Tres muy auténticos restaurantes orientales

Tres muy auténticos restaurantes orientales

Nuevas opciones de gastronomía asiática, pero con 'chef de origen'.

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04 de enero 2014 , 03:27 p.m.

Tres restaurantes orientales que abrieron sus puertas durante el 2013 en Bogotá –Asiari, coreano; Cooking Taichi, chino, y Motomachi, japonés– tienen en común que cuentan con chefs originarios que prometen máxima fidelidad a la cultura gastronómica a la que representan.

Comparando sus propuestas, pueden encontrarse datos divertidos: las tres cocinas usan salsa soya y tienen empanadas asadas. Así, las gyosas coreanas podrían tener su equivalente en las kuo tie de la región de Shanghái, en China, aunque estas últimas tienen más guiso y son menos secas. Además, los tres tienen su estilo de parrilla: Japón tiene el teppankayi y también el yanikiku; China tiene su tie pan, que llega a la mesa servido en plancha caliente.

A continuación, un abrebocas de lo que cada uno de ellos nos ofrece.

Asiari, el coreano

Abrió en abril pasado como la ilusión de una familia coreana, que se entusiasmó con la idea de mostrar su cultura gastronómica después de ver el éxito de la misma en Estados Unidos. Nicole Yoon, nacida en Corea, administradora del lugar, cuenta que los platos coreanos están a cargo de sus tíos, porque también ofrecen bocados como el sushi japonés y platos tailandeses, preparados por cocineros colombianos.

La presencia del menú ‘no coreano’ en Asiari es producto de la plena conciencia de que los sabores de ese país aún son desconocidos para él grueso de los comensales locales. “Era una manera de no irrumpir con una carta desconocida”, subraya Yoon. “De Corea viene la salsa ponzu -añade-, una salsa de soya combinada con sabores cítricos”, y advierte que el picante es importante en la gastronomía coreana (aunque el restaurante se adapta al paladar colombiano). “Si uno quiere darse una idea de los sabores clásicos de Corea, puede empezar con una sopa de ramen con cebollita, picante, fideos, verduras y huevo; y aquí les agregamos pollo o mariscos”, dice.

Además, hay una atractiva pasta traslúcida coreana; un fideo hecho de batata que llega a la mesa entrelazado con verduras y carne de res. Es el ‘japchae’. Para un “novato” de estos sabores, este puede ser un buen comienzo. En Asiari también destacan el ‘kimchi’, su plato insignia, una ensalada de vegetales fermentados casi tan de diario como el arroz. La sugerencia es pedir varios platos que lleguen a la mesa al tiempo; en Corea no existe el orden de entrada, sino que comparten en el centro, en cualquier orden y acompañado con té. Otro recomendado: su tortilla de mariscos en cebolla verde. Es un espectáculo ver cómo la cortan con tijeras en la mesa y después saborearla con una de esas salsas dulzonas.

Cooking Taichi, el chino

Cooking Taichi también fue una propuesta ambiciosa: Kenny Tsui, presidente de la colonia china, quiso darle a Bogotá una carta que recorriera las diferentes regiones de su inmenso país. Y se trajo de allá a cocineros especializados de distintas regiones. Dice que la ventaja de abrir un restaurante chino es que hay clásicos de esta gastronomía que ya son universales y conocidos por el colombiano: el arroz, sí, pero también el pato Pekín y los rollitos primavera. Sin embargo, su carta es extensa y promueve, entre muchas elaboraciones, los bocados ‘dim sum’, pequeños, y muchos con rellenos de proteínas envueltas en telas de arroz y cocinados al vapor (aunque también hay empanadas fritas), así como su propio estilo de parrilla.

“La gente que no viaja a Oriente se confunde, porque hay restaurantes que hacen fusiones de las diferentes influencias orientales -dice Tsui-. Pero hay cosas que tienen el sello nuestro”. Como ejemplo: las salsas ‘hoisin’ y la de ostras, que sirven para aderezar y cocinar varios platos del menú.

Motomachi, el japonés

El sushi no requiere mayor presentación. Pero en Motomachi hay una excelencia en su preparación. El jefe de cocina es el chef Nakama Misao, conocido ya en el medio gastronómico del país. La propuesta es disfrutar no solo del sushi y del ‘teppanyaki’, sino probar el Yakiniku, que describen como un ‘barbecue’ a la japonesa, que se prepara en la mesa, y al que llegan diferentes carnes, mariscos y vegetales que el mismo comensal puede ir poniendo en la parrilla.

“El colombiano ya sabe lo que es japonés -dice Misao, acerca de la cocina que representa-; que nos gusta el pescado crudo, mucho ‘sashimi’ y que nuestra comida es sana. Por eso tanta gente en el mundo la consume”.

Liliana Martínez Polo
Cultura y Entretenimiento

 

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