Ángela Robledo: con los pies en la tierra y la mirada en el cielo

Ángela Robledo: con los pies en la tierra y la mirada en el cielo

El lado místico de la representante que llegó al Congreso de la mano de Antanas Mockus.

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02 de diciembre 2013 , 02:10 a.m.

No es de extrañar que la representante del Partido Verde Ángela María Robledo haya sido declarada recientemente como la mejor mujer congresista por el panel de formadores de opinión de Cifras y Conceptos, pues sus antecedentes en la academia como profesora, investigadora y decana de la facultad de psicología de la Universidad Javeriana son solo el preámbulo del talante inquieto y comprometido de esta manizaleña criada en un hogar “libre” –como ella lo describe– en el que la música nunca dejó de sonar. (Conozca en imágenes a Ángela María Robledo).

Llegó a la vida política tarde –aunque asegura que la política se práctica desde el hogar– de la mano de Antanas Mockus, a quien conoció en un grupo de tertulia académica organizado por su mentor, el profesor Carlo Federici, el fundador de la primera facultad de matemáticas en Colombia, en la Universidad Nacional.

Ángela María Robledo cree en la fuerza de la mujer y probablemente esa sea la razón de la confianza y seguridad que transmite y que le han permitido abrirse campo en el complejo mundo político, el cual comparte con la música, la escritura y la literatura.

Hoy no vamos a hablar de política…

Porque pienso que la política es una práctica que ojalá fuera más cotidiana. Es una práctica que se cuela en las casas, en los espacios de poder. El primer espacio de poder es una familia y ahí es donde en particular arrancan las luchas de las mujeres, en luchar por roles nuevos y distintos.

La primera feminista en mi vida fue mi madre, sin saberlo, pero era una mujer absolutamente libre que en su práctica transformó mi casa. Mi mamá parecía mi papá y mi papá parecía mi mamá. Ella era la que salía en las noches a cantar y el que se quedaba cuidándonos, a veces, era mi papá. Ahí arrancó esa práctica política, sin darme cuenta.

¿Qué libros la han marcado?

Me encanta la literatura, soy una lectora impresionante. Anoche me preguntaba qué texto me ha movido, que me haya producido un impulso a que las mujeres soñemos en un mundo distinto. Yo diría que 'La tejedora de coronas' de Germán Espinosa. Para mí es de los libros más bellos. Si bien lo escribe un hombre, lo escribe alrededor de un personaje que se llama Genoveva, que nace en Cartagena, y con su primer amor descubre un planeta, lo que la lleva a volverse astrónoma, que a su vez la lleva a vivir a Europa donde vive todas las vicisitudes y luego regresa vieja a Colombia. Digo que me parece hermoso porque ahí están plasmadas todas las vicisitudes de las mujeres y las luchas que deben enfrentar y cómo cuando tienen talento las tachan de brujas. Por eso las quemaron literalmente en la edad media y hoy en día las siguen quemando… de alguna manera.

Otro texto que me ha alimentado el inconsciente, pues soy ‘junguiana’ y creo mucho en los arquetipos y los mensajes de los sueños, es el libro de Carl (Gustav) Jung 'El hombre y sus símbolos'. Lo leo mucho, casi a manera de oráculo.

¿Ha tenido algún sueño que la impacte en la vida o que le diga qué camino tomar?

Sí. Yo tomé la decisión de estar trabajando en esto (la política) e irme al Congreso con un sueño. Llevaba seis años siendo decana de psicología de la Universidad Javeriana y Antanas me invitó a trabajar con él en el Partido Verde. Consulté con mis hijos y con Eugenio (Marulanda), mi exmarido, y tenía que responderle a Antanas al día siguiente. Fue un sueño, una imagen, en la que reunidos con Antanas y mi viejo Federici, él hizo un gesto de aprobación y luego, al día siguiente, le confirmé mi decisión a Antanas. Fue una cosa loquísima. Tantos años de academia, un mundo tan distinto. Pero bueno, di el paso.

¿Cómo se entienden los arquetipos?

Los arquetipos son como unos recuerdos arcaicos que tenemos muy atrás, son ancestrales. No solo aparecen en los sueños, pueden aparecer en los textos, la lectura, el trabajo terapéutico y muchas veces, incluso, en el diálogo con la gente. Son esos elementos que hacen parte, según Jung, del inconsciente colectivo. Por ejemplo el tema de la diosa, hay referentes griegos, eslavos, romanos, y hay unos rasgos comunes, a eso se refiere Jung. Es una memoria ancestral con la que te comunicas con tu inconsciente.

¿Cuáles son sus principales arquetipos?

El de la guerrera y el del orfebre, son los referentes que vienen y van, y que creo profundamente. Yo me muevo mucho en la política por intuiciones, no calculo, y también con mucho trabajo sistemático. Combino esas cosas y las cosas se van dando.

A las mujeres fuertes por lo general las tildan de ‘brujas’…

Sí (risas) por ahí hay un congresista que quisiera que nos quemaran a varias el 31 de octubre. Un historiador francés llamado (Jules) Michelet tiene uno de los libros más impresionantes, llamado 'La Bruja', en el que habla de que hay algo realmente misterioso en las mujeres y vuelve incluso a la mitología griega. El mismo cuerpo de la mujer es un misterio, sus hendiduras, sus espacios son cosas complejas, creo que todo eso atemoriza un poco.

No sabría decir si tengo algo de bruja, pero sí me conecto mucho con la voz mitológica de la que habla Clarissa Pinkola en su libro 'Mujeres que corren con lobos', que describe la posibilidad de uno conectarse con cosas muy primarias y despojarse de tanto cálculo y conectarse más con la fuerza de lo intuitivo, que sale casi de las entrañas y da pistas. Pero hay que silenciarse un poco y conectarse con ratos de silencio y con la literatura, que ayuda una cantidad.

También tengo el i-ching, el libro de la sabiduría China, y a mí me funciona muchísimo. Para esta decisión de volver a aspirar al Congreso, que ya está prácticamente tomada, tiré el i-ching y el hexagrama que sale es una cosa muy interesante: la inocencia es la fuerza de la rectitud y, como dice el I-chíng, si hay rectitud habrá aventura.

¿Usted escribe?

He hecho investigación y tengo muchos artículos. Hago parte de un grupo de investigación y en este momento estoy en receso. Escribo con mucha periodicidad, cada quince días en el diario 'La Patria', de mi tierra natal, y hace dos años escribo cada 15 días una columna. Y tengo mil cuadernos, libretas, libretitas, en las que hago un ejercicio mucho más personal. Ese diario de las mujeres que siempre ha sido el resquicio de nuestra intimidad. Los diarios son muy propios de la escritura de las mujeres. El testimonio es muy propio de la escritura de las mujeres. Yo he podido mantenerlo y tengo muchos cuadernos con pegotes, con mis sueños, textos de libros que me gustan, canciones, poesía.

¿Empezó desde niña?

Desde adolescente. En todas mis libretas y cuadernos hay fragmentos de mi vida. Algún día sacaré un libro con todas estas historias que se llamaré ‘Fragmentos de vida’.

Su vida también está muy marcada por la música

Vengo de familia de músicos por el lado de mi mamá. Mi abuelo cantaba y tocaba guitarra, además era poeta y loco, hermosísimo. Y mi mamá ha cantado toda la vida, ella cultivó la voz. Estuvo en coral en rondallas, hasta hace muy poco cantaba, ya la voz no le da tanto. Toda la vida mi casa estuvo rodeada de música; fiestas con música, conciertos.

¿Usted canta?

Yo no formé mi voz como mi mamá, pero tuve una profesora de canto de la Nacional, María Pardo, con quien estudié durante un año. María insistía en que tenía voz como de soprano, pero yo no quería cambiar mi voz porque tengo una ronquera impresionante que quiero mantener. Esa madre que he tenido me ha halado toda la vida porque ella siempre ha sido una libertaria. Mi mamá me regaló la libertad que tengo, y también un papá muy amoroso. Yo viví en una familia manizaleña que no era la familia tradicional. La revolución arrancó en mi casa en la manera como se asumían los roles, el cuidado y eso nos dio mucha libertad, no solo a mí sino a mis hermanos y hermanas.

¿Qué música cantaban en su casa y cuál es su favorita?

Escuchábamos mucha música colombiana, escuchábamos boleros; mi mamá cantaba rancheras, tenía una tía que cantaba tangos, como buena herencia caldense y antioqueña. En la música clásica, quizás lo que más me gusta y oigo con mucha frecuencia son los cuartetos de Beethoven, en especial las últimas piezas que dicen que compuso totalmente sordo, lo que muestra que la música es algo mucho más fuerte y que viene del interior. También Carmina Burana, me encanta esa pieza tan profana. De los bambucos me gusta mucho 'Desvelo de amor', mi mamá lo cantaba mucho. Joan Manuel Serrat, 'Pequeñas cosas', y Sabina me encantan, viven muy metidos en mi vida así como la música brasileña. Y la música de Lucas (Salcedo, su sobrino) me encanta, él tiene una voz muy mítica, además se fue al Brasil un año.

¿Toca algún instrumento?

Lamentablemente no, pero hay gente en la familia que la puede acompañar… Mi sobrino Lucas llevó el tema de la música a otro nivel, mi hijo Sebastián (Marulanda) toca guitarra, Simón (su otro hijo) también. Les encanta la música, ellos viven entre la música.

¿En qué lugar del mundo distinto a Colombia le hubiera gustado vivir?

Me encanta Barcelona, creo que es una ciudad mágica. Ojalá algún día pueda ir a vivir allá. Me encanta su arquitectura, su historia y que tiene montaña y mar. Es una ciudad llena de vida cultura y arte.

REDACCIÓN POLÍTICA

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