¿Aída Abella logrará unir a la izquierda? / Análisis

¿Aída Abella logrará unir a la izquierda? / Análisis

Regresó del exilio y ahora es la carta de la UP. Expectativa por la llegada al escenario político.

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18 de noviembre 2013 , 08:44 a.m.

La sorpresiva incursión en el panorama presidencial del 2014 de la exconcejal de Bogotá Aída Abella constituye sin duda uno de los hechos más relevantes para la izquierda colombiana en los últimos años. (Lea también: 'Hacemos un llamado a la izquierda para que hablemos': Abella)

El pasado sábado, durante el V Congreso de la Unión Patriótica (UP), un movimiento político que para muchos estaba prácticamente aniquilado del escenario político nacional, se proclamó el nombre de Abella para competir por la Presidencia de la República el próximo año. (Lea también: La Unión Patriótica presentará listas para Congreso en el 2014)

Abella, quien se había bajado de un avión apenas tres días antes tras permanecer exiliada 18 años en Europa, aceptó el reto en medio del júbilo de los integrantes de una organización política que reestrenará la personería jurídica que el Consejo de Estado le devolvió en junio pasado.

Lo primero que hay que decir es que pese a su prolongada ausencia, la nueva candidata presidencial ha demostrado en las entrevistas que ha dado que está tan enterada del acontecer nacional como si nunca hubiera abandonado el país.

Abella tiene muy clara la importancia para Colombia del proceso de paz, de la reconciliación; el momento histórico de las Farc y las confrontaciones en la izquierda, las cuales, en entrevista con EL TIEMPO, atribuyó a “intereses personales”.

Los diálogos del Gobierno y las Farc en La Habana no escapan de su análisis. Incluso, según ella, fueron una de las razones para su regreso.

La candidata presidencial quiere que la izquierda se meta más de frente con esas conversaciones, a “discutir el tema de la paz de manera directa, sin necesidad de estar todos los días lanzando epítetos por la radio contra el Gobierno”, según ha dicho.

Estas expresiones sobre la paz provienen de una persona que cuenta con toda la legitimidad y la credibilidad para lanzarlas. No hay que olvidar que en 1996, siendo concejal de Bogotá, la ahora candidata presidencial sufrió un ataque con un rocket, en el norte de Bogotá, que la obligó a salir del país.

Abella es una de las pocas sobrevivientes del exterminio de la UP, que además de cobrar la vida de alrededor de 4.000 de sus militantes, se llevó a dos candidatos a la Presidencia: Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo.

Nadie en el país puede poner en duda el prestigio y la credibilidad de Abella para hablar de paz y esto es algo que los líderes de la izquierda deberían capitalizar si quieren constituirse en una fuerza política de peso en las elecciones del 2014.

Otro punto a favor de la aspiración presidencial de la exconcejal de Bogotá es que oxigena a la izquierda colombiana, afectada por los roces entre algunos de sus dirigentes.

Para nadie es un secreto la división de esta tendencia en Colombia, la cual vivió su momento de mayor efervescencia en 2006, cuando la candidatura presidencial de Carlos Gaviria, a nombre del Polo Democrático Alternativo, obtuvo 2’613.157 votos, algo histórico.

Después de eso, la izquierda se ha trenzado en peleas internas entre a2lgunos de sus sectores, en medio de las cuales varios dirigentes como el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, o el líder del Partido Comunista Carlos Lozano han sido marginados del Polo.

Abella es una figura que no está 'contaminada' de ninguna de estas confrontaciones. Ha pasado los últimos 18 años en Europa, lejos de estas fricciones que le han arrebatado a la izquierda una posibilidad real de poder en Colombia.

Además, conserva intacto el sentido contestatario que la caracterizó durante varios años en la actividad política. Expresiones como “nos tienen que devolver 14 curules” a la Unión Patriótica o “necesitamos varios periodos en los que no nos exijan el umbral” son muestra de ello.

Estas manifestaciones demuestran que ella no sería una convidada de piedra al debate electoral que se avecina y vienen a reforzar la presencia de mujeres tan significativas en esa tendencia como la exsenadora Piedad Córdoba y la presidenta y candidata presidencial del Polo, Clara López.

Desde el mismo sábado, Córdoba dijo que estaría dispuesta a "cargarle la maleta" a Abella, en caso de que aspirara por la Presidencia. "Colombia merece vivir en paz; Aída es símbolo de esperanza", dijo la líder de Colombianos por la paz.

Y López, quien tendrá una nueva competidora en su campo, resaltó la importancia de que la UP se esté reorganizando y "salga con decisiones fuertes de participación electoral".

La llegada de Abella matiza además la contienda presidencial, hasta ahora protagonizada por el presidente Juan Manuel Santos, quien seguramente aspirará a cuatro años más en la Casa de Nariño, y el expresidente Álvaro Uribe, quien hace presencia en esa campaña con el candidato Óscar Iván Zuluaga.

Esto porque hasta el momento se había hablado de una tercería solamente en cabeza de la Alianza Verde, la fusión del Partido Verde y Progresistas, y encarnada por el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa o el vocero petrista Antonio Navarro, para quien el panorama ahora no parece sencillo.

Navarro aún no decide si acepta una consulta con Peñalosa para escoger candidato presidencial de la Alianza Verde. Seguramente Navarro aspira a que, de ser candidato en esa elección, algunos sectores de la izquierda lo apoyen. Hay que recordar que el exgobernador de Nariño fue uno de los líderes más visibles del M-19, que tras años en la lucha armada, en 1989 firmó la paz con el gobierno de Virgilio Barco y se convirtió en una fuerza democrática de mucho peso en ese momento.

Todas estas circunstancias hacen que la llegada de Aída Abella a la contienda presidencial no sea un hecho político menor. El reto ahora para la izquierda sería capitalizar el nombre de la exconcejal de Bogotá y unirse en torno a ella si quiere demostrarle al país que las peleas en esta tendencia no son más que titulares de prensa.

JUAN FRANCISCO VALBUENA G.
REDACCIÓN POLÍTICA

 

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