La tecnología en el oscuro 22 de noviembre

La tecnología en el oscuro 22 de noviembre

Así se vivían los avances de la industria el día del asesinato de Kennedy.

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22 de noviembre 2013 , 03:36 p.m.

Hace cincuenta años se crearon varias tecnologías. Artilugios como el casete compacto, los videojuegos y el café instantáneo se crearon en 1963. Comenzaban los años sesenta, una década emblemática. El siguiente relato se enfoca en el impacto que tuvieron los desarrollos tecnológicos el día del asesinato de John Fitzgerald Kennedy. La historia es contada a través de cuatro personajes: Abraham Zapruder, Mary Ann Moorman, Michael Richards,  y Lisa Richards, esposa de este último.

Abraham Zapruder se ubicó en uno de los flancos de Dealy Plaza. Llevaba consigo la cámara modelo 414 PD Bell & Howell Zoomatic. La había adquirido en la tienda Peacock Jewelry Company un año antes. Era una cámara portátil, pequeña, liviana, forrada en cuero. La adquirió en la calle Elm, a pocos metros de donde ahora se encontraba, a la espera de la caravana presidencial. Era una pieza de tecnología notable: permitía acercar y alejar la imagen con presionar un par de botones e incluso incluía una función para grabar en cámara lenta.

La comitiva se aproximaba por la calle Houston. Las cuatro motocicletas Harley Davison de dos ruedas, que lideraban la caravana, emergieron entre la multitud para bajar por la calle Elm. Zapruder se paró sobre un muro de concreto y apuntó el lente de su grabadora de filmación con película de 8 mm en dirección este.

A lado y lado de la calle, cientos de ciudadanos se apostaban con sus cámaras, exultantes ante la visita de su donjuán presidencial, de su líder de rebosante juventud, Jack Kennedy, el playboy presidente. Algunos portaban sus Polaroid instantáneas a color que acaban de asombrar al mercado apenas nueve meses atrás. Mary Ann Moorman llevaba consigo la Polaroid 80A Highlander, un viejo modelo a blanco y negro. Moorman había pagado no más de 70 dólares por la pieza de tecnología fotográfica, ya descontinuada para 1963.

Otros de seguro se preparaban para estrenar sus Kodak Instamatic 100, un modelo que simplificaba la carga de las películas gracias a una nueva tecnología llamada Kodapak. Las Instamatic se convertirían en uno de los mayores éxitos comerciales de la historia de la fotografía. No era necesario enrollarlas ni rebobinarlas, solo era necesario introducir el cargador Kodapak en un zócalo y disparar. Eran tiempos en que la simplificación de los procesos constituía una premisa de la industria. Reducir el tamaño de los dispositivos y mejorar su portabilidad se empezó a considerar como un atributo diferencial.

Michael Richards acababa de ver pasar la caravana por la calle Houston. Horas atrás había revisado el catálogo de una de las tiendas locales. Se aproximaba Navidad. Consideraba adquirir una de aquellas nuevas máquinas de escribir portátiles de Smith-Corona de 100 dólares o una grabadora de carrete Mayfair de 7 pulgadas. En agosto de ese año, Philips (llamada Norelco en Estados Unidos) había mostrado su casete compacto con su respectivo reproductor (que funcionaba con baterías) EL 3300 en la feria IFA de Berlín.

Richards llevaba sendas gafas debido a sus 4 dioptrías, fabricadas en pasta gruesa. Hace cincuenta noviembres, también se encontraban en boga los anteojos de enormes dimensiones. Se consideraban como algo ‘chic’ y embellecedor. Eran un artículo de moda, un símbolo de buen gusto, de belleza. Los lentes ya se fabricaban con filtros para trabajos con luz fluorescente y protección contra rayos solares.

Aquel 22 de noviembre también era viernes. Kennedy saludaba a la multitud con una amplia sonrisa y un ademán. Iba en su Lincoln presidencial descapotado. El pueblo de Dallas se agolpaba para verlo. Su carácter progresista concordaba con los nacientes tiempos de revolución, de liberación social. Las computadoras empezaban a desarrollarse. Steve Russell había creado el primer videojuego, llamado Spacewar, menos de doce meses atrás. El espacio se contemplaba con anhelo y Kennedy había impulsado su conquista. Se respiraba un espíritu de plenitud, el pueblo americano se sentía invencible. Querían marcar la historia y derrotar al comunismo en la carrera al espacio.

Aquel 22 de noviembre ya se hablaba de unas absurdas gafas para ver televisión, aparatosas y llenas de luces, creadas por Hugo Gernsback. Una gafas que nos permitirían llevar la televisión a cualquier lugar. Incluso se empezó a abordar la realidad aumentada. Hughes Aircraft Co, de California se había inventado el Eletrocular, un dispositivo de visualización electro-óptica que permitía a los pilotos ver la información del tráfico aéreo y las condiciones de la pista en vivo, a través del lente, al mejor estilo de las Google Glass, aunque a diferencia de estas últimas, recibían señal de televisión y no de internet.

Aquel 22 de noviembre, Zapruder contuvo la respiración cuando escuchó los disparos, alcanzó a sobresaltarse. Vio la cabeza del presidente volar en pedazos, pero no dejó de grabar. Eran las 12:30 del mediodía. Richards, por su parte, escuchó el tiroteó y botó su café instantáneo. Se lanzó de bruces al suelo. El mandatario de 46 años acababa de caer en el asiento trasero de su limosina con la cabeza hecha trizas. Mary Ann Moorman acababa de presionar el obturador, solo segundos antes de que Kennedy se derrumbara.

Richards corrió hasta su Ford Falcon modelo 60. Lucía como una caja de cigarrillos azul. No se trataba del automóvil más agraciado, pero funcionaba, llevaba montado un motor de 90 caballos a 4.200 rpm. Le acababa de comprar una radio FM y se dispuso a escuchar las noticias. Sintonizó KLIF Radio. En ese momento sonaba “Big Boss Man”, de Charlie Rich. A las 12:38 llegó el primer boletín informativo. La voz agitada de Gary Delaune interrumpió la programación musical: “Se reporta que la caravana presidencial recibió tres disparos, cerca de la zona centro de Dallas. KLIF News está verificando el reporte, manténganse sintonizados”.

En su casa de dos pisos ubicada a quince minutos de la plaza Dealy, Lisa Richards terminaba de limpiar su lámpara de lava, una excentricidad que acababa de adquirir en Sears, las gotas de ‘mercurio’ rojo se deslizaban como orugas de luz en su interior. Se preparaba para batir los huevos con su batidora de General Electric. A su lado reposaba un radio Motorola fabricado en vinilo de color negro con entrada AM/FM. La sobresaltó el sonido estridente del boletín informativo de última hora. También escuchaba KLIF Radio.

Anonadada tras escuchar la noticia, corrió hasta su televisor Zenith de 19 pulgadas, blanco y negro. Los Zenith eran un poco más baratos que los televisores General Electric y lucían como enormes armarios de color gris o café. La señal era lluviosa. Estaban transmitiendo la ‘soap opera’ “As The World Turns” por el canal CBS. A las 12:40, se interrumpió el programa para dar el primer boletín informativo: “Los primeros reportes indica que el presidente Kennedy está seriamente herido”.

Lisa salió con celeridad a la calle. Quería ir a Dealy Plaza a buscar a su esposo Michael. Se llevó su radio portátil Motorola para seguir al tanto de la ráfaga de trágicas nuevas.

El señor Richards se dirigió a los baños del Texas Book Depository después de escuchar el primer informe radial. Su cabeza giraba como un trompo producto de la consternación. Los reporteros se aproximaban a la calle Elm con sus armatostes Graflex y sus micrófonos de variadas formas y colores, algunos delgados y larguiruchos, otros como bocinas desnudas. Iban inquiriendo a los testigos con el ánimo agitado. Algunos corrían hasta las tiendas para describir el hecho desde un teléfono. Los flashes se sucedían unos tras otros. El aullido de las sirenas acentuaba el clima lúgubre del momento.

Mary Ann caminaba confusa por los alrededores. El dueño de un Ford Galaxy se parqueó al frente de donde se encontraba y se quedó escuchando la transmisión radial. Los primeros rumores indicaban que el presidente había muerto. Mary Ann pasó un pañuelo por su frente sudorosa. Era un día agradable, pero la zozobra se cernía sobre América.

Una hora después, se escuchó la voz de y se vio la mirada perdida de Walter Cronkite, periodista de CBS Evening News: "El presidente Kennedy murió a la 1:00 pm".

ÉDGAR LEONARDO MEDINA
Redacción Tecnología

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