Los asesinos de Kennedy

Los asesinos de Kennedy

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21 de noviembre 2013 , 08:18 p.m.

También era viernes el 22 de noviembre. A la una de la tarde de ese día trágico, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, fue asesinado en Dallas. Cincuenta años después, la verdad sobre quiénes y por qué mataron a uno de los líderes políticos más importantes de la historia está refundida entre una balumba de versiones que se contradicen las unas a los otras. ¿Quién miente? ¿Quién dice la verdad?

La verdad la dicen quienes, del 23 de noviembre hasta hoy, han investigado el crimen con elementos científicos de análisis y deducción y han llegado a la conclusión de que Lee Harvey Oswald no solo no mató al presidente, sino que ni siquiera estaba en el depósito de libros en el momento del atentado. Un interesante artículo publicado hace dos días (‘Cincuenta años de preguntas suscitan nuevas respuestas’ http://www.nationofchange.org/who-killed-jfk-and-why-50-years-questions-yields-new-answer-1384959855) sintetiza la posición de cuantos han refutado la teoría de ‘la bala mágica’ que le atribuyen a Oswald, disparada supuestamente con un fusil Manlicher-Carcano, el menos adecuado para un atentado de la naturaleza del que acabó con la vida de John F. Kennedy.

Mienten quienes sostienen que la conclusión de la Comisión Warren, encargada por el presidente L. B. Johnson de investigar el asesinato de su antecesor y jefe, es la correcta: Lee Harvey Oswald fue el asesino, actuó por su cuenta, no tuvo ningún apoyo y quedaron en el misterio los motivos que lo impulsaron a convertirse en un magnicida, el típico “asesino solitario y mágico” que tanto les gusta recrear en las películas de Hollywood.

Gabriel Iriarte publicó en pasada edición de ‘Lecturas’ (octubre, 2013, pp. 10-13) un provocativo análisis de la literatura que se ha producido sobre la muerte del presidente Kennedy en estos cincuenta años, y cita veintidós títulos al respecto. Omite, sin embargo, las tres obras que aclaran el crimen (dos libros y una serie documental de televisión). Ellas revelan, sin dejar dudas, quiénes conspiraron para asesinar al presidente de los Estados Unidos, cómo lo hicieron y por qué.

Son ‘Juicio precipitado’, del abogado Mark Lane, director de la comisión ciudadana para investigar el asesinato del presidente John F. Kennedy; ‘Arde América’ (en inglés ‘Good bye America’), firmado con el seudónimo de James Hepburn, pero escrito en realidad por Leo Huberman (autor de ‘Los bienes terrenales del hombre’); Jim Garrison, fiscal de New Orleans (sobre quien Oliver Stone hizo la película ‘JFK’), y Mark Lane. Y la serie documental en 18 capítulos ‘Los asesinos de Kennedy’, emitida completa en Colombia por History Channel (1999). Posteriormente censurada e invisibilizada. La versión que se consigue en DVD es poco menos de la mitad de la original. Le fueron suprimidos nueve de los dieciocho capítulos, los más reveladores. Los que demuestran la inocencia de Oswald y develan la enmarañada red de autores intelectuales que conspiraron para realizar el crimen.

La primera deducción asombrosa que se saca de esas tres obras es que en la comisión creada por el presidente Johnson para “aclarar el asesinato”, presidida por el juez de la Corte Suprema Earl Warren, ocupaban silla dos de los miembros del equipo que se encargó de planificar el asesinato de JFK. Allen Dulles, exdirector de la CIA (echado por Kennedy), y el senador demócrata por Georgia Richard Russell Jr. La comisión estaba compuesta por enemigos declarados de Kennedy, como el senador Gerald Ford (después elegido vicepresidente por el Congreso, y presidente al producirse la aparatosa renuncia de Richard Nixon). Ninguno de los miembros de la Comisión Warren simpatizaba con el presidente Kennedy ni con su hermano Robert, fiscal general. De donde no debe resultar extraño que veinticuatro de los testigos que declararon ante la Comisión y que dijeron haber visto cosas que no deberían haber visto (que contradecían la versión de Oswald como autor único del crimen) murieran por diversas causas en el curso del año siguiente (accidentes, enfermedades misteriosas, asesinatos, etc.). Sus testimonios no quedaron consignados en el informe final de la Comisión.

Cinco años después, en abril de 1968, fue asesinado por otro “loco solitario” el líder de los derechos civiles de los negros, Martin Luther King, en Memphis; y en junio cayó abatido en Los Ángeles (California) por otro “loco solitario” Robert F. Kennedy, al que se daba como seguro candidato demócrata y seguro ganador de las elecciones presidenciales de noviembre. No hay para qué preguntar quién mató a Luther King y a Robert Kennedy. Lo hicieron los mismos que asesinaron a John F. Kennedy.

Detalle curioso. Unos días antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán llegó a Bogotá Clay Shaw, investigado en 1964 por el fiscal Jim Garrison, que lo señalaba de ser cómplice indispensable en el plan para matar al presidente Kennedy. El agente Espirito, a quien se supone implicado en el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, fue así mismo partícipe en el de John Kennedy. Los procedimientos para el magnicidio de Kennedy parecen calcados de los que se utilizaron en el de Jorge Eliécer Gaitán.

El asesinato del presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy fue el golpe de Estado perfecto. El principal y casi el único argumento que los detractores del presidente Kennedy esgrimen para desviar la atención de la verdad y desacreditar a la víctima ha sido el de declararlo “mujeriego impenitente” (ver este escalofriante análisis: http://www.usatoday.com/story/news/nation/2013/11/21/jfk-conspiracy-theorist-points-finger-at-lbj/3660765/)

Enrique Santos Molano

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