Pintor revela intimidades de la familia Assad

Pintor revela intimidades de la familia Assad

Fue testigo de secretos como la historia de amor prohibido de la hermana del presidente sirio.

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22 de noviembre 2013 , 11:17 p.m.

Faiz ha pasado de tener una vida entre palacios a vivir entre tiendas de campaña en el campo de refugiados de Kawergosk, en Erbil, capital del Kurdistán iraquí. Allí huyó en agosto de este año, como muchos otros de sus compatriotas, después de fuertes enfrentamientos entre las milicias kurdosirias y los islamistas radicales del Frente al Nusra.

Este pintor de Qamishli, en el Kurdistán sirio, estuvo al servicio de la familia Assad durante 13 años hasta que fue despedido a raíz del ‘levantamiento kurdo’, unas protestas que sucedieron en marzo del 2004.

Uno de sus relatos favoritos es la historia de amor entre Bushra Assad, hermana del presidente, y su esposo Asef Shawkat. Comenzó cuando Bushra todavía era adolescente y fue un flechazo a primera vista, un amor que parecía imposible, pues Shawkat era diez años mayor que ella, estaba casado y tenía cinco hijos.

“Nos enviaron a Qurdaha –ciudad natal de los Assad, en la provincia de Latakia– para hacer unas obras en la residencia familiar de Hafez (padre de Bashar al Assad) y al sacar el marco de una puerta encontré un trozo de papel amarillento con los nombres de Bushra y Asef dentro de un corazón rojo”, relata Faiz.

La pareja de enamorados se casó finalmente en 1995, después de muchos impedimentos familiares, un año después de la muerte de Basel, el primogénito de Hafez al Assad, en un accidente.

Desde el principio Basel se negó a esa relación y pensó que la mejor manera de terminar con el enamoramiento de su hermana era poner tierra de por medio. Por eso el presidente Hafez, a petición de su hijo mayor, envió a Asef Shawkat con su esposa e hijos a Europa.

Pero la muerte le llegó demasiado pronto a Basel, y Asef se divorció y pudo regresar a Siria para casarse con su amada Bushra, con la que solo pudo estar durante 18 años. Él murió en el atentado contra el cuartel general de la Seguridad Nacional en julio del 2012. Tras la muerte de su esposo, la hermana del presidente sirio huyó con sus hijos a Europa.

Faiz describe a Bushra como una mujer antojadiza. “Cada vez que regresaban de un viaje de Europa traía catálogos de decoración y nos tocaba volver a pintar de nuevo las paredes y redecorar toda la mansión”, señala con tono molesto.

Los Assad solo trabajan con su gente de confianza. Tienen al mismo ingeniero, los mismos pintores y albañiles.

Maher al Assad, hermano de Bashar tiene una docena de palacios repartidos en todo Damasco. Dos de ellos están situados en lo alto de una colina, uno imita a un castillo medieval y el otro es un palacete de verano con “animales exóticos de todas las clases, desde pavos reales, ponis e incluso una pantera negra”, asegura.

“Con la comida que se le da cada día a esos animales podrían alimentar a todo Damasco”, exclama Faiz.

Además de describir el lujo y la exuberancia que rodean a Maher, Faiz también conocía historias sombrías como la del día que el sobrino del comisario de Damasco llegó conduciendo borracho. “Iba muy deprisa y atropelló a un guarda y a su hijo. Los mató. Entró al castillo y cuando Maher vio sangre ordenó a los sirvientes que la limpiaran y dijo que nadie revelara nada de lo sucedido. Al día siguiente apareció un taxi con dos personas que recogieron los dos cadáveres del suelo y se marcharon”, recuerda.

El palacio presidencial conocido como La Casa del Pueblo lo forman tres edificios. “Por cuestiones de seguridad, Hafez dormía cada noche en una habitación diferente”, precisa el pintor.

Cuando Bashar fue nombrado jefe de Estado reformó todo el palacio. “A diferencia de su padre, optó por una decoración oriental. Quería que todo fuera más estilo árabe y no occidental”, cuenta.

“Todo el palacio estaba revestido de madera de abedul que trajeron con barcos desde Canadá, pavimentado con grandes bloques de mármol blanco y todas las ventanas que dan al exterior son blindadas y hay cámaras de seguridad en cada habitación”, concluye Faiz.

ETHEL BONET
Para EL TIEMPO
Erbil (Irak)

 

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