El plan de la Iglesia colombiana para atacar la pederastia

El plan de la Iglesia colombiana para atacar la pederastia

Denuncias ante las autoridades civiles y un mayor filtro en los seminarios, parte de las medidas.

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19 de noviembre 2013 , 10:48 a.m.

Obedeciendo a órdenes vaticanas, la Iglesia Católica colombiana empezó a impartir una lista de medidas con las que se busca evitar casos de abusos sexuales a niños por parte de sus sacerdotes.
Se trata de una serie de decretos, producto de una asamblea plenaria de obispos realizada en junio pasado –con instrucciones de la Santa Sede que surgieron desde el pontificado de Benedicto XVI- que ya están siendo implementados en varias jurisdicciones eclesiásticas del país. Las primeras son las diócesis de Ibagué y Espinal (Tolima), Tunja (Boyacá) y Girardota (Antioquia) pero las demás se irán sumando paulatinamente.

En general, estas medidas prometen que habrá tolerancia cero con los sacerdotes involucrados en casos de pederastia. Según monseñor José Daniel Falla, secretario general de la Conferencia Episcopal, se busca establecer una política integral de protección a los menores de edad para prevenir, investigar y sancionar eventuales delitos sexuales en las instituciones de la Iglesia.

“Subrayo que la Iglesia es la primera institución del país en asumir una política integral en esa materia, pese a que los casos de abusos sean pocos. Espero que esta política sirva de inspiración a otras instancias donde se presentan la mayoría de casos, como familias y colegios”, añadió Falla.

Según estos decretos, se informará expresamente a la víctima o al denunciante sobre su derecho y deber a poner los presuntos hechos delictivos en conocimiento de las autoridades civiles competentes, y la Iglesia apoyará, explícitamente, dicho derecho. Por ningún motivo se intentará disuadir al denunciante, a la presunta víctima o a su familia de denunciar.

“No hay un fuero especial para los sacerdotes. Si delinquen deben asumir, como todos los ciudadanos, su responsabilidad ante la justicia ordinaria”, agregó monseñor Falla. “El espíritu de la norma es de transparencia y de colaboración con las autoridades estatales, respetando obviamente las competencias de cada uno”, sigue este obispo.

De acuerdo con estas instrucciones, no se podrán suscribir acuerdos que exijan confidencialidad, de hechos o personas, a las partes involucradas en acusaciones de abuso sexual de menores de edad por parte de un clérigo y no se darán trámite a acusaciones anónimas. Al sacerdote involucrado y a la víctima se le tratará con compasión y se les brindará asesoría espiritual.

No obstante, la Iglesia no acompañará esos procesos judiciales. “En caso de denuncia de delito sexual contra un menor por parte de un clérigo presentada ante la autoridad civil, toda eventual asesoría jurídica será responsabilidad exclusiva del clérigo acusado. Ni siquiera a título privado el acusado podrá hacer uso de abogados o asesores jurídicos que tengan vínculos laborales con la circunscripción eclesiástica”.

Monseñor Falla aclaró que, jurídicamente, la responsabilidad de responder penal y civilmente por los hechos y sus consecuencias, incluido el eventual resarcimiento de daños, corresponde exclusivamente al clérigo infractor y no a la Iglesia como institución.

Más rigor en la formación sacerdotal

También se fortalecerán los filtros de formación de seminaristas, con el fin de tratar de garantizar su buena conducta durante su ejercicio sacerdotal.

“Se prestará particular cuidado en el proceso de discernimiento vocacional de los candidatos al sacerdocio, al diaconado permanente y a la vida consagrada, sin excluir la posibilidad de análisis psicológicos practicados por profesionales competentes y de recto criterio cristiano. Para ser promovidos a las órdenes sagradas, los candidatos deberán manifestar una clara madurez humana, afectiva y sexual”, dice el documento, en el que se afirma que se profundizará en el conocimiento de la doctrina de la Iglesia sobre la castidad y el celibato.

“Se hará un discernimiento más profundo de los candidatos al ministerio sacerdotal de tal modo que sólo sean promovidos al sacerdocio quienes demuestren una sólida vida de fe y virtudes humanas sólidas. No importa el número o exclusivamente las dotes intelectuales, importa más la calidad humana y espiritual del candidato”, enfatizó monseñor Falla.

Por su parte monseñor Guillermo Orozco, obispo de la diócesis de Girardota –donde ya se acogió esta normatividad- expresó que, en general, la mayoría de servidores de la Iglesia cumple sin tacha su ejercicio. “No faltan hechos que, cometidos por una minoría de miembros del clero, desdibujan y manchan gravemente el rostro de nuestra Iglesia, así como la grandeza y la identidad del ministerio ordenado”, advirtió.

REDACCIÓN VIDA DE HOY

 

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