Dos amores fundaron dos ciudades

Dos amores fundaron dos ciudades

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16 de noviembre 2013 , 07:48 p.m.

El evangelio nos presenta a un grupo de personas que estaban ponderando la belleza y la solidez del templo de Jerusalén reconstruido por Herodes, cuando de repente Jesús les advierte y profetiza que llegará el día en que no quedará piedra sobre piedra de todo aquello que estaban admirando (Lc. 21,5). La predicción se cumplió bien pronto porque en el año 70 el emperador romano Tito destruyó el templo y solo nos quedó como recuerdo el muro de los lamentos.

Veinte siglos después, el papa emérito Benedicto XVI visitó otro templo, el de la Sagrada Familia en Barcelona, ícono de una catedral moderna concebida por el genial siervo de Dios, Antonio Gaudí. La Sagrada Familia es un compendio de símbolos cristianos como la fachada del Nacimiento, en la que se relata a través de temas de la naturaleza y de figuras humanas el nacimiento de Jesús y algunas escenas de su infancia. Gaudí “sacó los retablos afuera para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo”, afirmó el Pontífice.

Estos dos templos representan, a mi modo de ver, las estructuras que integran nuestra sociedad. La primera construcción es apoteósica, pero cimentada en el poder humano; la segunda, en cambio, está fundamentada en Dios. San Agustín lo expresa magistralmente en su obra, ‘De Civitate Dei’ de la siguiente forma: “Dos amores han dado origen a dos ciudades; el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la tierra; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. La primera se gloría en sí misma; la segunda se gloría en el Señor”.

Actualmente se ponderan diversas “estructuras familiares” que pretenden socavar el sagrado templo familiar constituido por el hombre, la mujer y los hijos y nos ofrecen modelos alternativos que tratan de organizar la educación, la procreación, el trabajo e incluso el deceso al margen del núcleo familiar. Se encuentran fervientes admiradores de estos templos modernistas construidos sobre arena, de los cuales no quedará piedra sobre piedra, pero aquellos que se mantengan firmes en la fidelidad conyugal, los que sean generosos en la transmisión de la vida y confíen en la fuerza renovadora del amor, conseguirán el triunfo y el consuelo de haber perseverado en el amor que procede de Dios.

La familia constituye el patrimonio de la humanidad, es uno de los tesoros más importantes del género humano; ella es escuela de fe y humanismo, palestra de valores y virtudes; en el hogar se nace y se muere. La familia es insustituible para lograr el progreso y la serenidad personal.

Los problemas sociales de adaptación, violencia, alcoholismo, secuestro que estamos sufriendo nacen de la crisis familiar que estamos padeciendo, allí está el origen de los trastornos psicológicos y conductuales. Construir sobre roca significa apostar por la familia como camino seguro para lograr la renovación de nuestros pueblos, auténticos templos de fe y humanismo.

José Manuel Otaolaurruchi, L. C.
Twitter.com/jmotaolaurruchi

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