En torno al psicoanálisis

En torno al psicoanálisis

Presentación del libro 'Escritos y conferencias de Paul Ricoeur I' (Trotta).

28 de noviembre 2013 , 09:06 p.m.

Este primer volumen comienza, en cierto sentido, por lo más espinoso,en todo caso lo más controvertido en el recorrido filosófico de Paul Ricoeur: su reflexión sobre el psicoanálisis. Esta elección se debe a que estos textos son de los más difíciles de encontrar y no al deseo de reavivar viejas disputas, por lo demás muy francesas (que en el psicoanálisis y la filosofía de otros países apenas existen); esta publicación permite el acceso a textos menos conocidos de P. Ricoeur, ya que no forman parte del último período, sino más bien del primero y del intermedio. Varios de estos ‘artículos’ se publicaron en el extranjero, siguen siendo muy solicitados, y los filósofos, los psicoanalistas y el público francés en general podrían sacar provecho de ellos.

Esta obra reúne ‘escritos y conferencias’, publicados o no, de cuatro decenios. Este espacio permite, en definitiva, verificar la persistencia y las inflexiones de su pensamiento. La persistencia representa el esfuerzo de comprensión filosófica, la voluntad de pensar el psicoanálisis entregándose a ese “trabajo de segundo grado” que define la filosofía reflexiva tan del agrado de P. Ricoeur.

Él la consideraba como el corazón mismo de la empresa filosófica desde su comienzo en Grecia. Por eso, estos textos son, ante todo, iluminadores, en el sentido de la tradición de las Luces y de una parte importante de la filosofía contemporánea, sobre el propio Freud y sobre su obra. Por otra parte, giran, sin duda, en torno al psicoanálisis; podríamos haberlos titulado también ‘Paul Ricoeur, lector de Freud’. Lector de Freud, al que interpreta con precisión, empatía y admiración, con esa “probidad intelectual” que es “el único ‘valor’ ético que se ajusta a la neutralidad ética de la relación psicoanalítica”.

Y también con la conciencia viva de la ruptura perturbadora que significa el hombre de Viena para la tradición racional de la filosofía.

Es cierto que Freud no es el único en este caso para la filosofía moderna, pero el movimiento sesgado que realiza es muy perturbador, inquietante y amenazador por su ‘extrañeza’, y lleva la filosofía, lo pretenda o no, “a otro lugar”, a una región de desemejanza en la que se desplazan e invierten la regla y el criterio de la razón reflexiva. El célebre término, el ‘desplazamiento’, que Freud sitúa en el corazón del trabajo del inconsciente y de la transferencia, no deja a nadie indemne.

Como demuestra sin cesar la historia del psicoanálisis, este desplazamiento no carece de riesgos, tanto más cuanto que su prolongación o sostenimiento se debe a una práctica, incluso a una comprobación única en su género: la experiencia del análisis.

Paul Ricoeur no busca el fallo teórico o práctico en Freud. Lo acoge “tal cual”, por decirlo de alguna forma, con el asombro del filósofo: en primer lugar, leyendo pacientemente al autor de una obra, sus textos escritos; luego, interrogándolo según diversas coordenadas, que guardan seguramente relación con sus intereses intelectuales, pero que no se limitan a ellos.

En una colección formada por textos dispersos dejados a los supervivientes, sería arbitrario discernir un ‘plan’, pero se pueden señalar, grosso modo, tres direcciones de pensamiento.

Varios textos conciernen, en primer lugar, al proyecto y a la validez del psicoanálisis como ‘ciencia’, a su modo de proceder y a sus resultados, a su interpretación de la cultura y a su lugar en la cultura, a sus intenciones, bien, mal o no expresadas. ¿Qué ciencia es, pues, el psicoanálisis?¿Qué verdad está en juego? ¿Qué pruebas se dan y cómo? ¿Cómo se justifican sus aserciones, se autentifican sus interpretaciones, se verifica su teoría? Estas son las preguntas que se plantean. No es la epistemología, en el sentido de una “crítica del conocimiento científico”, la que importa esencialmente a Paul Ricoeur, sino, sobre todo, el problema de la ‘verdad’ del psicoanálisis y de los medios que utiliza.

Si es cierto que “lo que vale como hecho en psicoanálisis es de una naturaleza distinta de lo que vale como hecho en las ciencias de la naturaleza y, en general, en las ciencias de la observación”, surge necesariamente la cuestión del “carácter hermenéutico del psicoanálisis”. Sin embargo, es importante subrayar enseguida que, aunque “la idea de hecho en psicoanálisis presenta cierto parentesco con la idea de texto” y que “la teoría mantiene, respecto al hecho psicoanalítico, una relación análoga a la de la exégesis del texto en las ciencias hermenéuticas”, P. Ricoeur ofrece una respuesta prudente y matizada sobre el estatuto hermenéutico del psicoanálisis, “disciplina mixta” de “ambiguo estatuto”.

JEAN-LOUIS SCHLEGEL

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