Editorial: El canal vuelve a agitarse

Editorial: El canal vuelve a agitarse

05 de enero 2014 , 07:25 p.m.

En selvas, ríos y charcas del istmo de Panamá quedaron sepultados más de 27.000 trabajadores, miles de millones de dólares, un trozo de la república de Colombia y el prestigio ocasional de la ingeniería de España, Escocia y Francia. Todo por el empeño de unir a través de un canal el mar Caribe y el océano Pacífico y evitar a las embarcaciones tener que ir hasta el cabo de Hornos. Finalmente, tras innumerables y novelescas vicisitudes, Estados Unidos construyó el canal y lo inauguró hace 100 años. En 1977 acabó devolviendo a Panamá la soberanía sobre la zona mediante el histórico tratado Carter-Torrijos.

Los problemas no terminaron entonces, sin embargo, y hoy vuelven a aparecer. Aun cuando esta vez no se trata de obstáculos tan sobrecogedores como los que ha enfrentado la titánica obra, surge un nuevo conflicto. Desde hace años Panamá se planteó la necesidad de ampliar la vía interoceánica con dos sistemas de esclusas nuevos y el ensanche y profundización de los pasos de navegación existentes. En julio del 2009 adjudicó las obras al consorcio multinacional de empresas Grupo Unidos por el Canal (GUPC), liderado por la española Sacyr. Era la propuesta más económica y la de más alta calificación: 3.188 millones de dólares.

El 30 de diciembre pasado, Panamá supo que lo barato resulta caro. Tras varios desencuentros y reclamos de pagos adicionales, GUPC dio un ultimátum de 21 días al Gobierno para que le pague 1.200 millones de dólares en sobrecostos o de lo contrario amenaza con suspender las obras. El contrato firmado contempla reajustes y solución de diferencias, pero dentro de normas aceptadas por las dos partes. Resulta, pues, inaceptable el tipo de presiones que ejerce el grupo multinacional, quizás contagiado por la atmósfera de atropellos y abusos que ha caracterizado la larga historia del tajo y por el anuncio de que Nicaragua podría abrir un canal competidor.

El presidente Ricardo Martinelli viajará a Europa en pos de soluciones. Sería aconsejable que los gobiernos de España, Italia y Bélgica, a los que pertenecen los miembros del consorcio, contribuyeran a buscar un remedio de consenso antes de que la situación alcance un punto sin retorno que perjudicará a todos.

editorial@eltiempo.com.co

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