El periodista que se volvió cantante vallenato

El periodista que se volvió cantante vallenato

José Fernando Porras dice que llegó a la música para cumplir una promesa a su padre.

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22 de noviembre 2013 , 05:17 p.m.

En Bogotá, los personajes brotan naturales como la hierba. Son hombres impensados, muchas veces inadvertidos. Hay de todo. Pero José Fernando Porras, mejor llamado el ‘Cacique Mocorongo’ –un periodista radial que ahora es aspirante a cantante de una suerte de vallenato picaresco al viejo modo de Alfredo Gutiérrez–, no tiene semejante.

Antes de seguir, es preciso aventurar una breve definición. ¿Qué es un personaje? Una figura pública que es ambas cosas: un bufón que es un tipo serio, un loco que es también un hombre cuerdo. Seres, al fin y al cabo, que tienen un mundo propio, aislado por sus íntimas rarezas.

José Fernando habla “con una profunda voz de órgano de erres arrastradas”, como escribía García Márquez sobre su amigo Cortázar. Porras, que se refiere a sí mismo en tercera persona, se conoce más que bien: “Porras es hiperactivo, es geminiano, es de Cajamarca (Tolima), es cantante, es compositor, locutor, periodista, animador”.

Pero también fue técnico agropecuario, cargador de bultos en Corabastos, contador de chistes e imitador.

Físicamente es una mezcla casi perfecta entre Jorge Oñate e Iván Villazón. Como cantante, es más bien algo así como un Alfredo Gutiérrez con un Lisandro Meza, pasado por las huestes de un Diomedes que ha empezado tarde pero que va en ascenso. “Cuando empecé, yo me arriesgaba a que dijeran que Porras como cantante es un gran periodista”, dice.

Muchos críticos, advierte, le han dicho que el vallenato es para la gente de la Costa, no para los cachacos. Pero él tiene una sola cosa clara: que esto de ser artista es mejor que trabajar.

A sus 54 años, este periodista que dirige el programa 'La voz de Bogotá' en la cadena radial Todelar, se atrevió a cumplir su sueño y sale ahora con un primer disco titulado 'El porrazo musical'.

Una de sus canciones, La gatica andora, ya fue incluida en los 14 Cañonazos de fin de año. Una locura, dice Porras. Casi sin pausa, su tono burlón va dando paso siempre a las carcajadas sonoras.

Cuenta que su vena musical se despertó en Calarcá, en los cultivos de Secundino Porras Cruz, su padre, donde aprendió a cantar. Cuando los recolectores de café terminaban la jornada, sacaban el acordeón y la guitarra. Él improvisaba entonces coplas que iban convocando a los jornaleros en torno suyo.

De este modo se fue forjando una vida de extrañas coincidencias que ahora solo busca escalar un escaño más: “Ya hay un Porras periodista, un Porras cantante. Próximamente habrá un Porras animador”.

A los hombres folclóricos los cuestionamientos apenas los tocan. Por ahora “Porras prepara un libro autobiográfico que se titulará: Me mamé de pecar.

REDACCIÓN BOGOTÁ

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