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José Consuegra Higgins, el economista y humanista

José Consuegra Higgins, el economista y humanista

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de enero 2014 , 04:33 p. m.

El fin de año nos sorprendió la noticia del sensible fallecimiento de José Consuegra Higgins, quien consagró su larga vida a la docencia, a la investigación, a la innovación y a la promoción social, de lo cual quedan fecundos logros para Latinoamérica, Colombia y la región Caribe colombiana de la cual fue uno de sus valores intelectuales más connotados.

Otras plumas ilustres y cercanas a su periplo vital nos han regalado estupendas semblanzas de la incansable y prolija labor intelectual de este insigne economista y mejor humanista, por lo que, en la presente columna, solo quiero dejar mi testimonio sobre quien fuera mi profesor en la Universidad de Cartagena en los distantes años de 1963 y 1964.

En esa época era toda una aventura iniciar estudios profesionales en esta rama del conocimiento y menos en un programa nuevo en una universidad de provincia como la de Cartagena, institución que tenía merecida fama en sus programas clásicos de Medicina, Derecho, Ingeniería Civil, Odontología, Trabajo Social, Enfermería y Química y Farmacia. Por ello, no era nada fácil abrirle el espacio a una nueva disciplina profesional en ese medio, sobre todo, cuando en el ámbito nacional se hablaba peyorativamente de ‘los economistas jóvenes’y se hacían burlas con avisos de prensa que solicitaban ‘economistas con bicicleta’.

Consuegra fue un devorador de los clásicos ingleses Adam Smith, David Ricardo, Stuart Mills, Marshall pero también de autores de otros países y épocas como Quesnay, Marx, Shumpeter y Keynes, entre otros, cuyos planteamientos acogía o rechazaba con sentido crítico sobre su validez en el contexto de las economías subdesarrolladas, expresión que él prefería a la ‘políticamente correcta’ formulación hecha por la primera Conferencia Mundial sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD 1), de Naciones Unidas, celebrada en Ginebra en 1964, de “economías en proceso de desarrollo”,con el supuesto de que este concepto es dinámico y el otro estático.

No aceptaba la simplista definición de que la economía era la ciencia que estudiaba la producción, distribución y consumo de las riquezas, sino que le agregaba el estudio de los problemas de tipo social originados en aquellos fenómenos, dado que el hombre era el sujeto y objeto de la economía.

Cuando enseñaba los sistemas económicos que en la historia han existido no vacilaba en decir que el esclavismo se había acabado cuando dejó de ser un negocio para los esclavistas, en el sentido de que los costos de producción de un esclavo eran superiores a su producción, con lo cual confrontaba a quienes decían que se había acabado por razones piadosas y de sentido humanitario.

Fue un firme convencido de la necesidad de tener una explicación teórica sólida sobre el subdesarrollo que para él no solo era el latinoamericano, al estilo Prebisch, sino que incluía las prácticas ancestrales de nuestros indígenas y la sabiduría campesina.

A veces discernía como un lúcido heterodoxo frente a las teorías vigentes, en especial sobre el papel del dinero en la economía, aspecto en el que destacaba su carácter fiduciario y de medio de cambio pero rechazaba lo de acumulador de valor a través del tiempo. Ponía como ejemplo en que cuando uno recibía un billete, lo hacía como un acto de fe en la autoridad monetaria que lo emitía (de ahí lo fiduciario), tesis que después amplió en un pequeño opúsculo en el que predijo la desaparición del dinero tal como ahora se conoce, en un enfoque parecido al reciente de Paul Kugman quien se ha referido a los esfuerzos que se hacen para la creación de una moneda virtual.

Fue representante a la Cámara por el departamento del Atlántico y elegido más tarde como consejero nacional de Planeación en representación de la Rama Legislativa, pero una reestructuración del estado promovida por el entonces ministro de Hacienda, Carlos Sanz de Santamaría, despojó al Congreso de su participación en la elaboración de los planes de desarrollo.

Pero cuando, en el gobierno de Carlos Lleras, se presentó la crisis y ruptura con el Fondo Monetario Internacional, que luego dio origen al Decreto-Ley 444 de 1967, el maestro Consuegra desempolvó sus papeles de antiguo consejero para demostrar que las medidas tomadas en esa coyuntura él las había propuesto dos o tres años atrás.

Paz en la tumba de este insigne y magnífico maestro.

Amadeo Rodríguez Castilla

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