El 'bandolero' de Neiva al que miles de creyentes le piden milagros

El 'bandolero' de Neiva al que miles de creyentes le piden milagros

Los restos de Saúl Quintero se encuentran entre esculturas de la virgen María y el Divino Niño.

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08 de diciembre 2013 , 06:26 p.m.

La bóveda de dos metros de largo por 1,60 de ancho que guarda los restos de Saúl Quintero, bandolero para unos y guerrillero para otros, tiene flores frescas y coloridas los siete días de la semana.

La mayoría, en improvisados floreros hechos con botellas de plástico. Placas de piedra, mármol y madera -978 para ser exactos- exhiben mensajes de agradecimiento por las bendiciones recibidas.

"Acción de gracias al alma bendita de Saúl Quintero por los favores recibidos a la salud de Carmela Aguirre", dice uno de los grabados, que se esculpen en la entrada del cementerio por ocho mil pesos.

Al camposanto, en la calle 21 de la capital opita, frente al parque de los niños, llegan para pedirle por un trabajo, por la cura para un familiar enfermo o por un techo digno. El lunes, día de las ánimas, es cuando más lo visitan. Hay quienes le atribuyen milagros y otros se aventuran a pedir que sea beatificado.

"Le debo la vida porque mi hijo es mi vida. A mi niño me lo curó de un cáncer y poco a poco se me ha ido recuperando", dice Guillermina Polanco, habitante del barrio Galán de Neiva. Ella jura que desde hace 15 años nunca ha dejado de llevar flores a esa tumba, escoltada por un almendro gigante y viejo, en un rincón del cementerio que pareciera olvidado, y donde años atrás arrojaban en fosas comunes los cuerpos de los suicidas de la época.

Diógenes, un contador público que lo visita desde hace 10 años, dice que Saúl le ayudó a conseguir su trabajo. “Me presenté a una convocatoria para la Secretaría de Salud, me hablaron de él y alcancé a venir tres lunes. Le pedí con fe por ese puesto y me lo dio”, dice.

De la Policía a los ‘Pájaros’

Hijo de doña Laura María Quintero, una campesina, Saúl Quintero se crió en las labores del campo, recolectando café, en la vereda Cajucal, en Teruel (Huila), en donde nació el 23 de marzo de 1937.

Cumplió 18 años y se fue a prestar servicio militar en Bogotá. Salió luego para el Tolima y en Ibagué se hizo policía. Su carácter rebelde le llevó a prisión varias veces. “En el Tolima tuvo problemas porque la gente era radicalmente liberal y él, conservador, en una época de violencia y corrupción”, dice José Amín Suárez, esposo Ana Silvia, prima de Quintero.

Se hastió de recibir órdenes y, con fusil al hombro, se evadió y se unió, en la época de la violencia, a mediados del siglo pasado, a ‘Los Pájaros’, grupos armados simpatizante de los conservadores que se enfrentaron a las guerrillas liberales campesinas, que tenían como corredor estratégico los municipios de Tello, Baraya y Colombia para conectarse con los llanos orientales y Caquetá.

“En mi vida lo vi dos veces. Una vez llegó de madrugada a una finca por ahí con ocho personas más y armados con escopetas desayunaron, hablaron con los campesinos y se fueron”, recuerda Ana Silvia.

Quintero murió el 5 de diciembre de 1965, con 28 años, cuando iba a visitar a su novia. Cayó abatido junto al lago de la finca ‘El Papayal’, entre las poblaciones huilenses de Teruel y Palermo.

El cuerpo de Quintero fue llevado al pueblo en una volqueta, vistiendo uniforme de soldado, pero la cremallera ni siquiera le cerraba, recuerda Ana Silvia. En el pueblo todos sabían que no usaba uniforme militar. “Fue el primer falso positivo del país”, añade.

La leyenda de milagros

José Bocanegra, sepulturero del central, rechaza que a Saúl lo llamen guerrillero. “Era un bandolero: robaba a los ricos y les daba a los pobres. Saúl sí fue un alzado en armas por su terruño, pero jamás se dijo que hubiera ejecutado masacres y cosas terribles como las que conocimos después con guerrillas y paramilitares”, dice.

El primer milagro, según José Amín, se lo hizo a un sacerdote de Teruel. “Era el cura que les llevaba la comunión a los bandoleros al monte. En esa época, los curas y los conservadores eran de un mismo bando. Después de la muerte de Saúl, una avalancha cogió al cura en plena carretera y este le pidió a Saúl que lo protegiera. La avalancha se tragó media vereda pero al cura no le pasó nada”, dice Suárez.

William Barreiro, administrador del cementerio, cree que “esa misma gente a la que le regalaba mercados y lo que le robaba a los ricos, después de muerto, siguió pidiéndole. Y, a lo mejor, el finado siguió dando”.

Froilán Casas, obispo de la capital huilense, no da crédito a los supuestos milagros que se le atribuyen al guerrillero.

“Seguir este tipo de imágenes es no haber alcanzado la mayoría de edad en la fe. Un cristiano de verdad sigue a Jesús como camino de salvación. Atribuirles milagros a estos mitos es sinónimo de paganismo. Este tipo de religiosidades hacen parte de la cultura popular y no hacen parte de las leyes de la iglesia”, dice el religioso.

Hoy, entre esculturas de la virgen María y el Divino Niño, puestas sobre el mausoleo, se mantiene la procesión de creyentes que agradecen a un guerrillero que alguna vez hizo la guerra y ahora hace milagros.

“Para unos fue un hombre bueno, para otros un criminal. Nos consuela que todavía llega gente en carros lujosos en busca de la familia del santo que les hace milagros”, celebra Ana Silvia.

John Montaño
Corresponsal de EL TIEMPO
NEIVA

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