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¡A querer a Cartagena!

¡A querer a Cartagena!

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de enero 2014 , 06:14 p. m.

Empezó el 2014 y ojalá ocurran cosas muy importantes para Colombia. Lamentablemente, luego de pasar vacaciones en Cartagena, he decidido escribir no sobre tecnología, sino sobre el triste estado del Corralito de Piedra. Las calles de esta linda ciudad están inundadas de basura. Y no es solo por los visitantes de esta época, que aportaron botellas, vasos, papeles, envases y otras porquerías, sino por sus propios habitantes, que permanecen incólumes ante esto, que demuestran así falta de amor y cariño por Cartagena.

El tránsito es un horror, especialmente en vacaciones, empujado por la falta de control de las autoridades. Carros parqueados en sitios prohibidos y buses parados en vías importantes esperando llenarse de pasajeros, sin importarles las congestiones vehiculares que generan, es algo muy común. Da rabia ver, como lo experimenté hace pocos días, a ocho policías parados haciendo nada. Bueno, sí, chateaban por sus celulares, mientras al frente, por un choque, se había creado un trancón monumental, que era atendido solo por un agente.

Con el arriendo de bicicletas se ha popularizado la contravía de estos vehículos por las calles del centro amurallado, hecho que sucede ante los policías, que no hacen nada para evitarlo.

Caminaba yo por la calle Estanco del Aguardiente, llena de carros parqueados frente a las señales de ‘prohibido parquear’, mientras un policía estaba recostado contra la pared ante ellos. Me le acerqué y le pregunté si estaba prohibido parquear en esa calle y me respondió que el que decidía eso era el señor que estaba en la esquina. Fui a donde él y, ¡oh, sorpresa!, era nada menos que un cuidador de carros. Eso me demostró que en el Corralito de Piedra no existe autoridad para hacer que se cumplan las normas.

Cartagena de Indias es una ciudad declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad, y los que menos le reconocemos eso somos los colombianos. No la queremos como deberíamos hacerlo y la tratamos como una caneca de basura, parqueadero público gratis y muchas cosas más que no merece.

Llegó la hora de multar a los que botan basura en las calles, se parquean mal y se detienen durante muchos minutos en calles congestionadas. Hay que hacer querer mucho a esta bella ciudad caribeña, mi segunda ciudad, porque con mucho orgullo soy un cartacachaco.

Guillermo Santos Calderón
guillermo.santos@enter.co

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