Editorial: Ariel Sharon, odiado y venerado

Editorial: Ariel Sharon, odiado y venerado

12 de enero 2014 , 06:12 p.m.

A fuerza de no saber de él, muchas personas pensaban que Ariel Sharon había muerto. No era así, pero casi. Desde enero del 2006, el temible general israelí permanecía en estado de inconsciencia debido a un derrame cerebral, que lo confinó a una cama de hospital cerca de Tel Aviv. Finalmente, un ataque cardiaco acabó el domingo con lo que le quedaba de signos vitales. Tenía 85 años y era una de las figuras más notables de la historia de Israel.

Lo fue primero como luchador sionista. Nacido de inmigrantes rusos en 1928, cuando aún faltaban 20 años para la proclamación del Estado de Israel, creció en una granja colectiva y formó parte de la brigada Haganah, grupo que pedía la independencia de los judíos en tierras palestinas. En esa época tomó el apellido Sharon, en homenaje a una región israelí. Por poco muere en 1948 en la batalla de Latrun, en Jordania, cuando ya militaba en el ejército oficial. Se convirtió luego en uno de los militares más extremistas, famoso por su combatividad, su ánimo expansionista y su proclividad a las soluciones violentas. Una de sus primeras acciones polémicas, aplaudida por los suyos y condenada por las Naciones Unidas, fue el ataque a la aldea jordana de Qibya en retaliación por la derrota de Latrun. Allí murieron 69 civiles, la mitad de ellos niños.

Más tarde se vio envuelto en otras operaciones sangrientas. La más grave fue la de los campos de refugiados de Sabra y Shatila, en Beirut, donde paramilitares cristianos protegidos por soldados israelíes masacraron en 1982 a cientos de palestinos. Sharon era ya ministro de Defensa, y, aunque la comisión investigadora lo absolvió del crimen, pidió su dimisión por haberlo permitido. Pese a todo, su prestigio aumentó en Israel y en el 2001 fue elegido primer ministro con una votación aluvial.

En el 2005, ya reelegido, atacó el expansionismo judío, retiró las tropas de la zona de Gaza y abandonó su partido, el ultraconservador Likud, para formar uno de centro, el Kadima, partidario de la coexistencia con un Estado palestino. Gobernaba Israel a nombre del Kadima cuando sufrió la muerte cerebral, que ocho años después priva al país de uno de sus líderes más peculiares, más queridos y más odiados.

editorial@eltiempo.com.co

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