La periodista que da voz a las víctimas de los narcos en México

La periodista que da voz a las víctimas de los narcos en México

Marcela Turati denuncia presiones a los medios para no cubrir la guerra. Entrevista.

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05 de enero 2014 , 04:06 p.m.

El pasado 22 de junio la mexicana Marcela Turati (1974) leyó un discurso estremecedor ante un auditorio repleto en San Antonio, Texas. Era la invitada de la edición 34 de la Conferencia de Editores y Reporteros de Investigación de ese estado. Todo un conjunto de estrellas del periodismo estadounidense escuchó el grito desesperado de esta periodista que desgranaba el horror del narcotráfico en México y el drama que viven decenas de informadores que se atreven a levantar la voz frente a la impunidad.

El discurso no tenía título, pero rápidamente se propagó por la red como una súplica: ‘No nos abandonen’. Desde entonces, se ha convertido en un referente de la lucha que Turati y muchos periodistas de su país han emprendido para que la ‘narcoguerra’ que se libra en México no los silencie a ellos ni a las víctimas. Una batalla desigual que ha dejado una estela de sangre y dolor allá por donde pasa: en la ofensiva que Felipe Calderón lanzó durante su período presidencial en el último sexenio –del 2006 al 2012–, se calcula que hubo por lo menos 70.000 muertos y 30.000 desaparecidos. En esa cruenta contienda, unos 80 periodistas han caído bajo el fuego cruzado en la última década, y otros 17 han desaparecido, según la organización Reporteros Sin Fronteras.

Turati, reportera de la revista Proceso, galardonada con importantes reconocimientos internacionales (fue finalista del premio Gabriel García Márquez el pasado noviembre) y autora de varios libros, todavía se pregunta cómo fue que su país cayó en esa especie de orgía perpetua de muerte y rencor. Hace unos años era una periodista especializada en pobreza que de repente comenzó a cubrir masacres. Esta mañana, cuando hablamos, recuerda que el día anterior en Ciudad Juárez, una zona aparentemente ‘pacificada’, asesinaron a ocho miembros de una familia, tres de los cuales eran menores de edad. Un día después hallaron más fosas con cuerpos mutilados en Sonora y Jalisco (42 cadáveres en los últimos diez días) y casi simultáneamente un informe de la DEA alertaba de la penetración de los carteles mexicanos en territorio nacional y del control que están ejerciendo sobre el mercado de la heroína en Estados Unidos.

Usted les pidió a los periodistas estadounidenses que indagaran en la otra cara del narcotráfico, en los carteles que se mueven en ese país. ¿Qué respuesta obtuvo?

Cuando terminé mi discurso muchos se acercaron a decirme que no habían pensado en eso y me dijeron que iban a proponer esos temas, porque muchas veces ni los carteles ni el narcotráfico interesan allí. Yo he escuchado a gente decir que no hay carteles estadounidenses, que todo es manejado por mexicanos o que solo hay menudeo. Por eso mi reclamo, porque también han llegado a decirme que a su público no le importa lo que sucede en México.

Cuesta creer que en Estados Unidos, y entre los mismos periodistas, exista la percepción de que el narcotráfico no es un asunto suyo…

Ellos creen que los carteles en México no tienen contrapartes estadounidenses. Piensan que son familias mexicanas y que de vez en cuando reclutan a personas de muy bajo nivel. Lo que nosotros les decimos es que en los juicios que se han hecho allá empezamos a confirmar la presencia del narcotráfico en varias ciudades. Y también hay asesinatos de su lado. La otra cosa que no quieren ver es que la violencia en México les afecta porque hay más migración hacia su territorio.

¿Cree que hay autocensura? ¿Quizá por miedo?

No. Simplemente no les importa. Están en otra cosa. Ni siquiera hay interés ni responsabilidad en asuntos como el tráfico de armas. Obviamente las armas que se venden libremente en Estados Unidos llegan a México. Por eso les decimos: investiguen, reporteen. Tenemos que unir las piezas. Pero es tan difícil. Ahora estamos viendo cómo se ha reducido la cobertura y cómo los grandes medios dejaron de tener a México como prioridad; cerraron sus corresponsalías y ya casi no se cubre la frontera.

¿Cómo se lidia con un país sitiado por el narcotráfico donde muchos periodistas, como usted ha contado, se sienten muertos en vida?

Lo que estamos tratando de hacer es crear redes de periodistas de confianza para que entre ellos se cuiden y se protejan. Pero hay muchos casos terribles: conozco un periodista que se sentó con un revólver en la mano a esperar a que lo mataran. No murió, pero se retiró del periodismo y ahora trabaja para el municipio. De repente nos enteramos de reporteros que han sido secuestrados, torturados, que han tenido que abandonar el país… Hay un caso famoso, el de Mario, que huyó con su familia al D. F. después de haber sido secuestrado y torturado y se puso a trabajar de payaso en las esquinas haciendo malabares y ahora vende tacos por las noches porque no puede hacer periodismo. Nuestra intención es presionar para que los mecanismos de protección a periodistas funcionen y que no tengan que salir corriendo. Algo que ustedes vivieron. También hacemos talleres de autocuidado emocional: hay gente que se siente culpable hasta de tener hijos. Esos talleres nos sirven para aprender qué reacciones son normales ante situaciones anormales y qué podemos hacer para no perder la sensibilidad, para que esta tremenda tristeza no nos joda la vida.

¿A usted cómo la ha tocado esta situación? ¿Ha recibido amenazas?

No, yo no vivo bajo amenazas. Tomo un vuelo y me meto en lugares donde me dicen que no vaya, pero después regreso al D. F. Para mí los verdaderos héroes son los periodistas locales porque muchas veces ellos no pueden hablar. A mí lo que más me toca es el asunto de las víctimas. Emocionalmente es muy fuerte estar todo el tiempo presenciando tanto dolor y tanto miedo.

¿Es comparable el caso mexicano con el colombiano?

En algunas cosas creo que sí. A mí me ayudó mucho tener contacto con reporteros colombianos. Es curioso, cuando los escuchábamos contar las historias de su país en los talleres de periodismo, no nos lo creíamos. Eran nuestros héroes. De repente todo eso nos tocó. Es una sensación bien rara. De hecho, lo que hicimos fue pedir ayuda a la ONU para que nos trajeran periodistas colombianos para que nos explicaran cómo se cubría algo así. En lo que respecta a los periodistas sí pienso que el conflicto ha sido más intenso. El narcotráfico se ha dado en muy poco tiempo y ha sido muy urbano, en varias ciudades simultáneamente. Aquí no existe la complejidad que tienen ustedes allá, con varios elementos. Aquí es narco puro.

Usted ha dedicado muchos años a dar voz a las víctimas, pero eso también implica entrar de lleno en el mundo del crimen organizado. ¿Cómo está la situación en este momento?

Parece que se está pacificando el norte del país y está estallando el sur. Lo cierto es que hay un silenciamiento raro y perverso de los medios. No se sabe muy bien qué está pasando. Es como si con el cambio del sexenio se hubiera arreglado todo. El mensaje fue: ‘Hablemos de paz’. Como si el país hubiera cambiado otra vez.

Pero lo que hay es un silencio atroz…

Exacto. Nuestra lucha es contra el silencio. Sabemos que hay zonas donde los gobiernos estatales están pagando mucha publicidad para que no se hable ya de la violencia. Y hay una orden federal de un cambio de imagen. Ya no se habla de guerra a pesar de que hay sitios que están ardiendo.

No se está dando la cobertura suficiente y el miedo ahora es que no sabemos bien qué está pasando, ni dónde. No podemos decir abiertamente que el gobierno no permite que se hable de esto porque no tenemos pruebas, pero sabemos que hay una presión fuerte a algunos medios. El gobierno lo niega, pero obviamente algo está pasando; la agenda cambió y las víctimas ya no tienen peso, poder ni voz. Fue todo muy rápido.

¿Ha recibido algún tipo de presión en ese sentido?

Yo estoy en un diario que habla de las víctimas. Pero como decía antes, las víctimas han dejado de ser noticia rápidamente.

¿Cree que eso tiene que ver con que la sociedad mexicana se ha vuelto indolente frente a las víctimas del narco?

Hay de todo. Hay gente que se está blindando y que no quiere saber. Pero más allá de eso creo que hay una orden de silencio. Ya no se habla de las desapariciones a pesar de que sigue desapareciendo gente. Estamos tratando de ver qué claves hay que tocar para que lo que continúa ocurriendo no pierda significado y tenga espacio.

¿Y cuál es la estrategia de los carteles ahora?

Parece que la orden es que se aplaquen. Nos surge entonces la duda de por qué supuestamente Juárez se pacificó. No sabemos si hubo un pacto o qué, pero lo que está claro es que no fue por ninguna política distinta porque nada es distinto. Creemos que en algunas zonas los carteles se arreglaron y se dividieron el territorio. En otros, se siguen peleando, pero más hacia el sur.

¿Hacia dónde cree que va esta guerra?

No sé. Ahora mismo estamos tratando de entender lo que está pasando, aunque yo creo que va a peor a pesar de los mensajes que da el gobierno: se creó una Ley de Víctimas y una unidad de personas desaparecidas y en los foros internacionales presumen de eso, pero la verdad es que se trata de una gran mentira porque esas cosas no tienen presupuesto ni personal, no se han implementado. No olvidemos que se trata del PRI, que sabe hacer anuncios y moverse bien. El problema es que son solo eso, anuncios.

¿Se puede decir que la violencia en su país es epidémica? Ustedes están viviendo también el fenómeno de los sicarios…

Sí, es el mismo fenómeno que ustedes vivieron. De ahí surge esa frase de ‘más vale vivir un año como rey que diez como buey’. Los jóvenes quieren ser el ‘Chapo’ Guzmán (uno de los narcotraficantes más buscados del mundo) pero nadie les explica el dolor que causa gente como él. Quieren ser parte del crimen organizado o irse a Estados Unidos porque no hay un plan para desarrollarse. La violencia ya está incluso en su lenguaje. Lo vemos en internet. Échele un vistazo a Movimiento Alterado. Son grupos musicales de varias regiones donde los chicos salen con capuchas, con metralletas y rifles y sus canciones hablan de cómo les gusta matar y cortar cabezas.

Marcela Turati es autora de ‘Fuego cruzado: las víctimas atrapadas en la guerra del narco’ (2011) y coautora de ‘La guerra por Juárez’ (2010) y ‘Entre las cenizas, historias de vida en tiempos de muerte’ (2012). Es cofundadora de la plataforma web Periodistasdeapie. En octubre recibió el premio de Derechos Humanos Wola 2013 en Washington.

TATIANA ESCÁRRAGA
EDITORA REDACCIÓN DOMINGO

 

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