Un homenaje

Un homenaje

notitle
04 de enero 2014 , 03:55 p.m.

Son dos náufragos aferrados a sus hijos. Hay mañanas en que quisieran que no amaneciera, pero abren los ojos, respiran y siguen braceando para sacarlos a flote, para que los niños no repitan su mismo calvario. La guerra se cebó con ambos y el azar quiso unirlos años más tarde para afrontar juntos sus destinos. Sería imposible que alguien que no hubiera pasado por tanto sufrimiento comprendiera sus melancolías, la tristeza de sus miradas, la hondura de su desdicha.

La guerrilla acabó con media familia de la esposa y los paramilitares con más de la mitad de la del marido. No solo asesinaron a papás, hermanos, tíos, sino que arrasaron sus bienes, los desplazaron, los condenaron a convivir con la zozobra y la pobreza, y tampoco encontraron en el Estado el refugio y la protección que merecían.

Escucho su historia en la penumbra de una casa humilde, en una población azotada por la violencia, y siento por ambos una admiración profunda. Ella rememora la noche en que, siendo niña, enterró a su mamá a escondidas, de forma apresurada, en un hueco abierto entre la maleza, con una hermana y un pariente como única ayuda, porque nadie se atrevió a contravenir la orden guerrillera de que dejaran botado el cadáver. Él relata el horror de recoger a sus hermanos degollados, los primeros de una cadena sangrienta.

Hablan pausado, sin ira, armando con serenidad infinita el puzzle dantesco de su pasado; a veces se les enrojecen los ojos, a veces no hay emoción en sus recuerdos, como si evocaran una historia ajena. Han derramado tantas lágrimas y pasado en blanco cientos de noches de insomnio, aplastados por los recuerdos, que uno no acierta a descifrar cuándo es dolor lo que aún sienten y cuándo resignación por agotamiento.

Merecerían una reparación a lo Íngrid, un trato de héroes planetarios, de admirables seres humanos que combaten a diario el desaliento y se esfuerzan por encontrar motivos para conservar la esperanza.

Los violentos les arrebataron todo sin razón alguna; intentaron someterlos por las armas, borrar sus existencias, sus raíces, pero ni perdieron jamás la dignidad ante sus agresores ni dejaron de luchar en solitario por seguir viviendo.

Son la cara de la resistencia silenciosa, anónima, valiente, del campesino que recibe todos los golpes y no puede devolver ninguno. O que no quiere hacerlo, porque lo suyo es el azadón, las vacas, disfrutar de las inmensas praderas verdes salpicadas de árboles frondosos, de sus horizontes bellos, infinitos. Rechazan los fusiles, desprecian la venganza que no resucitará a sus muertos. Pero en lo más íntimo de sus corazones, aunque dan por descartada la justicia porque nadie la impartió nunca con ellos, desearían que, al menos, les compensaran por lo que perdieron para ofrecer a sus hijos algo más que estrecheces.

En Colombia hay millones de víctimas (...). Es difícil medir el sufrimiento, quién padeció los peores mazazos, qué grupo fue más brutal. Pero hay casos incontestables, urgentes, que exigen una actuación inmediata. Deberían dar prioridad a quienes acumulan mayor número de tragedias, quienes necesitan sanar heridas más profundas.

* * * *

Escribí esa columna en diciembre del 2008. No podía dar nombres. Lo hago ahora: Él se llamaba Gildardo Padilla y era un hombre extraordinario. Lo asesinaron el 17 de noviembre pasado en Valencia (Córdoba). No consiguió nada del Estado, ni siquiera que le protegieran la vida. Eran once hermanos y quedan tres. ¿Será que en el 2014 ayudan a los sobrevivientes?

Salud Hernández-Mora

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.