Fondo de Cultura Económica, más de 80 años acompañando a los lectores

Fondo de Cultura Económica, más de 80 años acompañando a los lectores

José Carreño Carlón habló sobre el significado de la entidad para Latinoamérica.

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10 de enero 2014 , 06:53 p.m.

Para millones de lectores del continente, el sello del Fondo de Cultura Económica ha acompañado muchas noches insomnes, ya sea porque estudiaban alguna de sus especialidades (filosofía, sociología, política o, naturalmente, economía) o porque los trasnochaba alguna novela. Ese sello, con una letra f, una c y una e minúsculas, ubicadas como en balanza, cumplirá en septiembre próximo 80 años y prepara la celebración idónea para una editorial: con libros.

“Desde El Capital hasta Max Weber. Y antropología, filosofía y literatura, en coincidencia con tres centenarios muy importantes de escritores mexicanos: Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas”. Quien anuncia estas reediciones especiales es el director general del Fondo, el mexicano José Carreño Carlón, un editor con sangre de periodista que ha tomado la posta de numerosos intelectuales de su país que encabezaron esta entidad, desde cuando en 1934 Daniel Cosío Villegas la fundó, con la idea de crear una biblioteca básica en español, enfocada en las ciencias humanas.

Carreño tiene una formación acorde con la personalidad del Fondo: estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y es doctor en Comunicación Pública de la Universidad de Navarra (España). Pero en su ADN sobresale el gen periodístico, pues fue director del diario El Nacional, subdirector de La Jornada y de El Universal, y obtuvo el Premio Nacional de Periodismo de México en 1987. “Nunca se pierden los reflejos del periodista. Es una forma de ser. Y, como en todo, hay muchas cosas comunes con mi labor en el Fondo: ¿qué hace un editor de un medio periodístico? Seleccionar, discriminar, decidir qué se hace noticia y qué no”.

En la librería del Centro Cultural Gabriel García Márquez, que para Carreño es “la joya de la corona del Fondo de Cultura Económica en Bogotá”, se siente a gusto, luego de viajar a Buenos Aires y a Santiago de Chile, para preparar la celebración de las primeras ocho décadas de este gigante de la edición.

¿Cómo van a celebrar este año?

Como somos una editorial, desde luego, con una serie de libros que vamos a sacar, desde las ediciones de los clásicos con los que empezó el Fondo hace décadas, pero con nuevas presentaciones, hechas por profesores, académicos contemporáneos capaces de conectar a los clásicos con las nuevas generaciones de lectores.

Vamos a hacer una reedición de la obra completa de Octavio Paz, mucho más accesible en todos los términos: ocho tomos en lugar de quince, con papel de biblia, mucho más atractivo también. Además, con las columnas culturales que él escribió, tituladas Letras, Letrillas, Letrones, en las revistas Plural y Vuelta.

Y de otros escritores menos conocidos, también en su centenario, como Efraín Huerta, un gran poeta, y José Revueltas, novelista muy comprometido, militante de izquierda. Y finalmente, otras efemérides en la vocación latinoamericana del Fondo. Por ejemplo, llega a 100 años Nicanor Parra, un ‘antipoeta’, como él se llama. Y, por supuesto, nos vamos a unir a la gran celebración del centenario de nacimiento de Julio Cortázar.

¿También fortalecerán su presencia en el mundo digital?

De hecho, el Fondo es el sello que más libros digitales tiene, a excepción de las grandes editoriales españolas. En el 2010 teníamos 70 títulos, y ahora cerramos el año 2013 con 700. Al culminar el año del octogenario tendremos mil. Son títulos que serían la quinta parte de su catálogo vivo. El catálogo histórico del Fondo tiene diez mil títulos. Pero se mantienen en reediciones digamos que la mitad.

¿El mundo virtual representa un porcentaje importante de sus ingresos?

Todavía es incipiente. Hay muchos factores para que no sea como en Estados Unidos, donde llegó a ser el 30 por ciento del mercado bibliográfico. En nuestros países no han sido tan eficientes las redes de telecomunicaciones, a veces por controles monopólicos, ineficientes, caros y de mala calidad. También por los bajos niveles de ingreso de nuestras poblaciones, que no permiten asegurar que todos puedan comprar el Kindle o la herramienta para manejarlos.

¿Entre los libros de ciencias humanas y la literatura, cuáles pesan más en el Fondo?

Empezó con una vocación que no puede abandonar, que es informar sobre las nuevas carreras universitarias. Nació para nutrir libros de texto y traducciones que no existían en español. En particular, para la carrera de Economía, que se creó en los años 30. Después se fortaleció en otras áreas, como Antropología, Historia, Filosofía, con la característica de abrirles mercado y lectores a las vanguardias del pensamiento, cuya circulación estaba bloqueada por varias razones: la España franquista, las dictaduras militares en América Latina. Entonces, el Fondo abrió brecha. Nos contaban en España viejos libreros que metían de contrabando los libros del Fondo, porque no era fácil.

En los años 50 y 60 fue la plataforma de lanzamiento del boom latinoamericano. Empieza Rulfo, empieza Fuentes, y en las otras colecciones se recoge la creación latinoamericana. Si me pregunta cuál es la especialidad preferida, diría que no puede abandonar ninguna de las dos.

¿Qué papel juega Colombia entre todas las filiales del Fondo?

Es la filial más vistosa, y no solo en términos de presencia en la industria editorial, sino en una función muy importante y es que no se compita con las otras editoriales. En esta librería, vemos que están todas las editoriales y conviven con los libros del Fondo.

Por otro lado, Colombia es muy importante como cuna de grandes autores. No solo García Márquez, que es el escritor universal vivo. Hay autores colombianos como Collazos o Rosero, que lamentablemente solo se pueden comprar aquí.

¿Qué problemas afrontan hoy los sellos editoriales como el Fondo?

Hay uno que nos planteó Ricardo Piglia, cuando estuvimos en Argentina, y es que los escritores latinoamericanos circulan más que sus libros. Tenemos una industria editorial muy raquítica, que no es capaz de colocar nuestros autores en otros mercados, e incluso las grandes editoriales españolas publican a los autores colombianos para Colombia y no los ponen en los demás países.

Y hay que resolver otro tema recurrente, que es el de las traducciones. No siempre son fieles, a veces precipitadas. Y sin chauvinismo, las traducciones que vienen de España llegan en un lenguaje que no se comparte. Novelas que están situadas en Manhattan están llenas de gilipolleces y leches y otras cosas. Resultan chocantes para el lector mexicano o colombiano. A veces ni se entienden. Piglia fue todavía más cruel al decir que ya no solo son traducciones peninsulares, madrileñas, sino que parecen de Lavapiés, de un barrio de Madrid: son demasiado locales.

¿Y la piratería?

La piratería ha existido siempre. Uno piensa que se ha recrudecido, pero mi impresión es que la edición pirata, sea en línea o impresa, suele ser tan defectuosa que puede provocar un gusto por ver bien ese libro y acudir a comprarlo impreso o a bajarlo en una edición autorizada. Es la fórmula que utiliza Amazon: darte a leer un capítulo gratis, y generarte el apetito por comprarlo completo.

Ideas para la novena década

En busca de adaptarse a los nuevos tiempos, el Fondo de Cultura Económica lanzó una convocatoria en la pasada Feria del Libro de Guadalajara, la cual seguirá vigente hasta agosto de este año:

“Abrimos una consulta para que lectores, editores, traductores y autores opinen sobre qué les gustaría que fuera el Fondo al entrar en su novena década –dice José Carreño–. Comenzamos en diciembre y ya, a comienzos de enero, teníamos cien propuestas. Vamos a recibirlas hasta agosto próximo, y luego se sistematizan, se procesan y se trata de perfilar para el 3 de septiembre, cuando comienza la novena década del Fondo, un gran encuentro presencial y virtual de escritores, traductores y diseñadores del mundo hispano, para dar a conocer los perfiles programáticos del Fondo. Habrá una especie de congreso en México con los escritores del Fondo, pero no todos van a estar físicamente, sino que, por ejemplo, en Colombia habrá otro encuentro y estará conectado en línea. Igual con la filial en Chile, en Buenos Aires, en Guatemala, en Caracas, en la de Estados Unidos (en San Diego) y en España”.

La convocatoria está abierta también a lectores, se puede participar en www.fondodecul- turaeconomica.com/Consulta. Entre las propuestas que han llegado hay un interés por revivir las librerías y aumentar la circulación de los libros. Y una muy particular, en palabras del director del Fondo: “Un porcentaje muy alto, desde Canadá hasta Uruguay, nos piden un centro cultural como el de Bogotá”.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
EDITOR CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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