Samaná, entre la pura naturaleza dominicana

Samaná, entre la pura naturaleza dominicana

Este destino del Caribe se destaca por sus espacios verdes y actividades al aire libre.

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27 de noviembre 2013 , 04:08 p. m.

‘República Dominicana lo tiene todo’. Es el lema de este país, presente no solo en avisos publicitarios, sino en cada encuentro con los dominicanos que lo repiten entre sonrisas y ese desborde de amabilidad que los caracteriza.

Desde el aeropuerto tomamos el malecón, una de las avenidas más importantes que atraviesa Santo Domingo y nos lleva hacia la península de Samaná, a dos horas por tierra. La costa Caribe que bordea el malecón es una extensa reserva natural, anuncio de la exuberancia natural que estamos por descubrir.

República Dominicana, con 48.500 kilómetros cuadrados, es el país más grande del Caribe y cuenta con 125 áreas naturales protegidas. Sus 32 provincias ofrecen tesoros naturales que van desde montañas y bosques tropicales hasta playas vírgenes.

Y Samaná lo tiene todo. La península y la bahía que llevan su nombre no son famosas como Punta Cana (el primer destino turístico de la isla), pero se perfila como destino de lujo. Las posibilidades de aventura y contacto con la naturaleza se complementan con excelentes hoteles para todos los gustos.

Sánchez, la primera comunidad que se encuentra al llegar a la península, ofrece variedad de restaurantes junto al mar, muchos inaugurados por inmigrantes franceses e italianos. Este es el lugar indicado para probar los sabores locales, en los que el rey es el plátano. Allí la tentación es un mofongo, un manjar de tostones (patacones) machacados con ajo, aceite de oliva y pedacitos de chicharrón, o un camarofongo, en su versión con camarones. Y para ir a la fija, un asopado de camarones o un chillo frito, pescado local. (La Península de Samaná, paraíso natural en el corazón del Caribe.)

En busca de naturaleza

Para ir en busca de las maravillas naturales es aconsejable salir temprano. Empezamos con la cascada El limón, una experiencia de mar, montañas y agua dulce.

El recorrido se inicia con una cabalgata de una hora, en compañía de guías que entre riachuelos y fincas llevan a la cima de una montaña que tiene una inigualable vista al mar. El descenso, a pie por un camino de herradura, ofrece un descanso en la cascada verde turquesa, de 30 metros de caída.

El plato fuerte para los amantes de la naturaleza es el Parque Nacional de los Haitises (en la lengua de los taínos habitantes precolombinos de la isla, significa tierra alta o monte). Son 1.600 kilómetros cuadrados de área protegida donde abundan especies endémicas, montículos y mogotes que se visitan en lancha.

Con un guía se pueden explorar manglares y cuevas donde aún son visibles pictografías y petroglifos. Es posible caminar por senderos demarcados en el bosque tropical. Para quienes disfrutan del avistamiento de aves, es un paraíso.

Si quiere un plan más calmado, Las Terrenas de Samaná es un lugar recomendable para contemplar palmeras danzantes y el mar de playas apacibles. Este es un lugar para relajarse, renovarse, tomar clases de yoga y meditación o clases de merengue en la playa.

Esta zona es excelente para deportes acuáticos, como buceo. Aquí cada año, desde mediados de enero hasta marzo, alrededor de 3.000 ballenas jorobadas dan a luz en las aguas del Atlántico.

No olvide visitar Playa Rincón, una de las 10 playas más bellas del mundo, en la zona de Las Galeras, un sitio en el que la arena blanca se funde con el azul turquesa del mar y donde aún no hay desarrollo hotelero.

Mirada a Santo Domingo

En República Dominicana el punto de partida siempre será Santo Domingo. Por lo tanto, deje un par de días para esta ciudad, la primera del Nuevo Mundo.

Allí están la primera calle, el primer hospital, la primera universidad, la primera catedral, sitios que enorgullecen a sus habitantes. Hoy cuenta con buena oferta de hoteles boutique en la zona colonial, en un entorno de calles adoquinadas y rincones encantadores.

Un recorrido nocturno por la calle de las Damas permite una vista de la fortaleza Ozama, la más antigua de América, que aún está resguardada por los cañones que protegían el puerto de la ciudad. Este mismo camino va hacia la plaza España, en donde la movida nocturna es un verdadero momento dominicano, con merengue (el ritmo por el cual este país se destaca en el mundo), bachata y dembow.

Santo Domingo es para caminarla mientras se visitan museos, monumentos, iglesias y tiendas, en muchas de las cuales se aprecia la fabricación de puros. No deje de ir a un mercado artesanal y atrévase a regatear. El ámbar y larimar son las piedras nacionales, con las que se hacen toda clase de joyas. El ron y el café dominicanos también son excelentes opciones para llevar de recuerdo. Pero sobre todo no olvide comprar mamajuana, una mezcla de vino, ron, miel, palos y hojas de plantas que varían según la región de la isla donde se encuentre. Con este buen sorbo usted ya habrá saboreado la isla que lo tiene todo.

Si usted va

Desde Colombia se puede viajar por Copa Airlines (vía Panamá).
Hoteles en Santo Domingo: Hostal Nicolás de Ovando, desde 150 dólares.

En Samaná:

Hotel Albachiara, desde 115 dólares en acomodación doble.
Hotel Sublime Samaná, desde 250 dólares en acomodación doble.

Mayor información:

Más información en la página del Ministerio de Turismo de la República Dominicana: www.godominicanrepublic.com/rd/

ANDREA DEL PILAR MORENO
INVITACIÓN DEL MINISTERIO DE TURISMO DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
ENVIADA ESPECIAL DE EL TIEMPO

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