Secciones
Síguenos en:
Ahora es más fácil visitar la tierra de los vaqueros en EE. UU.

Ahora es más fácil visitar la tierra de los vaqueros en EE. UU.

Con un nuevo vuelo directo desde Bogotá, Dallas y Fort Worth, en Texas, se ponen de moda.

notitle
Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de diciembre 2013 , 04:32 p. m.

Al oír la palabra ‘Texas’, quizás lo primero que se venga a la cabeza de muchos sea la imagen del vaquero, con botas de cuero y sombrero de copa hundida y ala ancha, que las películas del viejo oeste hicieron famosa en el mundo.

Esa pinta es la más común en el distrito histórico nacional Stockyards, de Fort Worth, urbe texana –apodada ‘Cowtown’ (ciudad de las vacas)– que desde hace un par de semanas está conectada con Colombia por el vuelo diario de American Airlines entre Bogotá y el aeropuerto Dallas/Fort Worth (DFW).

Stockyards es el viejo oeste, con sus construcciones del siglo XIX y sus calles de adoquín rojo y sus aceras con las estrellas de los vaqueros más famosos. Allí está el Livestock Exchange Building, donde se negocia el ganado, pero también hay museos para adentrarse en la historia de carne y hueso, lugares para el rodeo –el Cowtown Coliseum tiene campeonatos cada viernes y cada sábado en la noche– y clásicos saloons, donde se puede tomar un cerveza fría y oír música country.

Los restaurantes ofrecen las más diversas carnes. Uno de los más populares es Coopers, donde las costillas y el lomo, al igual que las papas horneadas, se compran por peso y los fríjoles picantes son gratis. Justo al frente está el Billy Bob’s Texas, que se promueve como el más grande honkytonk del mundo, un lugar para más de 6.000 personas donde se puede oír a Willy Nelson y otras estrellas country en vivo, y bailar al divertido ritmo sureño.

Para el infaltable shopping, abundan los almacenes de ropa para todos los presupuestos y especializados en hacer lucir al cliente como un indio de película o como un clásico cowboy.

Tan clásicos como esos vaqueros que se encuentran en las esquinas dispuestos a hacer sonar el látigo que mueve al ganado o a voltearle la cornamenta a un ejemplar longhorn para que el turista se lleve un simpático recuerdo en su cámara.

También para el lente, dos veces al día –a las 11:30 a. m. y a las 4 p. m.–, esas reses se toman las calles de Stock yards para desfilar al son de los campanazos, y hacer que sus ‘amos’ luzcan sus habilidades. En los muros hay gráficos que muestran cómo cada uno de ellos tiene un papel clave.

Pero Forth Worth tiene otra faceta muy interesante: la cultural. Por algo la promueven como “cowboys y cultura”. Su distrito cultural, el tercero más grande del país, alberga museos como el de Arte Moderno, que tiene más de 3.000 piezas de la posguerra hasta la fecha en su edificio, diseñado por el japonés Tadao Ando e inaugurado hace 11 años.

A unos pocos pasos está el Kimbell, catalogado como el mejor de los pequeños museos de Estados Unidos, que acaba de inaugurar un nuevo pabellón diseñado por el famoso arquitecto italiano Renzo Piano.

También se destacan el Amon Carter, con más de 250.000 objetos de arte americano, y el Museo de Ciencia e Historia, especialmente atractivo para los niños por su oferta interactiva.

Otro gran emblema de la ciudad es el Bass Performance Hall, una sala con arquitectura y acústica excepcionales, abierta en 1998 y que sirve de sede a la orquesta sinfónica y a las compañías de ópera y de ballet. En ese lugar, que se sostiene con donaciones y muchos de cuyos empleados son voluntarios, se presentan más de 300 espectáculos al año.

¿Y qué ofrece Dallas?

El casco urbano de Fort Worth se puede recorrer en una de las muchas bicicletas públicas que hay y no tiene más de 800.000 habitantes, pero es parte de un área metropolitana extensa, con cerca de 7 millones de personas y cuyo centro es la ciudad de Dallas, la misma que está en la memoria de muchos por el asesinato de John F. Kennedy, ocurrido medio siglo atrás, o por la glamurosa serie de televisión de los años 80 que lleva su nombre.

En Dallas “pasan grandes cosas”, dice su eslogan. Y pasan, sobre todo, negocios. La novena ciudad de Estados Unidos es la casa de 18 de las 500 compañías del escalafón de la revista Fortune y su principal aeropuerto, el DFW, es el cuarto con más operaciones en el mundo y el noveno en movimiento de pasajeros.

Desde la esfera que corona la torre Reunion, ícono de la ciudad desde 1978 y que hace parte del Hotel Hyatt Regency, se puede apreciar una ciudad extensa, de grandes avenidas, obras impactantes como el puente Margaret Hunt, diseñado por el español Santiago Calatrava, y numerosos rascacielos. Pese a sus 178 metros de altura, la Reunion apenas ocupa el puesto 15 en el escalafón de los torres de la ciudad. La del Bank of America Plaza, primera en la lista, la supera por 104 metros.

Entre ese paisaje de moles hay sitios nuevos, como el parque Klyde Warren, un espacio verde rectangular de algo más de tres cuadras, creado sobre una avenida de alto tráfico y donde hay desde conciertos hasta sesiones de yoga. Muy cerca está el distrito artístico urbano más grande de EE.UU. Son 19 cuadras que albergan cuatro edificios creados por ganadores del premio Pritzker (‘Nobel de la arquitectura’).

Allí está el Centro de Escultura Nasher, que tiene unas 300 piezas de artistas como Picasso, Miró y Giacometti. Y al lado, el Museo de Arte de Dallas, una institución creada hace 110 años para albergar lo mejor del arte norteamericano y mundial.

Otra parada casi obligada en Dallas es el Museo del Sexto Piso, localizado en el edificio donde el francotirador hizo el disparo mortal contra el presidente Kennedy. La ciudad ha hecho del momento más trágico de su historia un gran atractivo turístico.

Un lugar que está adquiriendo también esa condición es el Museo Perot de Naturaleza y Ciencia, localizado en un edificio de rara arquitectura.

Para agradar a los paladares, Dallas tiene una amplia gama de restaurantes especializados en la cocina del suroeste estadounidense, la mixtura tex-mex y el barbecue.

Una buena manera de probar alternativas es recorrer los lugares de Bishop, un distrito de casas bajas y acento mexicano. Puede empezar con un coctel en Bolsa, un restaurante de menú contemporáneo; seguir con una picada texana de lomo, cerveza y chorizo sobre papel periódico en algo más tradicional, como Lockhart Smoke House, y finalizar con una cena de platos compartidos, coronada con masmelos al fuego, en Tillman’s Roadhouse.

Luego no vendría mal un poco de baile con música country –hay sitios que ofrecen clases por cinco dólares la hora– o algún espectáculo deportivo. Dallas tiene equipos profesionales en baloncesto (Mavericks), fútbol americano (Cowboys), béisbol (Rangers), hockey sobre hielo (Stars) y fútbol (Dallas FC).

Después de conocer Fort Worth y Dallas, Texas será sinónimo de vaqueros y mucho más.

Si usted va a Dallas/Fort Worth

Con la visa en regla, los colombianos puede llegar a Texas a través de los siete vuelos semanales que ahora hace American Airlines al aeropuerto DFW, que ofrece a su vez 1.800 conexiones. Sobrevivir con el español es posible en Dallas y Fort Worth porque allí hay una enorme población latina, sobre todo mexicana.

Para las compras, Texas tiene un atractivo programa de reducción de impuestos al turista. El complejo de ‘outlets’ de Grand Prairie es una muy buena opción.

JUAN CARLOS BERMÚDEZ
EDITOR ADJUNTO DE EL TIEMPO
INVITADO POR AMERICAN AIRLINES

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.