Extractos de una charla con Jairo Varela, el culpable del Grupo Niche

Extractos de una charla con Jairo Varela, el culpable del Grupo Niche

EL TIEMPO presenta apartes del libro 'Que todo el mundo te cante' de Umberto Valverde.

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12 de noviembre 2013 , 07:51 p.m.

¿A qué aspiraba tu madre que fueras cuando te hicieras hombre?

¡Músico! Desde el comienzo ella vio mis aptitudes. A los 8 años me regaló una guitarra con el poco dinero que había. Imagínate, hizo el esfuerzo de su vida para darme ese regalo.

Las conversaciones que hemos tenido siempre se remiten a dos personas: tu abuelo Eladio Martínez, quien fue el primer empresario negro, y tu madre, doña Teresa Martínez de Varela, escritora y poeta. ¿Por qué no nos hablas un poco de esa relación contigo y la huella que van dejando en ti?

Tuvieron una incidencia determinante en mi carrera musical. Sobre todo, mi madre, que siempre creyó en mí y como era una mujer dedicada al arte, pues tenía la confianza de que algo podía pasar conmigo. Mi abuelo indudablemente era un gran guitarrista, una persona que no lo hizo profesionalmente, pero tenía en la sangre un enorme deseo de superación. Era un hombre de mucha fe, de mucho sentimiento, y yo creo que eso se transmite genéticamente. Aparte del talento, él trataba de aprovechar todos los recursos posibles, pues vivió en sitios muy alejados de cualquier civilización; recuerdo que había unos trapiches donde se hacía panela y nos tocaba ir en vacaciones a laborar allá, para colaborar con la familia. Ciertamente, era una persona inquieta. Vivía en una localidad que se llama Sautatá, cerca de la desembocadura del río Atrato. Ellos fundaron los primeros ingenios y él aprendió mecánica, ebanistería y guitarra. Tenía un temperamento fuerte, serio y pensante. Creía en Dios inmensamente. Se rezaba el rosario a las siete todas las noches; de lo contrario, nos daba rejo.

Tu mamá era una intelectual, poeta y novelista, una persona avanzada para su época. Creía en tu talento. A los 8 años te regala una guitarra y a esa misma edad conformas el grupo La Timba. ¿Coincide lo de la guitarra y el grupo La Timba? ¿Cómo fue eso?

La Timba fue primero. Nosotros acostumbrábamos desde muy pequeños a acompañar las comparsas de las niñas. Es tan difícil hablar en el 2010 de lo que uno vivió; ha pasado mucha agua por debajo del puente y realmente la manera como uno se crió es muy distinta a la de ahora. Más sanamente. Salíamos a recoger para los dulces en los recreos y era una manera especial y bonita de ir casa por casa y hacer una demostración: las niñas, de bailar muy bien, y nosotros, de tocar muy bien. Desde ese momento fuimos adquiriendo cierta responsabilidad de hacer las cosas bien.

Ese grupo, que estaba armado por dulzaina, bongó, maracas, güiro, cómo funcionaba en términos sonoros.

Nosotros interpretábamos temas que gustaban como La múcura; en el Chocó tenemos mucha influencia de la música y de la comida del Caribe. Entonces, lo que escuchábamos siempre tratábamos de plasmarlo a nuestra manera y creo que nos iba bien porque la gente nos aplaudía bastante.

¿Esa escuela del padre español Isaac Rodríguez que creó en Quibdó cómo se reflejó en ti? Tú no hiciste parte de ella porque estabas enfermo. No podías ir a la escuela, ¿no?

Yo tuve una suerte grande. La casa mía quedaba al frente de la catedral san Francisco de Asís en Quibdó. Yo era un niño enfermo, pues nací con una infección estomacal. Hasta los 9 años me mantuvieron en la casa con una cotona; entonces me la pasaba en el balcón y allí escuchaba los cánticos que el padre Rodríguez les enseñaba a los muchachos y, por eso, mi inspiración tiene mucho de gregoriano; eso se quedó en la memoria.

¿Cuál es el tema o cantante que más recuerdas de lo que escuchabas en tu infancia?

Muchos de la Sonora Matancera: Celia, Nelson Pinedo, Leo Marini, Vicentico Valdés y Cortijo, el Negro bembón, la época de 'Con la punta del pie'; siempre que me encuentro con el maestro Rafael Ithier lo molesto con todas esas cosas porque aprendimos a bailar y también nos apasionaban las melodías de Ismael Rivera.

De todas maneras, tus características las recoges también en Nueva York, desde la salsa de Nueva York. ¿A ti te gusta esa sonoridad?

Sí, claro. La salsa de Nueva York es de la calle; de pronto la que se hace en Puerto Rico es más estructurada, pero la de Nueva York es callejera y me identifico más con esos patrones rítmico-musicales. Ahora que regresó Cuba a lo popular con la timba cubana y la trova cubana, es importante desde todo punto de vista.

¿Pero el sonido Niche qué es? ¿Cuáles son los instrumentos que tú manejas para que se produzca el sonido Niche?

Se ha logrado una identidad. Explicarlo es difícil. El formato de las canciones es mío; siempre uno tiene como una línea. Decir "voy a sonar así", no lo creo; se ha dado con el tiempo; tampoco es una cuestión rutinaria, porque la música en este momento se alimenta de muchas cosas: la electrónica musical de la computación en la música, pero sigue el alma por dentro, que es lo que genera la idea central para que tenga una sonoridad especial y se parezca a lo que uno proyecta.

¿Cómo te sientes frente a todo este recorrido que has hecho para la música colombiana?

Hay una cosa muy importante en mí: no me he dejado reemplazar y para eso hay que luchar, hay que investigar, hay que estar al pie del cañón, como se dice. Y una cosa, que la digo humildemente: es fundamental la idea. Hay muchos músicos, ideas, muy pocas. Ahí es donde se puede establecer una diferencia en el trabajo que han desarrollado este servidor y el Grupo Niche.

¿A los cuántos años grabaste tus primeros sencillos, las canciones ‘Difícil’ y ‘Atrato viejo’?

Es necesario ilustrar a la gente que desconoce la geografía del Chocó, para que entienda este tema, asumido hoy como himno en mi departamento. Habría que saber de la existencia de los farallones del Citará, donde nace el río Atrato y saber del alma de estos lugares. Una vez llegué a Puerto Martínez, después de 12 horas de canoa, solamente para vender tres huevos y no me los compraron. Yo viví eso. El tema retrata esa imposibilidad de uno como hombre de asistir al derrumbe de una región y una raza sin poder hacer nada.

El tema dice más o menos: (Varela nos canta): “Ancho y cauteloso pasas, lento en tu viaje retratas, el dolor que injusto llevas, poco a poco hasta el mar. Y pensar que todo quieres como yo y cambiarlo todo quieres, sé también. Un día, esa vez mi Atrato, sin querer te he sorprendido, caudaloso, en un recodo, tristes tus aguas vi y paraste en tu camino, viste el sino, con tus propios ojos ver cómo el destino, si tu madre en una montaña, busca el cielo y verá, por qué tú, por qué no yo, hijos del mismo Citará y pensar que tu pasado fue mejor de caciques, de mi tierra su portal, hoy todavía, se tiñen aguas claras sin par, cientos y más como el Negua, como las del Bevarama, como son, cautivador pasas de nuevo, como el sol. Volverán las golondrinas a posar en tu hábitat y en verbenas voladores, compás de cueros y tambores, rugir en los Farallones, de ti somos tus nuevos cañones y poder cantar de orgullo, gritar que soy aguajero, señores, yo soy atrateño”.

¿Retomaste algunos aires de estos en la nueva canción ‘Mi pueblo natal’?

Una vez iba para el Chocó con mi hermano Enrique, a quien prácticamente le debo todo lo que soy; él murió hace dos años, y más allá del Carmen de Atrato, desde el cual se ve la llanura selvática y se alcanza a divisar Quibdó, me vino a la mente esta composición: “A lo lejos se ve mi pueblo natal, no veo la santa hora de estar allá. Se vienen a mi mente bellos recuerdos de infancia alegre, que yo nunca olvidaré, luces de espermas que al fondo se divisan titilantes, igual que estrellas en el cielo y el ruido incesante del viejo trapiche, sustento eterno de todos mis abuelos”.

Después entra un estribillo que dice: “Ya vamos llegando, me estoy acercando, no puedo evitar que los ojos se me agüen...”.

¿De alguna manera has sido un poeta como tu madre?

Yo no sé lo que es un poeta. Si ser poeta es tratar de darle verbo a la frase o, de pronto, adornar una metáfora, a lo mejor lo soy. Ella sí es una poeta, porque es profunda en su manera de escribir y conoce mucho de los dioses de Grecia y de Roma, para ser más lírica y romántica. Esto es una cosa que la generación actual desconoce.

Quiero precisar la fundación del Grupo Niche. Me has dicho en varias conversaciones que fue con el LP ‘Al pasito’, que sale en el 79, pero que en ese momento el Grupo Niche no estaba constituido. ¿El sencillo que viene después, el de ‘Las flores también se mueren’ y el de ‘Primero y qué’, de Álvaro del Castillo, en qué año se publica, en el 80?

En el 80; lo que pasa es que nosotros no éramos una orquesta constituida, sino que a mí me dieron la posibilidad de grabar e hicimos un disco; en esa época 'Al pasito' tenía un mensaje muy regional y no tuvo mayor trascendencia. Posteriormente llegó Amparito, una niña de Cúcuta, y nos dijo. “Ustedes no tienen derecho a grabar sino en 45 revoluciones”, entonces ahí fue cuando hicimos 'Primero y qué' y 'Las flores también se mueren'. A raíz de eso nos llamó Codiscos, pero nosotros no tocábamos en ninguna parte. Ahí fue cuando hicimos 'Buenaventura y caney' y prácticamente eso nos obligó a armar la orquesta; ahí fue la primera oferta de Estados Unidos, que nosotros ni lo creíamos, y en 1981, el 20 de junio, viajamos por primera vez a ese país. Yo creo que ahí profesionalmente se construyó el Grupo Niche. Luego vinimos aquí a Cali casi caminando con Alexis; llegamos en medio del sol, pusimos el disquito y fue cogiendo fuerza.

UMBERTO VALVERDE
Especial para EL TIEMPO

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