'Eme aquí' por la paz

'Eme aquí' por la paz

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17 de noviembre 2013 , 07:55 p.m.

Llovía a cantaros. El campamento estaba convertido en un lodazal amarillento, que se adhería a todo cuanto tocaba. La noche anterior, después de haber sobrevivido a las aguas tormentosas de una quebrada desbordada y de celebrar con lechona y aguardiente tolimense los avances en las conversaciones entre el gobierno del presidente Virgilio Barco (representado en la voz de Rafael Pardo, consejero de paz) y Carlos Pizarro, entonces comandante del M19, nos acostamos convencidos de que el tiempo de la paz había llegado.

Según nos enteramos por los canales regulares de entonces, recuerdo, se acordó con el Gobierno Nacional concentrar a la guerrilla del M19 en un punto de la geografía denominado Santo Domingo, en jurisdicción del municipio de Tacueyó (Cauca), con plenas garantías y mecanismos de verificación de no agresión, y, adicionalmente, se acordó designar a un grupo de voceros (integrantes del M19 sin procesos judiciales ni condenas) a fin de realizar contactos para impulsar las Mesas de Diálogos por la Paz y apoyo ciudadano al proceso, mientras avanzaban las conversaciones y acuerdos para el fin de la guerra con el M19.

Aún sin reponerme del cobre del guayabo solemne del Tapa Roja, bebiendo un café cerrero, debajo de una carpa de plástico negro por donde chorreaba el agua lluvia, que no se daba tregua, pausadamente, como acostumbraba a hablar Carlos Pizarro cuando de persuadir se trataba, me hizo un recuento sobre lo conversado con el Gobierno y, finalmente, con una palmada en el hombro, sonriendo, me dijo: “Viejo Tico, prepara la ropa de civil para que llegue de avanzada a Santo Domingo y luego salgas como uno de los voceros del proceso, si decides aceptarlo”, y prorrumpió en una carcajada.

Quedé petrificado. Salir a “poner la cara” desarmado, en un país devorado por todas las formas imaginables de violencia, sin duda era caminar con los ojos abiertos rumbo a la muerte. Creo que le pregunté si era una orden o una sugerencia. No recibí respuesta y caminé lleno de incertidumbre por la orden o sugerencia que había recibido de Pizarro. Acomodé el fusil en una horqueta al lado del amarre de la hamaca y, acostado, escuché atento el sonido de la lluvia que golpeaba el plástico del cambuche. Sentí miedo y, como poco se acostumbra en un escenario de guerra, me quedé dormido. Soñé que charlaba con varios amigos que habían perdido la vida durante los años de la guerra. En el sueño, ‘Pompo Jacquin’, con su voz de caribe impenitente, me dijo: “Brother, por la paz hasta la vida misma”. Desperté, me dirigí al “puesto de la comandancia” y, después del rigor del saludo militar, solicité permiso para la hora de partida hacia Santo Domingo. “No importa lo que suceda, la paz no tiene marcha atrás”, me dijo Pizarro.

Estos recuerdo, atropellados, se me vienen a la cabeza al escuchar los anuncios, tanto en la voz del Gobierno Nacional como de los voceros de la guerrilla de la Farc, sobre el ciclo de “participación política”, en los diálogos para el final de la guerra que se realizan en La Habana: circunscripciones especiales, garantías para la oposición, acceso a los medios de comunicación, ampliación de la participación ciudadana, entre otros anuncios, constituyen indicios hacia el fin de la guerra con la guerrilla ‘fariana’.

Como siempre, es muy probable que, cuanto más se aproxime el fin de la guerra, más alto será el bochinche de quienes hacen culto a la muerte y a la violencia. Vendrán incertidumbres. Lo inteligente: acelerar el nuevo tiempo de la paz. ‘Eme aquí’ por la paz, dispuesto a morir de amor.

Héctor Pineda S.
ticopineda@hotmail.com

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