Lo que puede ocurrir con la reforma

Lo que puede ocurrir con la reforma

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21 de noviembre 2013 , 07:06 p. m.

Sin duda, la reforma de la salud es un asunto que preocupa sobremanera a quienes tenemos conciencia plena de lo que ella significa. No se trata de algo baladí, sino de un proceso y una decisión que comprometen el bienestar de cuarenta y siete millones de colombianos.

Además, teniendo en cuenta el momento que vive el país, cuando hay anhelo de profundos cambios, se considera propicia la ocasión para que quienes manejan sus destinos den muestra de que no son ajenos a la realidad que los rodea. Y la realidad, en cuestiones de salud, es una profunda crisis que amerita reformas de fondo.

Explicable que el clamor por un nuevo sistema de salud sea generalizado. El modelo requerido está perfectamente identificado, a contrapelo de los que aspiran a seguir usufructuando las prebendas del actual, el mismo que llevaron al fracaso luego de haberlo expoliado.

Lo que se necesita es voluntad política para poner al servicio de todos un sistema eficiente, limpio de corrupción. Cuando digo “voluntad política” me refiero al alto Gobierno y al Congreso de la República.

Habida consideración de que la decisión está ahora en manos de la Corte Constitucional (ley estatutaria) y del Congreso (ley ordinaria), y de que el país entero está pendiente de lo que en esas instancias ocurra, vale la pena hacer cábalas, especular sobre lo que pueda suceder. Tal ejercicio intelectual es una forma de vislumbrar la realidad que se avecina, barajando opciones que permitan prepararnos sin que nos llamemos a engaño.

Independientemente del pronunciamiento de la Corte Constitucional –que tampoco puede aislarse de la realidad– y conocido el cronograma legislativo, pienso que cuatro son las alternativas posibles:

1. Que la reforma, a la manera propuesta por el ministro Gaviria, siga su curso tal como va, con probabilidades de que la Cámara la apruebe a su amaño, y más tarde Cámara y Senado la concilien asimismo a su amaño. Resultado: desprestigio para el Gobierno y el Congreso, pues el producto sería una ‘Ley bodrio’, o ‘Ley fiasco’.

2. Que el Congreso la archive y, con algunos afeites, se mantenga vigente la Ley 100. Resultado: derrota para el Gobierno y más desprestigio para el actual Congreso, por haber defraudado las esperanzas de sus electores.

Habría entonces que esperar el advenimiento de un parlamento renovado, de composición mayoritaria incierta, quizás opuesta a la aprobación de una nueva ley.

3. Que la Cámara y el ministro Gaviria, en un acto de sensatez y altruismo, introduzcan cambios al proyecto en curso, teniendo en cuenta las recomendaciones de quienes, desde distintos sectores, venimos clamando por un sistema de salud pulcro y eficiente, y luego, conjuntamente con el Senado, produzcan la ‘Ley apropiada’. Resultado: reconocimiento al ministro Gaviria y, a la postre, ganancia para el Gobierno, el Congreso y todos los colombianos.

4. Que el ministro Gaviria retire su propuesta y el Gobierno convoque a una Comisión de Expertos para que, en el plazo más corto, redacte el texto consensuado de una ‘Ley sabia’, que tendría que ser aprobada por el Congreso sin mayor dilación. Resultado: palmas y prestigio para el Gobierno (incluyendo al ministro Gaviria) y para el Congreso.

Como puede verse, se trata apenas de un ejercicio mental, inducido por el afán de ver resuelto pronto y de la mejor manera el enrevesado proceso en que se debate la reforma de la salud, más aún cuando el prolongado silencio de la Corte Constitucional le imprime mayor incertidumbre.

Fernando Sánchez Torres

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