Un crimen perfecto

Un crimen perfecto

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16 de noviembre 2013 , 07:47 p.m.

Lo más grave de lo ocurrido tras la noticia sobre el plan para asesinar a Álvaro Uribe es la absoluta desconfianza en las instituciones. Uribistas, santistas y neutrales no se creyeron la información o buscaron razones oscuras del Gobierno para revelarla. Algo ocurre en el país para llegar a tal grado de incredulidad de todos hacia todos.

En ese río turbulento y dividido pescan las Farc, que sí están unidas en torno al Secretariado, así tengan diferencias puntuales. Pensar que el ‘Paisa’ es una rueda suelta es desconocer a ese sanguinario personaje y su importancia dentro de la organización.

Le sigo la pista desde el 2001, cuando el secuestro masivo del edificio Miraflores. Después del Caguán reclutó a los mejores guerrilleros para cuidar a parte de la cúpula, al tiempo que seguía ejerciendo un poder casi que absoluto en amplias áreas del Huila y Caquetá. En esa etapa, las autoridades tenían una foto suya equivocada, lo que lo divertía mucho.

Fue el cerebro de El Nogal, lo planeó y siguió paso a paso su ejecución. El Secretariado negó entonces la autoría de las Farc y durante varias semanas los tontos útiles de siempre nos tildaron de ultraderecha a quienes sostuvimos que eran ellos los únicos responsables del carro bomba.

Se resistían a creer que las Farc son los criminales que son. (Igual que con los diputados de Cali. Debió venir una comisión forense extranjera porque los mismos tontos útiles juraban que Medicina Legal manipularía las autopsias. No querían aceptar que las Farc cometieron la masacre.)

Si ‘Tirofijo’ y sus muchachos hubiesen rechazado de verdad el atentado del club bogotano, y no solo de mentiras, el ‘Paisa’ estaría degradado o muerto. No solo no lo castigaron, sino que siguió contando con el respaldo inequívoco de sus mandos. Incluso lo enviaron a ayudar a otros frentes, como cuando el Sexto, del norte del Cauca, pasó por una época de crisis por la arremetida militar y el ‘Paisa’ fue a reforzarlos.

Al margen de los incontables atentados que ha cometido en su región, tiene estudiantes universitarios en Bogotá a los que paga las carreras para que le hagan vueltas. No recurre a bandas delictivas para sus atentados, le gusta estar encima y llevarlos a cabo con su propia gente.

Es cierto que vive creyendo que lo rodean sapos y manda matar a los suyos ante la menor sospecha, lo que se está convirtiendo en su mayor debilidad. Más de un guerrillero quiere deshacerse de él, igual que los campesinos de sus áreas de influencia porque les aumentó las ‘vacunas’ y cada día es más cruel con los civiles.

Tiene en el ‘Argentino’, de dicha nacionalidad, a uno de sus lugartenientes favoritos. Neutralizarlo sería un golpe moral para el ‘Paisa’. En Puerto Amor saben dónde se esconde.

Matar a Uribe entra en los planes de las Farc, puesto que supondría quitarse al único crítico del proceso de paz que tiene pueblo. Sin él, el Centro Democrático se diluiría en disputas internas y en liderazgos desdibujados. Las Farc tendrían el camino libre para su constituyente y completa impunidad.

Hay un factor adicional que la gente parece olvidar: las Farc no están sentadas en La Habana por votos o argumentos, sino por matones. Solo a golpe de asesinato, secuestro, extorsión, minas, tatucos y demás es como les regalaron una negociación de tú a tú con el Gobierno.

Matar está en su esencia y matar a un enemigo como Uribe, antes que una torpeza, es una obligación para ellos.

Salud Hernández-Mora

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