El hombre invisible

El hombre invisible

notitle
20 de noviembre 2013 , 07:32 p. m.

Hay películas que parecen definidas por sus intenciones antes que por sus resultados. Creo que es el caso de El mayordomo (The Butler, 2013), el filme de Lee Daniels inspirado en un artículo de The Washington Post publicado en el 2008 y que hacía referencia a Gene Allen, un mayordomo de raza negra que trabajó para la Casa Blanca durante más de tres décadas, entre las administraciones de Truman y Reagan.

A partir de ahí, Lee Daniels y el guionista Danny Strong construyen una historia que, sin duda, difiere mucho de su fuente original, pero que sirve al propósito de mostrar el desarrollo de la lucha por los derechos civiles que se dio en los Estados Unidos, a cuyos activistas está dedicado este filme. El mayordomo de la cinta se llama Cecil Gaines (el gran Forest Whitaker, en una actuación muy contenida) y vamos a acompañarlo a realizar su callada labor de servicio, un discreto “hombre invisible” que es testigo de primera mano de las discusiones del Salón Oval entre el presidente de turno y sus visitantes.

La película enaltece esa labor, que habla de la capacidad de trabajo, el tacto y la compostura de un hombre que logró superar sus desventajas sociales y la discriminación racial y dar ejemplo de nobleza y abnegación. Sin embargo, su rol de mayordomo no ofrece mayor espacio para el drama y este lo encuentra Lee Daniels en el hogar de Cecil, donde su esposa insatisfecha (una magnífica Oprah Winfrey) y su enardecido hijo mayor, convertido en defensor de los derechos civiles y miembro activo del partido de las Panteras Negras, pondrán a prueba las convicciones de nuestro protagonista.

El relato no toma partido por una u otra actitud. Ambas las ve como valederas, tanto la decorosa pasividad de Cecil como la agresiva lucha de su hijo. Las dos posiciones reflejan modos de pensar y obrar que apuntaban a lo mismo, a recuperar por diversos medios una dignidad inherente a nuestro ser que les fue arrebatada por una ignominiosa injusticia histórica.

El resultado de esta película es irregular, sus retratos de los presidentes son anecdóticos, los retazos históricos que teje son apresurados y su progresión dramática es predecible, pero, sin embargo, su intención de hacernos conscientes de la valentía de aquellos que lucharon por su honor y su nombre resuena con absoluta claridad.

Juan Carlos González

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.