¡El señor de las 47 cuerdas!

¡El señor de las 47 cuerdas!

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02 de enero 2014 , 07:33 p.m.

Cuando en el mundo entero la tendencia era emigrar para hacer la América, don Víctor Salvi, ciudadano americano, hombre de éxito, arpista famoso, decidió emigrar a Italia en busca de sus raíces y de la excelencia. Su padre, un lutier italiano de Viggiano, constructor de arpas, les había transmitido a sus tres hijos la pasión por este instrumento, el más romántico de la fosa orquestal. Los tres eran intérpretes de cartel y su vida estaba resuelta en Chicago, pero don Víctor decidió recorrer el camino al revés y en Italia, finalmente, en el valle de Piasco, un pequeño pueblo en los Alpes, encontró lo que quería: excelentes maestros carpinteros especializados en muebles barrocos, talladores, ‘intarsiadores’ (decoradores) que le permitieron hacer de Arpas Salvi un ícono de la música y fundar el Museo del Arpa, único en el mundo.

En sus correrías para promocionar su producto, el estudio y la interpretación del arpa, acompañado de su esposa, ciudadana colombiana, la bellísima Julia, directora de la Fundacion Salvi, llegó a Cartagena y se enamoraron de su arquitectura colonial y del sentido musical de sus habitantes, y armaron el primer Festival Internacional de música culta de Cartagena; llamaron a su amigo, el pianista Charles Wadsworth, experto organizador, e iniciaron un evento que ya mañana llega a su octava edición, para suerte de Cartagena y de Colombia.

Cuando vi en la primera edición el teatro lleno de un público selecto y elegante, me atreví a pensar, como muchos otros, que se trataba de un evento elitista y “cachaco”. Tuve que cambiar mi prejuicio cuando asistí a los conciertos gratuitos en los barrios, cuando vi que había clases magistrales a disposición de estudiantes de estratos 1 y 2. Y, especialmente, cuando en el Asilo Hogar San Pedro Claver vi a unos abuelitos conmovidos hasta las lagrimas por las interpretaciones de artistas de talla internacional.

En los ocho años del festival, más de 500 músicos y estudiantes, la mayoría de escasos recursos, han recibido clases magistrales, decenas de músicos profesionales colombianos han tenido la oportunidad de tocar con los grandes maestros invitados. Se ha creado una escuela de lutieres que ya está dando sus resultados. La vocación de servicio de doña Julia ha encontrado su vía en este festival tan especial, que mañana abre con el Pulcinella, de Stravinski.

Grazie, Julia.

Salvo Basile

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