Secciones
Síguenos en:
Las ordalías de Ordóñez

Las ordalías de Ordóñez

notitle
Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de enero 2014 , 07:26 p. m.

La ordalía o juicio de Dios era una institución jurídica vigente hasta finales de la Edad Media en Europa. Consistía en “invocar e interpretar el juicio de la divinidad a través de mecanismos ritualizados, de cuyo resultado se infería la inocencia o culpabilidad del acusado. No cabe duda del carácter mágico e irracional de estos medios probatorios, de ahí que las ordalías fueran siendo sustituidas por la tortura a partir de la recepción del derecho romano en el siglo XII”, según Tomás y Valiente.

Mediante la ordalía se decidía, sobre supuestos mandatos divinos, la inocencia o culpabilidad de una persona o cosa (libros, obras de arte, etc., algo muy del Procurador) acusada de pecar o de quebrantar las normas jurídicas. Consistía en pruebas que en su mayoría estaban relacionadas con torturas. Si alguien sobrevivía o no resultaba demasiado dañado, se entendía que Dios lo consideraba inocente y no debía recibir castigo alguno. De estos juicios se deriva la expresión ‘poner la mano en el fuego’, para manifestar el respaldo incondicional a algo o a alguien, o la expresión ‘prueba de fuego’ (Wikipedia).

No me parece traído de los cabellos comparar la manera de impartir justicia del procurador Ordóñez con la registrada para el medioevo. En varios casos, sus destituciones tienen un carácter profundamente religioso y vengativo. Véase el caso del exalcalde de Medellín Alonso Salazar.

Ahora bien, Petro tampoco es de mis afectos. Hace algunos días, en Facebook, me atreví a referirme al Procurador y al Alcalde en términos poco halagüeños, lo que causó profundo malestar en mis familiares de derecha y entre mis amigos de izquierda. Cada día que pasa les encuentro más similitudes. Asumen sus contrapuestas ideologías de manera autoritaria y casi mística. Ambos, dueños de inmensos egos, son ajenos a la reflexión y a la mesura. Autoritarios y soberbios, ofician sus misas, el primero en el matrimonio de su hija rodeado de los poderosos en la catedral, y el segundo con sus redimidos en la plaza de Bolívar invitando al desacato. Ambos se pasan las reglas del juego por la faja. Al uno le fascina el imperativo ‘destitúyase’, al otro le encantaría echar mano del chavístico ‘exprópiese’. Probablemente ninguno de los dos sea en sentido estricto corrupto; si acaso, en las justas proporciones de que hablaba Turbay Ayala. Peligroso Procurador vs. Pésimo Alcalde.

Mauricio Pombo

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.