Editorial: La recuperación de San Andrés

Editorial: La recuperación de San Andrés

24 de noviembre 2013 , 08:30 p.m.

Ya ha pasado un año desde aquel fallo de la Corte de La Haya que, como tanto se ha repetido, puede significar una pérdida del mar territorial de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Y habría que decir que, aun cuando se hayan ido estos 12 meses, sobre todo en la discusión sobre acatar o no el dictamen, lo más importante del asunto es que ha obligado a todos los estamentos del país a hacerse la pregunta por el presente y el futuro de los isleños.

Durante muchos años, los sanandresanos se han sentido verdaderamente aislados, a merced de las contadas acciones que se han emprendido desde el Gobierno central, y resulta comprensible que desconfíen de las nuevas promesas, pero no cabe duda de que por primera vez en un buen tiempo se está empezando a escuchar la situación de las islas.

Se ha anunciado una serie de planes, que, de volverse políticas públicas, podrían llevar a San Andrés de vuelta al camino del desarrollo: se ha hablado, para el 2014, de un importante crédito del BID para inversiones fundamentales, del presupuesto más alto en la historia del archipiélago, de proyectos de avanzada que de verdad podrían reparar el puente quebrado entre las islas y el continente.

Basta que, luego de décadas de soledad y de empobrecimiento, después de años de grave crisis ambiental y de campañas electorales a costa de sus dificultades, los habitantes del departamento recobren la confianza en las promesas gubernamentales. Basta, mejor, que las promesas comiencen a cumplirse.

Como relata un serio estudio presentado en días pasados en el Consejo de Ministros, San Andrés ha sido leal con el país en momentos claves de su historia. Y el Gobierno central, perdido, acaso, en las minucias electorales de cada década, más que todo ha sabido ejercer soberanía en el archipiélago con prevalencia en las corbetas. Es tiempo, pues, como lo propone el estudio, de recobrar la autoridad sobre el territorio invirtiendo en el “desarrollo urbano”, en el “mejoramiento de barrios y playas adyacentes”, en la “provisión y acceso a los servicios de agua”, en la “recuperación del litoral” y en el “desarrollo económico local”. Resulta de vital importancia que no vuelva a suceder que un revés recuerde que aquellas islas quedan en Colombia y que sus habitantes son ciudadanos colombianos.

Dado el fallo de La Haya, que más allá de la discusión inagotable sobre su acatamiento sigue siendo, en términos de política internacional, un hecho incuestionable, conviene seguir apostándole a una buena relación con Nicaragua. Están primero que todo la vida de los habitantes de la zona y el futuro de la región misma. Una serie de acuerdos que conduzcan a la confianza entre los dos países y fortalezcan la integración, en tiempos en los que cada vez se hace más evidente que la colaboración de las naciones vecinas no es solo una buena idea sino una necesidad, podría redundar en beneficios verdaderos para los raizales.

Se cumple un año del desmoralizante fallo de La Haya. Si se toma semejante noticia como una lección para un país que ha tendido a poner lo urgente por encima de lo importante, si sirve aquel infortunio para romper el círculo vicioso que empieza en los problemas y termina en las promesas, y para poner en marcha al fin eso de que la soberanía ha de ejercerse haciendo presencia en toda Colombia en términos de desarrollo, el Estado dará una nueva muestra de que está dispuesto a encarar los hechos, y el archipiélago tendrá la reivindicación que tanto se merece.

editorial@eltiempo.com.co

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