Jorge Hugo Marín y su compañia La Maldita Vanidad

Jorge Hugo Marín y su compañia La Maldita Vanidad

El crítico Alberto Sanabria entrevista al director de este grupo teatral.

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29 de noviembre 2013 , 04:03 p. m.

Con apenas 32 años, el actor, director, dramaturgo y emprendedor teatral Jorge Hugo Marín tuvo en 2013 uno de los años más productivos de su carrera. Puso a funcionar en el Barrio Palermo de Bogotá la sede de su compañía La Maldita Vanidad, estrenó sus obras 'Morir de amor' y 'Matando el tiempo', dirigió para el Teatro Nacional el musical Mentiras, el mayor éxito de taquilla del año, hizo gira por Europa y Latinoamérica con su trilogía 'Sobre algunos asuntos de familia' y ahora se va a Guayaquil a dirigir un nuevo espectáculo con un elenco internacional.

De todas sus facetas, ¿cuál elige Jorge Hugo para autodefinirse?

Creo que soy un creador de artes escénicas. La vida me ha llevado de una actividad a la otra. Soy maestro en arte dramático de la Universidad de Antioquia, a la que entré porque quería ser actor y allí el amplio espectro de posibilidades que tenía un creador escénico. Eso mezclado con el universo de Medellín ha sido determinante de mi trabajo artístico hasta la fecha. De hecho mis obras se instalan en un espacio muy local, que es Medellín y esas familias matriarcales con todas sus características positivas y negativas.

Luego tuve la experiencia de seis años como asistente de dirección en el Teatro Nacional. Ahí conocí también cómo funcionan la producción, la logística y todas esas áreas tan importantes para el desarrollo del trabajo.

En su obra se observan grandes afinidades con autores y directores argentinos como Rafael Spregelburd y Claudio Tolcachir.

Sí, en 2007 me fui un mes y medio a Buenos Aires porque quería conocer la escena independiente de allí. Indudablemente fue el faro que marcó mi decisión de crear luego La Maldita Vanidad, no sólo por el trabajo de los autores sino por el riesgo que estaban tomando. Allá todo el que quiere hacer teatro lo hace, sin importar dónde ni cómo, en un restaurante, una cocina, un apartamento…, lo importante es hacer.

Eso me motivó mucho porque en Bogotá yo me encontraba en un letargo esperando a que me llamaran a trabajar. Así que cuando regresé de Buenos Aires estaba decidido a no esperar más sino a empezar mi propio proyecto y encontré la gente y ahí empezó La Maldita Vanidad.

En Buenos Aires también pude ver como creadores, como Ricardo Bartis, tenían la capacidad de leer a su sociedad de una manera no extraordinaria, sino desde lo más minucioso, cotidiano y aparentemente irrelevante. De Bartis vi La pesca, un trabajo precioso. Ahí descubrí que el éxito de un buen director está en tener ojo para descubrir la partitura del detalle.

Ahí me dije, nosotros tenemos en Colombia historias en cada esquina que como los argentinos podemos hacerlas en cualquier rincón. Ese fue como el detonante, con una influencia también muy grande del cine. De hecho la primera obra que escribí, 'El autor intelectual', está inspirada en la película argentina 'Esperando la carroza', basada en la obra de teatro del uruguayo Jacobo Langsner.

Los argentinos tienen su realismo y su propia manera de hacerlo. Nosotros en Colombia estamos encontrando nuestro realismo. Estamos en esa búsqueda para contar nuestra realidad con nuestro propio sentido del humor.

¿Podríamos decir que encontró una fórmula?

Es algo que me cuestiono todo el tiempo. Creo que es un error del artista si cae en una fórmula. Puede haber una línea que lo identifica pero no se puede quedar ahí. Por eso estoy en una búsqueda permanente, inclusive cuando hago mi trabajo en un teatro grande, comercial.

Creo que hay que conocer lo fundamental, La poética de Aristóteles, pero a partir de ahí desarrollar el propio camino.

Lo que estamos desarrollando con La Maldita Vanidad son espectáculos muy vivenciales. Ese grado de representación que hacemos, me lo estoy cuestionando todo el tiempo. No creo que lo que estamos haciendo cumpla con los parámetros del naturalismo, porque lo que yo hago es como dilatación del tiempo. Sí son completamente figuras aristotélicas, con un inicio, un desarrollo y un final.

Stanislavsky entra casi como una biblia dentro del trabajo de nosotros, de construcción del personaje de todo lo que tiene que ver con el actor. Pero que siempre debemos estar explorando porque no quiero que lo que estamos haciendo se convierta en una fórmula.

¿Cómo ha sido la experiencia internacional de La Maldita Vanidad?

El primer viaje fue a Berlín. Ellos fueron los primeros de afuera que apostaron por nosotros. No sólo apostaron llevando la primera obra, El autor intelectual, sino que nos hicieron un seguimiento durante dos años. Cuando estrenamos Los autores materiales, vinieron a verla y quisieron ser coproductores de la tercera, Como quieres que te quiera. Y cuando tuvimos la trilogía, la llevaron no sólo a Berlín sino también al Festival de Viena en 2012. Esa fue como nuestra puerta al resto de Europa.

¿Quiénes son ellos?

Son el Teatro HAU Hebbel am Uffer de Berlín, conocido por apoyar internacionalmente proyectos de nuevos talentos. Ellos van por el mundo mirando nuevas expresiones del teatro contemporáneo.

¿Cómo entró en contacto con ellos?

Llegaron al patio de mi casa. Estábamos ahí en temporada de El autor intelectual(finales de 2009).Cuando terminó la función nos saludaron y dijeron ‘nosotros queremos que ustedes estén en Berlín’ y a los tres meses estábamos allá.

¿Ya habían llevado otras cosas de Colombia antes?

Sí, Mapa Teatro. Cuando fuimos en 2010, querían hacer un foro sobre Colombia y fuimos L’Explose, Fabio Rubiano con el Teatro Petra, Manolo Orjuela y nosotros. Al año siguiente nos invitaron con Los autores materiales y al siguiente con Cómo quieres que te quiera.

Luego, Mathias Pees, el curador del Festival de Viena nos llevó a ese evento y La Maldita Vanidad llamó mucho la atención porque era la compañía más joven. Luego vinieron muchas más invitaciones y festivales…

¿Qué les aportan los festivales?

Nos brindan la oportunidad de ver lo que están haciendo en otras partes del mundo. Siempre que llegamos a un festival, nuestro productor, Wilson García, trata de planear el tiempo de todos nosotros para que podamos ver el mayor número de obras.

Hablemos de la compañía, de sus actores.

A mí me interesa tener un actor que esté permanentemente en oficio, en ejercicio teatral o actoral. He encontrado fortalezas muy grandes en actores que teniendo formación teatral trabajan en televisión. Porque son artistas que están acostumbrados a responder inmediatamente. Allá les piden resolver todo aquí y ahora. Eso mezclado con la formación teatral me da un actor de una agilidad muy interesante, porque mis procesos de creación no son largos.

Mi trabajo como dramaturgo sí toma buen tiempo, pero el trabajo con los actores es más ágil. La obra que estoy estrenando esta semana, Matando el tiempo, llevo dos años tratando de armarla. Pero cuando ya voy a ensayos con los actores prefiero que la idea esté clara y nos podamos focalizar rápidamente.

Los actores de La Maldita Vanidad, que tienen formación teatral y que se mueven también en televisión suelen responder con mucha agilidad. Yo lo único que les pido es que hagan entender allá (en la televisión), la importancia de que permanezcan acá (en el teatro). Pueden grabar, hacer otras cosas, pero que reserven el tiempo para nuestras giras y temporadas. Es complicado pero se está logrando. Estamos invitando a los directores y productores de televisión a que vengan, vean y se enamoren de nuestros proyectos. Que entiendan que estar aquí los hace mejores actores.

Eso también se lo hemos aprendido a los argentinos. Tolcachir (el director deTimbre 4) es un hombre que actúa, dirige, hace televisión, hace cine, está en su teatro y está completamente en el oficio.

¿Qué opina de la división entre teatro comercial y teatro independiente?

Es una pelea que fue fuerte en las décadas pasadas. De un lado, los teatros y grupos del centro de la ciudad, del otro los teatros del norte. Yo por eso me puse en la mitad, en el barrio Palermo. Aquí pueden llegar todos y de hecho eso está pasando.

Creo que esa disputa está superada hace rato. Esta generación está demostrando eso. Tengo colegas que hacen un espectáculo en La Candelaria, a los veinte días están en Casa E y después están en La 71 (Teatro Fanny Mikey).

Leí un artículo que hizo Yhonatan Loaiza para el libro del Festival de Manizales de este año, sobre la primavera del teatro colombiano en donde se ve esa transformación generacional.

¿Es viable económicamente la casa de La Maldita Vanidad?

Es viable pero trabajando a un 200%. Este espacio es autofinanciado, depende de su propia actividad de taquilla, cursos, café… Nuestras obras son de bajo presupuesto, para que la utilidad llegue pronto. La casa la podemos tener porque el propietario nos la ha alquilado en un precio bajo.

¿No hay ayuda estatal?

En este momento, no, para mantener el espacio, no. La casa tiene más de siete actividades semanales. No cerramos nunca, estamos de lunes a lunes. Por ejemplo, los domingos hacemos doble función. Los sábados estamos en una maratón de dramaturgia colombiana que se hace en el café. De miércoles a viernes está La Clínica, que son historias de micro-teatro, y sábados y domingos se programan funciones de obras mías o de grupos invitados.

Nos han aconsejado que consigamos un espacio más grande, pero pensamos que ahora no es viable, porque no queremos que mantener la sede se nos convierta en el interés principal. No queremos trabajar para mantener un espacio. Somos creadores y lo que más queremos es desarrollar la parte artística.

¿Pero usted tiene que entenderse con los números, maneja el Excel?

Claro, me toca todo el tiempo. Pero ya conseguimos un director administrativo que maneja mejor el Excel y así ahora puedo dedicarme más a escribir y revisar mis textos y, por supuesto, al trabajo con los actores.

ALBERTO SANABRIA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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