Una veta y la sombra de la mafia dividen a los amos de las esmeraldas

Una veta y la sombra de la mafia dividen a los amos de las esmeraldas

Tregua está en riesgo por llegada de un narco, regreso de un extraditable y debilidad en el sector.

notitle
16 de noviembre 2013 , 11:09 p.m.

Pedro Simón Rincón, el único hijo del nuevo ‘zar de las esmeraldas’ Pedro Nel Rincón Castillo, ‘Pedro Orejas’, tiene parte de su rostro destruido. La granada de mano que un sujeto lanzó hace una semana contra su padre, en Pauna (Boyacá), mientras celebraban las fiestas campesinas, también le dejó varias esquirlas en una pierna; el jueves le amputaron un pie. De nada sirvió la reacción de los 35 escoltas que los acompañaban y que mataron al atacante con sus fusiles. (Lea también: Dos 'patrones' hablan de la tensión en la zona)

Y aunque el parte médico es optimista, en el occidente de Boyacá temen que si su salud empeora el país va a presenciar una nueva guerra entre esmeralderos, similar a la que dejó cientos de muertos en los años 90. (Atentado a 'Pedro Orejas' revive el fantasma de la 'guerra verde')

“Si ese chino se nos muere, aquí va a haber una tragedia”, le anunció a EL TIEMPO un confidente de ‘Orejas’ y de otros poderosos esmeralderos, quien aseguró que detrás de este atentado está la mafia y una pelea por el dominio de una franja de montaña bautizada Consorcio, de la que han arrancado piedras de hasta 3.000 millones de pesos. La veta está en la mitad de dos grandes explotaciones: Cunas, manejada por los Carranza, y La Pita, de la familia de ‘Orejas’. ('No podemos dejar que la región sea un caos por tres personas').

Víctor Carranza, el otrora hombre fuerte de las esmeraldas, había ordenado que la gran veta fuera cerrada después de detectar saqueos millonarios. Pero tras su muerte, hace siete meses, y luego de un almuerzo en la casa de monseñor Héctor Gutiérrez Pabón, garante de la paz verde desde hace 22 años, sus socios decidieron reabrirla.

Según un video, representantes de los Rincón, los Murcia, los Cañón, los Molina, Diosdé González y los herederos del viejo ‘zar’, que en ese momento agonizaba, firmaron un acta de compromiso para explotar conjuntamente la veta. Le dejaron la operación a un tercero, a cambio de la mitad de la producción. Un 20 por ciento iría para el grupo de Carranza; otro 20, para Pedro ‘Orejas’ y el 10 por ciento restante, para inversión social en la región. 

Pero el acuerdo quedó hecho trizas hace cuatro meses, cuando hombres fuertemente armados entraron a la mina desde la zona de ‘Orejas’. Al tiempo, varias de las haciendas de Carranza, especialmente en los Llanos, empezaron a ser ocupadas a la fuerza; y uno de sus socios, Libardo Ortegón, y su abogado de confianza, Óscar Casas, fueron asesinados en Bogotá. En el mundo de las esmeraldas es claro que los enemigos del otrora mandamás de la región se están aprovechando de la debilidad de Holman Carranza, su heredero.

Y el ambiente se enrareció aún más con la reaparición de un fantasma que desde hace mucho tiempo ha rondado la zona esmeraldera: los narcotraficantes.

En la región se habla de la llegada de un hombre al que llaman el ‘Sinaloa’ o el ‘Picudo’ y del regreso al país del extraditado José María Ortiz Pinilla, ‘Chepe’, otrora socio de ‘Orejas’ y de Diosdé González en la mina La Pita.

Informes de inteligencia señalan que ‘Sinaloa’ es un narco de Boyacá llamado Reinel, que le está lavando dinero a un capo mexicano conocido como el ‘Pariente’, así como a mafiosos del Valle. Para el blanqueo, están pagando hasta 200 millones de pesos por piedras que no valen ni la mitad.

Precisamente, una de las pistas del atentado a ‘Orejas’ que las autoridades siguen es que el hombre de la granada era de Roldanillo (Valle), vivía en Palmira y se había trasladado a Chiquinquirá (Boyacá) hacía apenas 20 días. Además, que la moto que usó en el ataque era robada y la Policía ya tiene indicios de quiénes lo estuvieron protegiendo en la región en los últimos días.

Sobre ‘Chepe’, fuentes de Estados Unidos le confirmaron a EL TIEMPO que quedó en libertad el 28 de mayo, que lo han vuelto a ver por la zona esmeraldera y que vive en el mismo edificio en el que habita un funcionario de alto nivel del Gobierno.

Sin embargo, después del atentado, ‘Orejas’ aseguró que “quienes se la pasaban con capos” eran el esmeraldero Jesús Hernando Sánchez (el gran socio de Carranza) y la familia Molina. Y que los Murcia y los Cañón estaban detrás suyo. De hecho, acusó a Sánchez de ser testaferro de Julio Lozano Pirateque, preso en Estado Unidos y señalado por las autoridades de ser uno de los jefes de uno de los más grandes narcotraficantes del país: Daniel, el ‘Loco’ Barrera, también extraditado.

Cruce de cartas

Al igual que ‘Orejas’, Sánchez fue víctima de sicarios. En octubre del 2012 recibió nueve balazos y perdió un ojo y un riñón. El pistolero resultó herido y murió horas después del ataque. Las autoridades tienen evidencia de que le habían ofrecido 500 millones de pesos por eliminar al esmeraldero y la gente de Carranza dice en voz baja que ‘Orejas’ fue el responsable de ese atentado. (Lea las cartas que se han cruzado los esmeralderos de Boyacá).

“Pongo las manos al fuego por todos ellos. Llevo dos décadas buscando la paz y han cumplido cabalmente. No son unos pícaros ni unos asaltacaminos, sino empresarios con hijos y con familia que no quieren guerra”, aseguró monseñor Gutiérrez, quien fue obispo de Chiquinquirá.

No obstante, la tensión en la zona llegó a tal nivel que en junio los Murcia y los Cañón le enviaron a ‘Orejas’ una propuesta de diálogo que incluía como garante al Gobierno de Noruega.

“Deben estar presentes las personas con que tenemos controversias y serias divergencias”, escribieron Maximiliano Cañón y los hermanos Óscar y Luis Murcia, el ‘Pequinés’.

Hace 48 días, ‘Orejas’ les contestó, con otra misiva, en la que aceptó sentarse a dialogar. Pero sus cartas aún reposan en el escritorio de monseñor Gutiérrez, en Engativá (Bogotá), porque nadie fue a recogerlas.

“Ha habido al menos seis cumbres de paz con los señores Rincón y después siempre hay muertos. Ya no les creemos”, dice uno de los antiguos lugartenientes de Víctor Carranza.

Luego vino la granada que hirió en la pierna izquierda a ‘Orejas’, desfiguró a su hijo, mató a un bebé de 8 meses (nieto de Alirio Murcia, familiar del ‘Pequinés’) y dejó en cuidados intensivos a la paz de la región.

A la buena de Dios

Después del atentado a ‘Orejas’, el Gobierno ordenó incrementar la presencia de la fuerza pública en Pauna y en otros cuatro municipios. Y los lugareños esperan que, esta vez, el Estado llegue para quedarse y que traiga inversión.

A pesar de la riqueza natural de la zona, la miseria de pueblos como Maripí (feudo de las familias Rincón y Triana) es extrema. Los campesinos viven en las mismas condiciones en que lo hacían sus abuelos hace un siglo, rodeados por las mansiones de sus patrones, que se desplazan en camionetas blindadas con ejércitos privados armados de fusil.

El sueño de ‘enguacarse’ (encontrar una gema de gran valor) cada vez es menor, debido a la tecnificación de las minas. Lo único que se ve son largas filas en las goteras de las vetas, no para pedir trabajo, sino para que los señores les regalen un balde de tierra que las máquinas ya han esculcado y que de vez en cuando contienen una ‘morraya’ o esmeralda de poco valor.

En contraste, los amos de las minas sacan las esmeraldas en helicóptero, prácticamente sin control estatal.

El abandono también se ve en la infraestructura de la región. La carretera que de Chiquinquirá –la ‘capital’ del occidente de Boyacá– lleva a la zona esmeraldera es una trocha, a pesar de que en varios informes oficiales aparece pavimentada en su totalidad.

Muzo, el pueblo más grande de la región y el que recibe más regalías por las esmeraldas, aún no tiene agua potable y sufrió dos años sin el puente que lo comunicaba con Chiquinquirá, destruido por una creciente. Los militares tuvieron que instalar una estructura metálica para evitar que el río siguiera llevándose los carros.

Pero nadie se atreve a cuestionar el manejo que se les da a los recursos, porque la mayor parte de la clase dirigente lleva los apellidos de los patrones o llegaron al cargo con su guiño.

En los próximos días, con la mediación de la Iglesia católica, se intentará recomponer la paz con una nueva cumbre. Pero pocos le apuestan a ese intento, porque los amos de las esmeraldas, al menos en sus declaraciones, parecerían estar más en pie de guerra que en son de paz.

EL TIEMPO consultó a los Ministerios del Interior y de Defensa sobre la situación, pero no hubo pronunciamientos de fondo.

MARTHA ELVIRA SOTO FRANCO Y JHON TORRES MARTÍNEZ
Editores de EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.