El médico que lidera a los 'paras' mexicanos

El médico que lidera a los 'paras' mexicanos

José Mireles es la cabeza visible de los grupos de civiles que declararon la guerra a narcos.

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11 de enero 2014 , 06:13 p.m.

Una noche de principios de febrero del 2013, en una reunión de amigos, José Manuel Mireles Valverde, médico general de la Clínica de Salud de Tepalcatepec (estado de Michoacán), alarmado –según dice– por el aumento de casos de niñas raptadas y violadas por el cartel de ‘los Caballeros Templarios’ en el pueblo, habló del tema con un ganadero presente, compañero de colegio.

Mireles, reconocido como el ‘líder moral’ del Consejo General de Autodefensas y Comunitarios de Michoacán –con presencia hoy en 22 municipios del estado–, le contó al ganadero que los narcos quisieron llevarse a su ahijada de 15 años, y como no pudieron, raptaron a la prima.

El empresario le dijo que el cartel también intimidó a su hija y a las de otros ganaderos. La conversación se abrió al resto de los invitados e hicieron cuentas de cómo 25.000 habitantes del municipio podían enfrentar a 90 narcos bien armados que los tenían en jaque.

El médico, de 56 años, miró a uno de sus amigos, alzó su vozarrón y dijo sacudiendo su brazo largo:

–¿Para qué quieres 25.000? ¡Aquí tenemos dos clubes de cacería y todos somos excelentes tiradores! ¡Yo te he visto tirarle a un chivo corriendo a 400 metros!

–No, pero tirarle a un cristiano es diferente –le respondió el increpado.

–No, compa, es más fácil. Ta más grande y camina más despacio. ¡Vamos a armarnos! –instó.

Dos semanas después, el 24 de febrero del 2013, Mireles, un grupo de ganaderos de Tepalcatepec y empresarios limoneros y jornaleros del vecino municipio de Buenavista, se levantaron con armas deportivas, de grueso calibre, machetes y palos, para tomarse las dos cabeceras municipales e hicieron lo que nadie creía posible: expulsaron a ‘los Templarios’.

Casi un año después, la rebelión se extendió a ocho municipios más de Tierra Caliente (región que comprende tres estados, entre ellos Michoacán) y es referente de una docena de guardias civiles y policías comunitarias más surgidas durante el 2013 en la zona.

La última localidad en caer bajo el control de estas milicias ciudadanas fue Parácuaro, una ciudad de 25.000 habitantes donde el pasado sábado entraron unos 200 hombres y mujeres armados. Desde entonces, son ellos quienes patrullan las calles de la ciudad.

La movilización de ciudadanos armados impulsada por Mireles motivó la reacción del Gobierno. En mayo ingresaron a Tierra Caliente 6.000 policías federales para desarmar a las autodefensas, por lo que en Coalcomán, otro municipio recién sumado, y Tepalcatepec se realizaron marchas de miles de personas en protesta.

Pero estos operativos no frenaron la expansión de las autodefensas. Por eso, el pasado 26 de octubre, el mismo día que Mireles encabezó la toma simbólica del municipio de Apatzingán, con una caravana desarmada de alrededor de 3.000 guardias civiles, el general de zona lo convocó a él, y a otros líderes del Consejo, a una reunión para dos días después.

“Me dio mucho miedo –recuerda–. Las instrucciones eran precisas: ‘Despídase de su familia. Déjele su reloj, su cartera, su cinturón y véngase’ ”. Para su sorpresa, afirma que el encuentro fue con el procurador general (ministro de Justicia), Jesús Murillo.

El médico no detalla los acuerdos de la reunión. Comenta que el procurador le dijo al general de zona: “Apoyo tu decisión de permitirles que se defiendan, y bien armados, pero quiero que sepas que no deja de ser ilegal”.

Y el general, según Mireles, le respondió: “Lo sé, pero tú sabes que en legítima defensa todos los ciudadanos se pueden armar, y eso es lo que ellos están haciendo”.

“Nos pidieron que mantuviéramos la claridad del movimiento, y que no se nos infiltrara gente de otros carteles –señala el jefe de las autodefensas–. Tienen la espinita de que nuestro movimiento social está financiado por otro cartel, lo que no es cierto. Yo parezco limosnero, a todo el que se me acerca le pido ayuda”.

Sobre la relación de los paramilitares con los organismos de seguridad del Estado, Mireles explica que desde el principio del levantamiento han tenido lazos con mandos militares y luego con la Policía Federal.

“Inicialmente, su objetivo era patrullar los pueblos, cuidar las carreteras, pero sin meterse en los combates –explica–. Pero ahora los efectivos intervienen en los enfrentamientos contra ‘los Templarios’ y nosotros nos replegamos”.

Precisa que uno de los acuerdos fue no llevar armas a la vista, por respeto a la institución castrense. Y que el general de zona le advirtió: “En las trincheras, póngalas todas hacia mí si quiere, cabrón, pero en el pueblo no vayan a las tortillas con el pinche cuerno (fusil AK-47) colgado”.

Del gobierno federal dice: “Tenemos esa ayuda, que cada día crece más”. Pero al gobierno estatal lo asocia directamente con el cartel, por lo que señala que el objetivo del Consejo es “limpiar todo el estado”.

Laura Castellanos
El Universal (México)
Ciudad de México.

 

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