Fiebre de compras baratas en Venezuela comienza a mermar inventarios

Fiebre de compras baratas en Venezuela comienza a mermar inventarios

La gran mayoría de venezolanos se preocupan sobre si podrán conseguir algo tras el arrase.

14 de noviembre 2013 , 05:12 p.m.

El carrito Corsa casi ni aguantaba la carga. La señora Cinthia Iguarán, empleada del Metro de Caracas, junto a su primo y una amiga lograron finalmente armar el rompecabezas y guardar en el vehículo el televisor Samsung Led de 32 pulgadas, un Blu-Ray, un equipo de sonido, un ensamble de reproductor con dos cornetas, una plancha, una batidora y una cafetera que acababan de comprar en una conocida tienda de electrodomésticos de Chacao, en Caracas. Todo por menos de 30.000 bolívares (4.762 dólares al precio oficial, 500 dólares al precio “paralelo”).

Su felicidad no podía ser más evidente. “Si no hubiese sido por estas medidas del gobierno nunca hubiéramos podido comprar estas cosas, porque con lo que gano no me alcanza, la verdad es que sí vale la pena”, dice tras contarle a EL TIEMPO que llegó el día anterior a la 1 de la tarde para anotarse en una lista. La fila avanzó lento y a las cinco de la tarde cerraron la tienda por lo que llegó al día siguiente a las 8 de la mañana. El guardia nacional que tenía la lista llamaba por nombre y apellido y los presentes mostraban su cédula de identidad: entonces tenían el visto bueno de entrar a la tienda, cuyos productos tienen rebajas que oscilan entre el 20% y el 50% del precio marcado la semana pasada.

Por lo menos hasta el mediodía esa tienda caraqueña todavía tenía productos, por eso la gente esperaba con calma. Sin embargo, la estampa no se repetía en las otras tiendas de electrodomésticos de la avenida Francisco de Miranda, donde la gente azuzaba a los guardias para que los dejaran entrar antes de que se acabaran las cosas, especialmente los televisores “pantalla plana”, que se han convertido en emblema –y principal objeto del deseo- de la ofensiva del gobierno en lo que ha llamado “guerra económica” y en la que espera establecer “precios justos”.

La señora Yasmina Villarreal se llevó uno de los últimos “plasma” que quedaban en otra tienda cercana. Es costurera y se mostró contenta de que “por fin pude hacer algo con mis ahorritos”. Mucha gente le preguntaba cuanto le costó el televisor -14.000 bolívares, 2.222 dólares oficiales- y la felicitaban mientras junto con otra amiga buscaba un autobús que la llevara de vuelta a su casa.

En otras tiendas de la zona estos televisores se acabaron casi el primer día, lo mismo que impresoras, cocinas y los modelos más baratos de lavadoras y secadoras. Mientras los compradores siguen ávidos de compra, los comerciantes se preguntan por el futuro. “Nosotros nunca usamos dólares oficiales, le compramos a distribuidores en bolívares y vendemos en bolívares, por lo que todo esto ha representado una gran pérdida”, dice la encargada de una tienda Samsung en el concurrido centro comercial Sambil. “Lo que no sabemos es qué vamos a hacer en diciembre, ya solo nos quedan estas siete neveras por vender. El distribuidor no nos atiende y es lógico, no atienden a nadie, deben estar tratando de componer su propia situación”.

La fruición se extendió también a otros productos, como los zapatos y artículos deportivos. Tanto en el Sambil como en el centro Millenium, también en Caracas, decenas de mujeres hacían entre 30 minutos y dos horas de fila para entrar a las tiendas Aldo, que decidió bajar unilateralmente los precios en sus zapaterías y tiendas de accesorios hasta un 60%.

“Aún no nos han fiscalizado (el gobierno), pero la orden de los jefes fue bajar toda la mercancía”, dijo un encargado que abría y bajaba las puertas del local para controlar la entrada. A su lado, quedaban solo los vestigios de lo que hace tres días era una exhibición fashionista: los parales de los zapatos caídos con los precios regados en el suelo.

Lo mismo ocurrió, por ejemplo, en las tiendas Adidas, donde la mercancía fue rebajada en un 30% para deleite de cientos de consumidores que, sin embargo, se preocupaban porque los últimos modelos de zapatos para correr y chaquetas ya se habían vendido. “Aun así voy a entrar a ver qué compro, es mi marca favorita”, dijo un muchacho con incipiente bigote.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
CARACAS

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