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Algo de lógica

Algo de lógica

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de enero 2014 , 05:20 p. m.

Todas las actividades, para tener sentido y aspirar al éxito, requieren el uso de la lógica. Hace muchos años, en los comienzos de la República, el doctor Francisco Soto, afamado jurista y político de su tiempo, exclamaba con desesperación: “¡El país se pierde por falta de lógica!”. Tal vez esa falta de lógica pueda explicar por qué los colombianos no hemos podido construir un país, por qué llevamos setenta años de guerra, y por qué, cuando empezamos a transitar el camino hacia la paz, lo llenamos de minas ‘quiebrapatas’.

Se espera que quienes ejercen desde los medios, bien sea como opositores o como defensores, o con imparcialidad, utilicen en sus opiniones la lógica más acendrada, que hagan de sus comentarios una enseñanza para el lector.

Por ello no deja de sorprender que un veterano e inteligente comentarista como Felipe Zuleta, llevado por sus arrebatos de cólera crítica prescinda de la lógica y termine diciendo cosas que, si él se relee, con seguridad también le parecerán idiotas.

Por ejemplo, en su columna de ‘El Espectador’ (domingo 5 de enero, pág. 47, ‘El país de los políticos’) quiere censurar la falta de acción del gobierno actual en la infraestructura vial y “el cinismo” del presidente Santos por sus partes de optimismo en cuanto a los avances del país en el presente cuatrienio. “Y la verdad –dice Felipe Zuleta—me pareció casi cínico porque acababa de llegar a Cali después de un viaje de trece horas por carretera, es decir, que me demoré más de Bogotá a Cali, que de Bogotá a París”. En el párrafo citado la ausencia de lógica es palmaria.

Si Felipe Zuleta se va a Cali por avión, en lugar de por carretera, el viaje le habría demorado media hora. Si se va a París en barco (pues no hay cómo por carretera), demoraría quince días. La comparación que él hace para criticar el mal estado de la carretera no es lógica, no se puede equiparar la velocidad de un avión con la de un automotor para decir que el gobierno es cínico al festejar el mejoramiento de la infraestructura, ya que Felipe Zuleta gastó trece horas de Bogotá a Cali por carretera, las mismas trece que habría gastado en vuelo de Bogotá a París.

Hace mucho que no la utilizo, y desconozco el estado real de la vía Bogotá-Cali. Sé que, en excelentes condiciones, y expedita, no se gastan menos de ocho o nueve horas. Si la carretera se encuentra descuidada, le habría bastado al columnista decir “hace cinco o seis años se empleaban siete u ocho horas por carretera de Bogotá a Cali. Y en mi viaje de la semana pasada, me gasté trece horas”. De ahí ya pueden sus lectores inferir que la carretera no se encuentra en buenas condiciones, deducción que les queda difícil con el símil que emplea Felipe, solo para darse el gusto de decir, sin ninguna lógica, que el gobierno es cínico.

Después Felipe Zuleta la emprende contra otra de sus malquerencias favoritas. El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Yo no veo la utilidad de discutir con los que piensan que Petro es un mal alcalde. Como suele decirse, la historia juzgará eso. Bogotá ha tenido alcaldes excelentes que durante su ejercicio fueron odiados por sus conciudadanos. Las obras de modernización que emprendieron fueron causa, durante su realización, de muchas incomodidades. Maldiciones a la lata cayeron sobre Higinio Cualla, Jorge Eliécer Gaitán, Jorge Soto, Carlos Sanz de Santamaría, Jorge Gaitán Cortés. De cada uno de ellos se afirmó en su momento que era “pésimo, el peor que ha tenido Bogotá”, como ahora se dice de Petro, por algunos. Sin embargo, gracias a esos seis alcaldes, Bogotá existe y es una ciudad en marcha, salvada por ellos de los malos efectos de otras administraciones, esas sí de verdad pésimas alcaldías, pero divinamente publicitadas.

Que cada quien opine lo que le dé la gana sobre Petro, está bien. Y estaría mejor si las opiniones, a favor o en contra, fueran lógicas. Por eso la lógica parda de Felipe Zuleta resulta deprimente: “A riesgo de ganarme varios insultos de los petristas,” cree, “hay que decir que Petro ha sido muy mal alcalde, honesto sí, pero realmente muy malo. Y la ciudad y los habitantes sentimos eso todos los días. Nuestra calidad de vida se deterioró aún más de lo que ya había pasado con los ladrones del régimen anterior”.

Según la ilógica de Felipe Zuleta, debemos inferir que, para él, la honestidad es cosa secundaria, adjetiva, casi un adorno, y que la honestidad del alcalde Petro ha sido más dañina que la ladronera y la corruptela de los regímenes anteriores.

Cuánta razón tenía el doctor Francisco Soto. El país se pierde por falta de lógica.

Enrique Santos Molano

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