De confrontación a concertación

De confrontación a concertación

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03 de enero 2014 , 06:55 p.m.

De darse cese del conflicto, será diferente porque quedaron evidentes errores de la dirección del país. Sería desperdicio no inducir mecanismos nuevos para rediseñar el modelo nacional, como continuidad lógica del cambio político ante el conflicto que le está dando un vuelco a la óptica socioeconómica. Desde el Frente Nacional el país carece de

oposición como elemento básico para esa reflexión, porque la repartición bipartidista del Estado propició la complicidad del clientelismo, la corrupción, sobre todo el unanimismo, que despolitizó la economía y el orden público, bloqueó fiscalización y crítica y aisló del debate de posguerra que generó la actualización democrática. La república padece de una necrosis partidista de más de medio siglo, la violencia como válvula única, instigada además por la droga, para la cual no había preparación fuera de la policiva y mayor dependencia externa. La política fue desplazada por tecnocracia económica y excepcionalidad de Estado de sitio, recursos de un autoritarismo cuya presencia actual se ve como anómala cuando prolonga el del frentenacionalismo como base de gobernabilidad.

Salir de la conflictividad supone romper el unanimismo que refleja la conformación partidista y estatal, por medio del procedimiento experimentado en otras partes de repartir deliberación y planeación entre entidades sociales representativas como las convocadas solo para la coyuntura de un salario apropiadamente llamado mínimo. Al contrario de confrontar, concertar es un procedimiento de repuesto para el normal del partidismo, aquí sin sujeto, el tradicional confiscado por caciques y delfines, sola oposición la izquierda, atrofiada sin embargo en el sectarismo o el militarismo, desperdiciando la acumulación que se venía dando por ejemplo en Bogotá por incapacidad administrativa, corrupción y complicidad con ella, ahora por el exceso demagógico del Alcalde destituido.

No es que el sindicalismo, la empresa privada o el Estado politiquero sean garantía, pero si se quiere desmontar la explosividad social, hay que empezar a afrontar pluralmente el desequilibrio entre público y privado, a devolver a control estatal actividades que no pueden privatizarse, como educación y salud, a dar salida sensata al narcotráfico; en general, a cuestionar un modelo dependiente que produce desigualdad y desempleo. Como pluralismo sociopolítico que no ha habido, la concertación puede equilibrar la deliberación y al tiempo debilitar los extremos del conflicto. Es malsano seguir creyendo que el crecimiento por sí solo pueda ser progreso, dejándole decidir para quién y cómo, mientras no da empleo a los jóvenes, exporta utilidad y explota los recursos al costo de deterioro ambiental. Anular la confrontación violenta pasa por conciliar crecimiento e igualdad y democratizar la política. Tal vez inexperimentado e ingenuo, Napoleón creyó que a la larga el espíritu derrota el sable.

Jorge Restrepo

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