Más Derecho y menos demagogia en el lío con Nicaragua

Más Derecho y menos demagogia en el lío con Nicaragua

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30 de noviembre 2013 , 07:59 p.m.

Fiel a mi tradición de dejar hablar a la gente, cedo hoy el espacio a una nota del internacionalista José Joaquín Gori Cabrera, quien sostiene con coraje una posición insular y esencialmente jurídica sobre el pleito con Nicaragua. DSP.

“Desde 1969, cuando Nicaragua y Colombia se trenzaron en discusiones en torno a sus derechos marítimos recíprocos, el asunto podría haberse encauzado por las vías diplomáticas. Incluso, se pudo llevar de común acuerdo a una corte o arbitraje internacional. Pero el intercambio de correspondencia diplomática solo dejó en claro que Nicaragua rechazaba la tesis de que el tratado de 1928 hubiera establecido una frontera marítima. El conflicto potencial quedó hibernado, hasta que los nicaragüenses dieron un paso en serio, que el entonces canciller Diego Uribe tomó a la chacota. Procedimos, por el contrario, a encerrar a Nicaragua con delimitaciones marítimas y ello desembocó en la demanda ante la Corte Internacional de Justicia.

“La estrategia colombiana se basó en retirarnos subrepticiamente de la jurisdicción automática de la Corte, para aceptarla bajo el Pacto de Bogotá, que excluye asuntos resueltos por tratados. Luego inventamos que el meridiano 82, referencia a la extensión de San Andrés que se incluyó al ratificar el tratado de 1928, constituía límite absoluto entre ambos países, aplicable para todo efecto. Se perdió ese alegato rabulesco en la instancia preliminar, pero se mantuvo al país con la falsa ilusión de que por el meridiano 82 poseíamos y ejercíamos soberanía sobre zonas marítimas que son aguas internacionales, y sobre las que finalmente los derechos de explotación habían sido reconocidos a Nicaragua.

“A esa altura debimos reforzar al máximo la embajada en Managua e iniciar conversaciones amistosas para aplicar el fallo; pero el Gobierno optó por una actitud arrogante: despertó un falso nacionalismo y promovió que las mentes entecas produjeran a cual más disparatada teoría. Se contrató a abogados inservibles que, a cambio de los honorarios, tenían que producir forzosamente propuestas absurdas y contradictorias. Culminó el sainete cuando el presidente Santos anunció que la Constitución no permite modificar límites por tratados y que el fallo es inaplicable. Olvidaron maliciosamente sus consejeros que el fallo no alteró límite alguno.

“El Presidente debe defender y cumplir los tratados. Pero, en contravía del cauce constitucional, corrió a demandar la ley aprobatoria del Pacto de Bogotá, que ya habíamos denunciado para retirarnos con cobardía del único pacto del sistema interamericano cuyo objeto es la solución pacífica de controversias. Este remate de corrida es patético. La ley aprobatoria de un tratado no cumple otra función que expresar la aprobación del Congreso para que el Gobierno pueda comprometer a la Nación toda si se decide a ratificar o perfeccionar el pacto. Una vez creado el vínculo contractual internacional se puede decir que pasó a un piso superior del que no baja por quitarle la escalera.

“La matachinería oficial contra el fallo de la Corte Internacional de Justicia, junto con las marranadas internas con las que pretendemos desafiar al derecho internacional, dan papaya para que Nicaragua presente dos nuevas demandas, ambas con fundamento, parte de una estrategia hábil. Entre tanto, reaccionamos con bravatas, seguimos inundando la diplomacia de paracaidistas, y de remate designamos al exprocurador Carlos Gustavo Arrieta, beneficiario de costosos contratos de honorarios profesionales, para que ahora se plante un sombrero improvisado de internacionalista y nos represente ante el máximo tribunal internacional del mundo en dos pleitos: el que nos puso Ecuador, arreglado bajo cuerda a un costo que se oculta, y el que acaba de iniciar Nicaragua, buscando una declaratoria de responsabilidad contra el Estado colombiano y la correspondiente indemnización. Arrieta ganará bien, sin duda. Pero no el pleito, sino los honorarios. J. J. Gori”

Daniel Samper Pizano
cambalachetiempo@gmail.com

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