasan y la situación económica de la familia cada vez se pone más difícil. Sus familiares más cercanos han abandonado todo para dedicarse al cuidado del joven boxeador. Sus papás ya no venden pescado en Bazurto. “Nuestro hijo está acostado en una cama y nosotros nos turnamos para acompañarlo y para brindarle atención”, dicen.

Su esposa, Nohelis, mientras tanto, se mueve entre el optimismo y el dolor. “He visto que José ya sonríe cuando lo visitan los amigos. Mueve los ojos y la mano derecha. Eso nos llena de esperanzas para seguir luchando”.

JUAN CARLOS DÍAZ M.
Corresponsal de EL TIEMPO

 

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