Nace una red donde las lágrimas hacen a los hombres 'más machos'

Nace una red donde las lágrimas hacen a los hombres 'más machos'

En Cali se trabaja en un proyecto que busca que ellos admitan la ternura o que es posible llorar.

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02 de enero 2014 , 10:13 p.m.

A Germán no se le olvidan los instantes cuando su padre, revólver en mano, bajaba por las gradas persiguiendo a su mamá al primer piso. Sus dos hermanos, de 7 y 8 años, gritaban sin cesar y él se enmudecía. No hubo disparos esa mañana, pero después de 40 años esa escena no se le borra.

Tiempo después la recordaba cada que se arrepentía, de copa en copa, de maltratar a quien fue su esposa o a sus dos hijos mayores en una casa del sur de Cali. Germán, hoy de 45 años y dedicado al comercio de zapatillas, llegó a confesar ese pasado en una de las jornadas donde se habla de hombres tiernos, que no tienen miedo de ser afectuosos y comprensivos. Hoy no quiere que otros repitan su historia.

A su lado, Milton, un zapatero, contaba que cuando tenía 13 años su tío lo llevó a una 'casa de citas' y levantando un tintero le dijo: "métase a la pieza con la muchacha y pruebe que usted es varón".

Los dos testimonios se encontraron en el Primer Encuentro de Hombres por la No Violencia del Suroccidente Colombiano, convocado en Cali por Taller Abierto, el centro de promoción Integral para la mujer y la familia, creado por un colectivo encabezado por la sicóloga María Elena Unigarro y el politólogo Wilson Quintero Castillo, en 1992.

El encuentro, bajo el lema 'De hombre a hombre, sembrando semillas de no violencia', con el apoyo de la firma canadiense Lush, permitió crear una red donde ellos no se apenan de admitir que es posible, a veces, llorar o tener algún miedo.

Los asistentes a veces se ríen de esas frases que se vuelven verdad hogareña como “no llore que usted es varón”, “pareces una nena”, “prefiero que mi hijo sea ladrón y no maricón”, “las mujeres solo sirven para hacer oficio” o “si la violaron por algo será”.

Ese lenguaje, que se recopila en los talleres, se ha anidado en una sociedad donde desde la infancia al hombre se le pide que demuestre 'lo macho que es'.

La sicóloga Unigarro, directora del Taller Abierto, destaca que se han sembrado 1.500 'semillas de masculinidades' entre hombres en diferentes jornadas en Cali, Buenaventura, Tumaco, Pasto, Popayán y Bogotá.

El sociólogo brasileño Marcos Nacimento destaca que en su país ya funciona una red de hombres que tienen una visión distinta de su papel en la sociedad. Como en todas partes se cuecen habas, en su país están peleando para que los padres puedan estar con sus recién nacidos más de cuatro días.

El proyecto de Taller Abierto nació hace 20 años con la mira de darles luces a las mujeres y a los jóvenes sobre la discriminación a la que han estado sometidas dentro y fuera de la familia, en todas las comunidades, estratos y edades.

La violencia sexual golpea casi tanto como los puñetazos cotidianos. Una de las investigaciones del proyecto con desplazadas indica que un 41,4 por ciento de ellas ha recibido propuestas para tener relaciones sexuales a cambio de resolver sus necesidades; un 24,2 sufrió algún intento de violación y un 20,2 fue objeto de acoso.

No ha sido fácil hacerles entender a ellas que tienen derechos. Tampoco lo han comprendido otros sectores y en años pasados al proyecto Taller Abierto lo acosaron hasta amenazas porque no les perdonaban que les dijeran a las mujeres que podían participar, aprender la promoción de la salud sexual, prevenir la violencia de género y defender los derechos humanos.

Pero fueron las mismas mujeres quienes pidieron convocar a los hombres porque "de nada servía que ellas se hicieran conscientes de su drama y trataran de cambiarlo, sino se contaba con ellos para cambiar las historias de sus hijos".

La comunicadora Yenny Hiles Granada destaca la campaña por el derecho de las mujeres bautizada como 'Un momento...jalémosle al respetico', que invita a dialogar.

Lo más importante del taller es reconocer la diferencia como la mayor riqueza humana, plantean en esas jornadas la abogada Milena Sinisterra, el sociólogo Gustavo Calle, el sicólogo Raúl Celis y el promotor comunitario Gelber Sánchez.

En las sesiones participa el maestro Antonio Cadavid, quien aporta el yoga para la sensibilización corporal y mental.

Quintero Castillo resume el espíritu del proceso en una frase: "No todos los hombres somos iguales. No todos somos agresivos ni borrachines ni andamos armados. Si uno revisa los contextos en poblaciones de cualquier etnia o edad, lo que más se visibiliza de los hombres es la violencia. Es un paradigma que entre más bravucón se es, más hombre se viendo siendo. En los talleres se permiten ver que no se deja de ser hombre cuando se es tierno o comprensivo".

En los talleres, que han llegado a cárceles, se advierte cómo hay miles de hombres que han caído en violencia, en prisión o han perdido la vida por su ignorancia sobre sus derechos y deberes.

"Hay muchos que no entienden que ha cometido un delito al tener una relación, así sea consentida, con menores de edad. O que está contra la ley agredir o abusar de sus esposas o compañeras o de sus hijos, a los que tratan como sus propiedades a las que pueden someter y disponer de cualquier modo", dice Quintero.

Los gestores de Taller Abierto no han encontrado eco en el sector oficial, han sido más apoyos de entidades de Canadá o Alemania. No hay una política pública distinta a la coerción para afrontar situaciones como las de los jíovenes en las pandillas.

“Los criterios se enfocan en aplicar cárcel, sanciones o castigos. No se dan muchos pasos a procesos de reflexión crítica y posición de género, para contribuir a la transformación de las relaciones que afectan negativamente a las mujeres, niñas, niños. No se incentivan procesos en promover un patrón de no violencia y de masculinidad no violenta”, dicen.

La filosofía también señala que los hombres deben ser protagonistas menos del problema y más de la solución para que caigan menos encarcelados, lisiados o muertos. Es una postura por la convivencia y la paz", dice Quintero.

Eso lo confirma Eduar Edwin Escobar Tenorio, un tumaqueño al que todo le importaba poco o nada, con una vida llena de problemas y altercados con su mamá, sus hermanos y su esposa hace solo unos años.

“Uno aquí cambia, aprende. Cuando tomaba licor tenía muchos líos familiares, y no pedía perdón, no veía que era machista. Ahora, con este proceso, quiero a la gente, me amo como ser humano. Hay diálogo cuando surge algún inconveniente o diferencia. Miro atrás, y no me quiero devolver”, repite Eduar, quien se convirtió en gestor social de Red Unidos en Tumaco y hace parte de la Fundación para el Crecimiento y Desarrollo Integral del Ser.

Julio Mina, quien recuerda lo agresivo que era con su familia, dice que ha entendido más lo que requiere su compañera. "Uno aprende a llegar a unos tratos para compartir l crianza de los hijos y la vida en pareja".

Para Héctor Fabio Ramírez, a los 34 años, también hay una línea que separa su pasado y su presente. En la mente lleva al menos imágenes de unas 20 muertes en una población del centro del Valle del Cauca.

“Allí, desde los 8 años, vi muchos homicidios, lo que deja marcada la parte humana de uno”, confiesa y anota que solo vuelve a ese ayer cuando habla con algunos amigos atrapados aún en ese mundo y a quienes les ha pedido que renuncien a esa 'valentía' que los mantiene al borde de la muerte.

JOSE LUIS VALENCIA
EDITOR REGIONAL DE EL TIEMPO
CALI

 

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