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Tintos bajo hielo / Hablemos de vinos

Tintos bajo hielo / Hablemos de vinos

Me gusta beber los tintos bien helados. No importa si son astringentes como comer arena de playa.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
07 de diciembre 2013 , 04:22 p. m.

Lo mío puede tratarse de una manía. Me gusta beber los tintos bien helados. No importa si son astringentes como comer arena de playa. Prefiero eso a que la sensación quemante del alcohol inunde todo, lo que suele ocurrir por estos días de vinos tan maduros y golosos.

Esa manía me la llevo a todos lados. Cuando bebo en verano, pero también cuando afuera cae la nieve. Sin embargo, y para no acarrear las cosas a laderas tan radicales, pongámonos, por ejemplo, en la situación en la que actualmente me encuentro escribiendo esta columna. Tendido junto a la piscina, en una playa cerca de São Paulo, en Brasil, con cerca de 30 grados, una humedad de los demonios, pero también mar a unos metros, arenas blancas y finas y algo de brisa y bossa nova saliendo de algún parlante, escondido entre las palmeras. La oficina ideal.

En balde de hielos

En este tipo de situaciones, la verdad, lo mejor es una cerveza, pero si escogen vino tinto, lo ideal es que la botella venga en un balde, sumergida en hielo y agua. Así es que con propósitos exclusivamente profesionales, le pido a uno de los garzones que deambula por la orilla de la piscina que me traiga una botella, un Beaujolais de la lista que es, hasta dónde veo, el único tinto disponible que yo bebería con este calor. Fuera de la cubetera, el vino no tarda ni cinco minutos en calentarse. Trasladen esto a la hora del almuerzo en algún restaurante mirando al mar en Cartagena o Barranquilla, y el efecto será el mismo. Tienen que beber los tintos saliendo del hielo so riesgo de terminar bebiendo sopa.

Claro que beber tintos tan fríos tiene sus riesgos. Junto con acentuar el frescor (la acidez) y disminuir la sensación dulce y quemante del alcohol, también enfatiza los taninos, que son las sustancias que anulan la saliva en la boca y que provocan la astringencia. Los vinos que raspan tienen taninos desbocados y esos taninos se desbocan aún más con el frío.

Pero como el vino no está para beberse solo, allí está la comida para apoyar a esos taninos rasposos. Nuevamente con propósitos exclusivamente profesionales, le pido al mesero que me traiga unos pescaditos fritos y algunos boliños de bacalao para ver si logran calmar los punzantes taninos de mi Beaujolais. Y no tardan ni dos segundos en hacer el efecto exacto.

La grasa de las frituras recubre mi paladar –mientras la suave brisa me recubre a mí– y ya la astringencia desaparece y solo queda el suave placer de los sabores frutales y fríos, como un jugo con alcohol. Y así me quedo, trabajando para ustedes.

PATRICIO TAPIA
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