¿Y el futuro de la Bogotá Humana?

¿Y el futuro de la Bogotá Humana?

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03 de enero 2014 , 06:51 p.m.

Supongamos que agotados todos los recursos en las diversas instancias a que tiene derecho el alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro, finalmente los sectores minoritarios comprometidos con una posición ultraderechista de la política le arrebatan a la ciudadanía su legítimo derecho a realizar el programa social, cultural, ambiental y político más incluyente en la historia de la capital de la república, después de la administración liberal de Virgilio Barco.

Supongamos también que merced a sus estratagemas mediáticas y a sus habilidades electorales, las élites logran la revocatoria del mandato y alcanzan un acuerdo de intereses para impulsar un candidato único (uribista, con disfraz liberal o ‘técnico’) que les garantice no solo el retorno del modelo privatizador y rentista a sus manos, sino la ejecución del presupuesto distrital por 14,7 billones de pesos, que les permitiría revalorizar sus activos personales y maximizar sus utilidades.

Frente a estas hipótesis, ‘imaginarios’ o probables escenarios, cabría preguntarse si la organización sociopolítica que respalda al alcalde Petro tiene prevista alguna estrategia que –además del amparo jurídico– defienda los significativos logros de la administración (Bogotá registró en el 2013 la tasa de homicidios más baja en los últimos 30 años, 16,4 por 100.000 habitantes, y bajó a 7,8 % la tasa de desempleo. Según el Dane, la más baja en los últimos 14 años, así como la transformación cultural del principal canal de la TV pública a través de contenidos modernos y pluralistas en Canal Capital bajo la dirección del prestigioso comunicador e investigador Hollman Morris), y que al propio tiempo mantenga el rumbo de la nueva política de participación ciudadana y de transparencia en la gestión de los bienes públicos, por cierto convertida bajo este mandato en una conducta políticamente respetable, cuyo reconocimiento alcanzó ya niveles internacionales.

No puede perderse de vista que la llegada del progresismo a la Alcaldía de Bogotá fue, en la práctica, el retorno del concepto cultural de ciudadanía, deliberadamente desconocido por las fuerzas partidistas tradicionales, incluso por un sector de la izquierda. Sin duda, el declive de las organizaciones políticas y su deslegitimación democrática empujaron a sus militancias al reconocimiento y reivindicación de causas más específicas, como aquellas denominadas ‘identidades emergentes’, esto es, los afros, el feminismo, el movimiento estudiantil, las tribus urbanas, los usuarios de servicios públicos, los ambientalistas, los animalistas y, de manera transversal, las víctimas, los desplazados nacionales y los migrantes internos. En otras palabras, la Bogotá Humana sedujo amplios movimientos sociales e hizo visible el multiculturalismo que entraña toda ciudadanía activa. Y estos –protagonistas de un nuevo discurso político– son los sectores que con mayor entusiasmo y fervor se han estado manifestando en las reiteradas y concurridas convocatorias de Petro.

El jefe de la administración distrital ha sido víctima de una especie de ‘bulling’ disciplinario desde el comienzo mismo de su administración por parte de los organismos de control distritales y del Procurador General de la Nación. Estos actores, con ideologías claramente identificadas con falanges retardatarias y corruptas, en su momento fueron denunciados valerosamente por Petro desde su combativa curul en el Senado de la república. Paradójicamente, la sistémica persecución lo ha crecido a los ojos de una ciudadanía que le reconoce su honradez y su legitimidad a toda prueba.

Ante el aparentemente irreversible plan de cortarle definitivamente su carrera política y devolver el reloj de la historia, según se oye por todas partes, la ciudadanía espera que se establezcan los mecanismos apropiados para la estructuración de una fuerza orgánica, autónoma no solo en términos de la selección de un eventual sucesor o sucesora, sino de la selección de candidatos/as a las corporaciones legislativas, que habrán de cumplir, con responsabilidad política, con el empeño de fortalecer la democracia y defender el legado progresista, mientras el sistema interamericano ordena el restablecimiento de los derechos inculcados.

LIBRO RECOMENDADO. ‘El gen egoísta’, de Richard Dawkins. Se trata de un estudio profundo y objetivo del contenido y aplicación de las teorías darwinianas y mendelianas. Este conjunto de teorías sociales basadas en la selección natural es presentado de una forma simple y al alcance de todos en la fascinante obra de Dawkins. El autor proyecta los temas sobre una amplia panorámica interdisciplinaria, a la vez que los hace asequibles con abundantes ejemplos y analogías de sugestivo interés. El estudio abarca la definición genética del egoísmo, la evolución del comportamiento agresivo, el altruismo recíproco y la selección natural de las diferencias sexuales. 300 págs. Editorial Labor, Barcelona 2009.

Alpher Rojas C

Investigador en ciencias sociales y estudios políticos.

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