Editorial: La batalla de la Boyacá

Editorial: La batalla de la Boyacá

26 de noviembre 2013 , 07:33 p. m.

La avenida Boyacá, la del mismo nombre que evoca la batalla épica del Libertador en procura de la independencia neogranadina, se ha convertido en un desafío permanente para miles de ciudadanos que libran su propia contienda a la hora de cruzarla sin ser arrollados por algún despiadado o distraído conductor.

Ese es el retrato que devela un reciente informe del semanario Mi Zona, de la localidad de Suba. Advierte el medio comunitario que existe un tramo de no menos de quince cuadras en las que, literalmente, es imposible pasar de un lado a otro sin arriesgar la vida. Exactamente entre las calles 138 y 153.

En este trayecto de la Boyacá –el corredor vial más importante del noroccidente de la ciudad– no existen un semáforo ni un puente peatonal que facilite a las personas su desplazamiento en forma segura. La vía, cómo no, es espléndida: amplia, con diez carriles bien pavimentados, iluminada, bordeada por conjuntos residenciales, ciclorruta, entidades públicas y privadas, utilizada clandestinamente para ‘piques’ o para que motos y carros particulares aceleren más de la cuenta. Pero para el ciudadano de a pie, nada, ni un puente.

Dice el mismo semanario que en el último año la Boyacá se ha convertido en uno de los corredores con más accidentes de tránsito, 161, que han dejado 18 heridos y 2 víctimas fatales. Esto, en el tramo norte, pero en el lado occidental la situación no es distinta. Allí, la avenida, surcada por un caño que sirve de albergue a indigentes que se atraviesan a los vehículos, es otro foco de inseguridad vial. A la estrechez de la calle se suman el mal estado de la misma y el excesivo tránsito de camiones, buses intermunicipales, transporte público, motos, zorras y ciclistas. Aquí, la Boyacá no da más.

En este contexto, vale la pena acompañar el justo reclamo de la ciudadanía por una estructura que proteja su integridad física. En Bogotá hay 280 puentes peatonales, 40 de los cuales requieren mantenimiento. Son pocos para una ciudad por la que circulan 1,6 millones de vehículos y 300.000 motos. De nada vale tener grandes avenidas si el peatón está a merced de los carros. Y, claro, lo ideal sería que una vez atendido el reclamo, la gente los use como es debido.

editorial@eltiempo.com.co

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