Puerto Vallarta, una joya mexicana

Puerto Vallarta, una joya mexicana

Playas paradisiacas, aventura, naturaleza y descanso de verdad en esta ciudad del estado de Jalisco.

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20 de noviembre 2013 , 03:49 p.m.

Era un pueblito mexicano sencillo, sin muchas pretensiones, inexplorado. Las playas de arena morena, gruesa y tostada, y el océano de aguas azules y verdes eran un paraíso exclusivo para sus pobladores. El mundialmente conocido Puerto Vallarta, en el estado mexicano de Jalisco, salió del anonimato gracias a una película, en 1963.Alguien le habló de ese lugar en la Costa Pacífica mexicana al director estadounidense John Huston, y él decidió grabar allí la cinta La noche de la iguana –que ganó un Oscar- con dos celebridades de la época: Richard Burton y Ava Gardner.

Los guías turísticos de la ciudad recitan esta historia con orgullo, y cuentan, además, que la prensa de Hollywood llegó persiguiendo a la famosísima Elizabeth Taylor, quien viajó hasta Puerto Vallarta tras los pasos de su esposo, Richard Burton.

Desde entonces, Puerto Vallarta empezó a convertirse en uno de los destinos más visitados de México y hoy acoge, al año, en promedio, a 3,7 millones de visitantes. (Vea en imágenes lo mejor de Puerto Vallarta.)

Nos recibe un día soleado y caluroso, pero no sofocante. El clima es una de las virtudes de este destino, gracias a la brisa que sopla el mar y a la frescura de la Sierra Madre, a ese conjunto de montañas, bosques, ríos y cascadas que custodia la región. Las temperaturas diurnas se mantienen entre 27 y 30 grados.

El aeropuerto queda a 10 minutos de la zona hotelera. El hospedaje es en Fiesta Americana, un hotel de lujo en todos los sentidos, donde lo que más se destaca –además de las habitaciones, la piscina gigante, la comida, el spa- es la calidez de su personal. Pero antes de salir a conocer la ciudad vale la pena disfrutar de la playa y de un primer margarita.

Los artesanos se acercan, sin acosar, y ofrecen sus creaciones en madera y concha de mar. También se acerca Pedro Jiménez, operador turístico, invitando a conocer Puerto Vallarta desde las alturas a bordo de un parapente halado por una lancha.

El plan me seduce, regateo el precio inicial de 60 dólares y lo deja en 40; en segundos estaba volando, a 300 metros del mar, contemplando el destino que voy a descubrir. Aunque el recorrido es seguro, no es muy recomendado para cardiacos. La vuelta duró 10 minutos que se pasaron muy rápido. Fue una gran experiencia.

Aterrizo, y de nuevo a la playa. Otro margarita. Cae la tarde y el sol, como una bola de fuego, se oculta en un mar tan plácido que parece un espejo, dejando pinceladas rosadas y naranja en el cielo.

El centro, el viejo Vallarta o la zona romántica queda a 10 minutos de la zona de hoteles. Se puede llegar en taxi (unos $10.000 pesos colombianos o en bus, unos $1.500). El primer plan es caminar por el malecón –remodelado hace dos años-, 2.000 metros que bordean el mar, donde se levantan esculturas y obras de arte de delfines y toda suerte de criaturas marinas; los hombres pájaro o voladores de México ofrecen uno de sus espectáculos arrojándose desde un palo de 35 metros de altura protegidos apenas por una cuerda que amarran a la cintura y los pies. Hay que darles propina.

Más adelante aparece el monumento de un niño, desnudo y con un sombrero de charro, sobre un caballito de mar: el símbolo de la ciudad. Al otro lado están los restaurantes y bares donde, en las noches, se puede ir a escuchar mariachis, a tomar tequila y a bailar. La rumba es hasta las seis de la mañana.

El malecón termina donde comienza la Playa de los Muertos, la playa pública más concurrida de la ciudad. La caminata sigue hacia el centro histórico pasando por el río Cuale y por varias calles donde venden artesanías. Vale la pena pasar por el mercado municipal, donde venden tacos, enchiladas y otras delicias desde los 10 pesos mexicanos (unos $2.000 colombianos).

Un destino típicamente mexicano

Puerto Vallarta es un destino democrático, para todos los gustos y bolsillos: para enamorados y aventureros (hay todo un portafolio de deportes extremos), para familias o para cualquier persona que desee descansar de verdad y conocer una ciudad auténticamente mexicana. Hay hoteles de lujo y hostales muy económicos, de 20 dólares. Se puede comer muy bien en puestos callejeros o en restaurantes como El Café de los Artistas, especializado en cocina francesa. Pero mucho más que eso, es un destino auténtico, cargado de historia. Aquí, de verdad, México y sus tradiciones palpitan en cada rincón, sin artificios.

Las calles de la ciudad son adoquinadas y se descuelgan desde los cerros. El ascenso es exigente pero vale la pena, sobre todo cuando aparece la Iglesia de Guadalupe, cuya construcción comenzó en 1903 y terminó en 1940.

Su principal joya es la corona que luce en su torre principal, en honor a la Virgen María, que está levantada por ocho ángeles. El templo enmarca los coloridos techos de las casonas, y al fondo se divisa el mar, muy azul y muy quieto. Vale la pena entrar a la iglesia, que tiene una réplica idéntica del lienzo de la virgen de Guadalupe, cuyo original se conserva en la Ciudad de México.

A las afueras de la ciudad, por su costado sur, se llega al sector de Mismaloya, donde, en medio del océano, se levantan dos piedras monumentales conocidas como Los Arcos, que se comunican a través de túneles. Es un sitio ideal para el buceo y un santuario de aves, donde los que más se destacan son los patos bobos de patas azules.

Cinco kilómetros más adelante queda la tequilería Mister Tequila, sede de una cooperativa de productores artesanales del licor mexicano por excelencia. Nos recibe Gabriel Fabela, experto en tequilas que aborrece hasta los tuétanos a las marcas comerciales de ese licor que invaden el mercado. El hombre dirige una cata de tequila y explica que la gran diferencia entre el tequila artesanal y el comercial consiste en que lo destilan en cobre, no en acero inoxidable (para acelerar el proceso).

“Hacemos el tequila correctamente, con plantas de agave azul de nueve años, no la cortamos a los 6”, dice el hombre. La diferencia, además, se percibe claramente en la intensidad del sabor y en la sensación que deja en el paladar y en los sentidos.

Cerca de la ciudad hay varias islas. Entre las más visitadas y espectaculares están las Marietas, donde queda la Playa Escondida, una especie de cráter al que se accede solo cuando la marea está baja. Pero en este caso fuimos a la isla de Yelapa, donde hicimos esnórquel (se aprecia todo un espectáculo de peces de diversas formas, tamaños y colores) y jugamos con una loba marina adiestrada que responde al nombre de Jenny. Parece un inmenso perro mojado con olor a pescado. Jenny se ríe, salta, hace muecas, y todos la aplaudimos.

Una caminata en la isla nos lleva hasta una cascada de aguas cristalinas y frías. El camino de la cascada a la playa nos conduce a un mirador con una vista impresionante.

Hay mucho para ver y hacer en Puerto Vallarta, pero el tiempo no fue suficiente. Faltó ir al zoológico y al Edén, lugar donde grabaron la película ‘Depredador’. Faltó tiempo para lanzarse al mar desde una avioneta, en paracaídas; falto tiempo caminar por sus calles de piedra y para contemplar más atardeceres junto al mar y esperar a ver si salta una de las ballenas jorobadas que llegan hasta esta bahía entre noviembre y marzo. Uno se va de Puerto Vallarta con la promesa de volver.

Si usted va…

-Los colombianos no necesitan visa para viajar a México.

-El hotel Fiesta Americana Puerto Vallarta ofrece un plan todo incluido que fue diseñado exclusivamente para el mercado colombiano. Teléfono 805-5758 Bogotá. www.fiestamericana.com

La aerolínea Aeroméxico ofrece dos vuelos diarios a Ciudad de México, con conexión a Puerto Vallarta.

www.aeromexico.com/co

El operador local Tukari ofrece planes y visitas guiadas en Puerto Vallarta y toda la región. www.tukari.com

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
INVITACIÓN DEL HOTEL FIESTA AMERICANA PUERTO VALLARTA Y AEROMÉXICO

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