Los últimos instantes de los Olarte García, muertos por intoxicación

Los últimos instantes de los Olarte García, muertos por intoxicación

Detalles de lo que pasó con la familia que murió por inhalación de monóxido de carbono en Bogotá.

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07 de enero 2014 , 08:30 p.m.

Gloria Olarte tocó la puerta, pero nadie le abrió. Entonces, ella decidió empujar la ventana y correr la cortina para echarle un vistazo a la habitación. En una cama vio acostado a su hermano David y a sus dos sobrinas, de tres y cinco años. En la otra cama vio a su cuñada Diana Marcela. Cuenta Briyith, su sobrina mayor, le hizo señas como si estuviera jugando.

“Mejor los dejo dormir”, pensó, según contó después, y se marchó del lugar. En ese momento, su hermano, su cuñada y sus dos sobrinitas eran víctimas de la ‘muerte dulce’, como paradójicamente le llaman a fallecer por inhalación de monóxido de carbono. Así fue el drama de la familia que perdió la vida el pasado fin de semana en una casa del sur de Bogotá.

Amor estudiantil

Andrés David Olarte tenía 23 años. Para ganarse el sustento se desempeñaba como obrero de la construcción. Lo hacía en ocasiones, cuando lo llamaban para alguna obra. Pero en realidad, no tenía un ingreso fijo, porque no había trabajo fijo.

Diana Marcela García García tenía 20 años. Hasta hace poco había laborado en un pequeño restaurante junto con la mamá de ella, doña Aura María.

David y Diana Marcela se conocieron cuando eran adolescentes. La primera vez que se vieron fue en el colegio Sede Altamira, que queda en el barrio donde vivían. Allí se enamoraron.

Su historia, como la de muchas parejas, tuvo episodios como el de haberse ‘volado’ a vivir juntos. Fue por esa época que nació su primera hija, la juguetona Briyith a quien una de sus abuelas llamaba cariñosamente ‘Mi Gordita’.

Luego de esa etapa, cuando ya sus familiares los vieron establecidos como pareja, se acercaron a ellos para apoyarlos en el reto de sacar adelante a la familia que habían conformado.

Doña Aura María se los llevó a vivir a su casa, por los lados del barrio Aguasclaras de la localidad San Cristóbal. Hace tres años nació Lizeth Natalia, la segunda hija de la pareja.

Un nuevo hogar

En noviembre pasado, David y Diana Marcela se marcharon de la casa de los padres de ella y arrendaron un pequeño apartamento en un primer piso de una casa esquinera, ubicada en el barrio Los Puentes. Su nueva vivienda, por la que pagaban 150 mil pesos de alquiler, quedaba muy cerca de la de los demás familiares.

Por eso, constantemente allegados de uno y otro los visitaban. Lo hacían por dos razones fundamentales, por ver a las niñas cuando regresaban del jardín y por ‘echarles una mano’ ante la difícil situación económica que tenían que enfrentar.

Tras las festividades de la Navidad y de Año Nuevo, el pasado jueves 2 de enero, el papá y los hermanos de Diana Marcela los invitaron a almorzar y, de paso, para que recogieran algunos regalitos que les tenían guardados a las niñas. Ella fue con sus hijas, porque David no pudo asistir a la reunión, pero en la tarde pasó a recogerlas.

Cuando ya se marchaban para la casa, don Jeremías, el padre de Diana Marcela, les dio para el bus. Les entregó 7 mil pesos. Fue la última vez que la familia de ella los vio con vida.

Una hermana alarmada

Quien más los visitaba era Gloria, hermana de David, quien es mayor que él. El sábado se pegó una pasadita por la casa esquinera del barrio Los Puentes. Eran las 4:00 de la tarde cuando llegó a la vivienda, ubicada en la transversal 13 B este con calle 46 F sur, y tocó en la puerta del pequeño apartamento del primer piso.

Fue ese día que a ella le pareció ver a su sobrinita de 5 años hacerle señas a través de la ventana. Fue también ese día cuando pensó que su hermano, su cuñada y su otra sobrina estaban haciendo la siesta de la tarde, como solían pasar los días de descanso en familia. Y se marchó.

Al día siguiente, el domingo, casi a la misma hora, 4:00 de la tarde, regresó para repetir la rutina del día anterior: primero tocó en la puerta color café de la entrada y luego fue a la ventana por la que podía ver la habitación. La encontró entreabierta como el día anterior.

Cuando Gloria corrió la cortina un mal presentimiento la invadió. Vio a sus cuatro familiares acostados en la misma posición como los había presenciado la tarde del día anterior. Entonces, se alarmó y corrió en busca de la Policía.

Regresó acompañada de varios uniformados, quienes en un principio dudaron de forzar la puerta por no contar con una orden judicial para ello. Pero se decidieron ante la escena que vieron a través de la ventana.

Un pollo en el fogón

Cuando Gloria y los policías ingresaron al pequeño apartamento, los recibió un olor penetrante. En una olla ahumada que estaba en la estufa había quedado un pollo que la familia había puesto a cocinar. El fogón, con la llave abierta, estaba apagado. El gas tenía invadido el ambiente.

En la habitación había dos camas, en una de ellas, en la matrimonial yacía el cuerpo de David con los de sus dos chiquillas; en la otra, hallaron el cuerpo de Diana Marcela.

Ese día se tejieron varias hipótesis sobre lo que pudo haber ocurrido. Los familiares de lado y lado rechazaron todo lo que se dijo en ese momento. Fue el dictamen forense del Instituto de Medicina Legal el que despejó la duda. El infortunio había tocado a David, a Diana Marcela y a las dos hijitas de la pareja. La ‘muerte dulce’ se los había llevado a los cuatro.

JOHN CERÓN
johcer@diariomio.co
Redactor Diario MÍO

 

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