Violencia por 'fronteras invisibles' no da tregua en Cali

Violencia por 'fronteras invisibles' no da tregua en Cali

La Policía ha identificado 'fronteras invisibles' en barrios como Marroquín, El Vergel y Petecuy.

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16 de noviembre 2013 , 11:31 p. m.

Aunque le advirtieron que no volviera a caminar por La Florida, un asentamiento del oriente de Cali, Eliana Mosquera, vendedora ambulante, se atrevió a regresar. Quienes la conocieron creen que fueron más grandes las ganas de trabajar que el miedo.

Y así, trabajando, fue que la encontró el hombre que le disparó por la espalda cuando ella pasaba vendiendo, de puerta en puerta, una mañana de agosto.

Los cinco disparos fueron la sentencia por cruzar una de las llamadas ‘fronteras invisibles’. El ataque se podría deber a que un allegado suyo tenía problemas con una pandilla y se había esfumado. Ahora ella figura entre los más de 280 muertos que ya pesan en el listado de víctimas de este año por cuenta de enfrentamientos que delimitan territorios en una docena de las 22 comunas de la capital del Valle del Cauca.

Pero no son solo líos de pandillas los que marcan territorios donde compiten los ‘Urabeños’ y los ‘Rastrojos’, que suenan más que las Farc en esta encrucijada donde la mezcla con narcotráfico se vuelve mortal. “El problema radica en que muchos de estos jóvenes provienen de hogares disfuncionales. Solo está la mamá o en muy raros casos el papá, quienes no están pendientes de lo que están haciendo sus hijos ni de sus compañías”, dice el comandante de la Policía Metropolitana de Cali, el coronel Hoover Penilla, al señalar que a diario hay entre 6 y 10 capturas de jóvenes.

La Policía ha identificado ‘fronteras invisibles’ en barrios como Marroquín, El Vergel, Petecuy I, II y III; Alfonso Bonilla Aragón, Mojica, Manuela Beltrán, Las Orquídeas, Comuneros I, El Diamante y El Vallado, en el distrito de Aguablanca, formado por tres comunas y donde en un solo sector hay 16 pandillas. Las laderas de Siloé y Terrón Colorado no se escapan a este cuadro.

‘Los sardi’, ‘Cinta Larga’, ‘Petecuy III’, ‘Los Langostinos’, ‘La Tatabrera’, ‘Los lecheros’, ‘Los calvos’, ‘La U’ y ‘La calle del humo’ figuran en las listas de grupos que azotan los barrios. Por las calles del Alfonso Bonilla todavía comentan el crimen de una estudiante que iba a cumplir 15 años cuando le dispararon, al igual que a su novio, que salió herido.

El secretario de Gobierno, Carlos José Holguín, señala el microtráfico como el causante. Por su parte, el arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve, les pide a las autoridades que busquen mecanismos para reducir la demanda de armas y exige más control en el abastecimiento de este mercado.

“La campaña permanente del desarme, frente al horripilante nivel de violencia armada y el desbordamiento de crímenes contra la vida humana, se convierte en un imperativo moral indiscutible, que la ciudadanía civilizada debe exigirle al Estado y a las brigadas militares”.

Por su parte, la Personería indica que en cuatro años, en Cali se pasó de 103 pandillas a 134 con 2.134 integrantes de edades comprendidas entre los 14 y los 25 años. Para el personero municipal, Andrés Santamaría, urge un plan de desmovilización y reinserción a través del cual se puedan crear programas sociales con jóvenes en riesgo, hacia el sistema educativo y oportunidades laborales.

Cada año surgen siete nuevas bandas que imponen sus ‘leyes’ en una violencia por la cual han caído niños, amas de casa, empleados, vendedores, ebanistas y hasta un militar de la Armada preparado para el conflicto armado, pero que no pudo esquivar las balas en el oriente caleño. Es la historia de Diego Angulo Riascos, de 26 años, emboscado por una banda que domina el sector 5 en Potrero Grande. El militar había pedido permiso en la Armada para visitar a una prima en el sector 4.

‘La ciudad no está haciendo la tarea en atención’: Personero

Las amenazas también las han sentido funcionarios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), amedrentados a la hora de ejecutar programas dirigidos a los menores, denunció Harley Murillo, director regional. Andrés Santamaría, personero de Cali, reconoció, por su parte, que “la ciudad no está haciendo la tarea; los jóvenes que pertenecen a pandillas requieren una mayor atención”, dijo. La Policía caleña recibe 14.000 millones de pesos anuales para operar, pero, según ese organismo, necesita cuatro veces más. Este año se ha atendido a 4.719 niños.

Piden más inversión

“El problema no es poner más policías”, coinciden las concejalas Clementina Vélez y Patricia Molina, quienes piden más inversión social. La secretaria de Bienestar Social, Mayra Mosquera, responde que este año la asignación fue de 11.365 millones de pesos y hay más de 4.000 menores que se han beneficiado de los programas sociales.

REDACCIÓN CALI

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