El riesgo mortal de las estéticas de 'garaje'

El riesgo mortal de las estéticas de 'garaje'

Expertos advierten sobre los peligros de caer en manos inexpertas. Secuelas permanentes y fatales.

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16 de noviembre 2013 , 04:59 p.m.

La muerte de Briceida González el pasado 1 de noviembre por un procedimiento estético para rellenar sus glúteos y llevado a cabo en un apartamento del barrio El Tunal, de Bogotá, puso de nuevo en evidencia el peligro implícito que tienen estas prácticas en manos y lugares inapropiados. (Lea también: Mujer muere tras una cirugía clandestina en un apartamento).

La inyección de materiales en diferentes partes del cuerpo para compensar déficit, ganar volumen o corregir asimetrías es cada vez más popular en el mundo, y Colombia no es ajena a ello. Solo en Estados Unidos, según datos de la FDA (agencia estadounidense de medicamentos y alimentos, por su sigla en inglés), el crecimiento anual de este fenómeno, hecho de manera legítima por profesionales, es del 128 por ciento.

Esta tendencia está empujando a muchas personas a someterse a intervenciones a cualquier costo. Pero, como afirma el cirujano plástico Gustavo Adolfo Hincapié, de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, “estas inyecciones no son procedimientos menores y deben ser realizadas en las máximas condiciones de higiene y por las manos más expertas”.

Las autoridades sanitarias y las agencias regulatorias del mundo han certificado una serie de materiales recomendados por su seguridad para rellenar faltantes ocasionados por la constitución genética o por la edad. Son la misma grasa, los biopolímeros y otros elementos desarrollados a partir de complejos procedimientos biotecnológicos, que son seguros si los ejecutan manos expertas. “Es importante hacer énfasis en que no existe ningún material de relleno en grandes volúmenes que sea completamente seguro, diferente de la grasa de cada persona”, reitera Hincapié.

Pero la demanda creciente de tales procedimientos no solo estimula la práctica empírica, sino el uso de otros elementos y sustancias, como productos industriales (tipos de aceites) o inorgánicos, que representan un altísimo riesgo, que empeora en manos sin entrenamiento.

Este fue el caso de Briceida, que se convirtió en un llamado de alerta para todos.

Malos desenlaces

Estas son algunas de las principales secuelas de la aplicación de sustancias extrañas.

1. Embolia

Por su composición química y sus características físicas, los materiales de relleno en grandes volúmenes son densos. Cuando se aplican se requieren instrumentos cortantes y de gran diámetro, que al introducirse en el cuerpo lesionan de manera directa los tejidos por donde pasan: piel, grasa, ligamentos y músculos. También puede haber ruptura o desgarro de vasos sanguíneos grandes. Al aplicar la sustancia, cualquiera que sea, esta puede pasar a la sangre, a través de los vasos rotos. Todo material extraño que viaja por la sangre se llama émbolo; de allí que el cuadro se conozca como embolia.

2. Lesiones por ignorancia

Cuando se invade el cuerpo es necesario saber de anatomía. Si no se tiene el conocimiento, se corre el riesgo de complicaciones como la ruptura de un filete nervioso, que puede afectar la sensibilidad del cuerpo; romper un músculo que afectará el movimiento, o hacer un corte que no sigue líneas anatómicas y genera deformidades o cicatrices irreversibles.

3. Infecciones

Todo procedimiento invasivo tiene el riesgo de introducir microorganismos en el área afectada. De ahí que las más estrictas normas de asepsia y antisepsia deben ser aplicadas antes, durante y después de la operación. Estas normas requieren elementos e insumos necesarios, con materiales estériles para trabajar en lugares habilitados para tal fin. Se pueden presentar infecciones locales que pueden cronificarse, fascitis (inflamación de tejido fibroso), destrucción y muerte de tejidos. Estas infecciones pueden propagarse y ocasionar circulación de bacterias en la sangre, shock séptico y muerte.

No vaya a lugares inapropiados

La cirujana plástica Lina Triana recomienda:

Verificar que el sitio escogido esté habilitado por la Secretaría de Salud.

Todo cirujano plástico debe ser médico titulado y tener la especialidad en cirugía plástica, ofrecida por un programa universitario aprobado.

Comprobar que el cirujano esté acreditado por la Secretaría Seccional de Salud.

Desconfiar de procedimientos a precios muy económicos, o de materiales de muy bajo costo (el ácido hialurónico, por ejemplo, es costoso).

Verificar la calidad de los materiales y que estén aprobados por el Invima.

Deben ofrecerle un plan quirúrgico personalizado, riguroso, en el cual se determinen los riesgos del procedimiento.

REDACCIÓN VIDA DE HOY

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